El expresidente Álvaro Uribe Vélez fue confrontado por ciudadanos en Colombia y Argentina con reclamos relacionados con los casos de falsos positivos

 

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En una escena que encendió de nuevo el debate nacional e internacional sobre la memoria histórica de Colombia, el expresidente Álvaro Uribe Vélez fue objeto de fuertes reclamos públicos relacionados con los llamados “falsos positivos” —ejecuciones extrajudiciales de civiles presentados como bajas de combate— justo en un contexto de alta polarización política y a pocas semanas de las elecciones presidenciales de 2026.

En distintos puntos, incluso en el exterior, voces ciudadanas lo confrontaron con preguntas que centran el debate histórico de Colombia:

«¿Dónde están los falsos positivos? ¿Dónde están? ¿Dónde están tus falsos positivos?» —gritaban los manifestantes, exigiendo justicia por las miles de víctimas que reconoce la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que documenta al menos 6.

402 casos entre 2002 y 2008 durante los mandatos de Uribe.

En el aeropuerto internacional de Buenos Aires, Argentina, donde fue increpado en eventos previos, se repitió la tensión.

Según registros de escenas anteriores, al ser abordado por ciudadanos —en presencia del abogado y político Abelardo de la Espriella, quien lo acompaña en la campaña electoral— Uribe intentó mantener la compostura: «Soy capaz de discutir con él sin insultarlo… A ustedes les han creado una opinión falsa de la realidad, querido amigo», respondió ante una pregunta sobre sus políticas de seguridad.

 

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Los reclamos en contra del exmandatario, lejos de ser aislados, forman parte de un fenómeno de descontento que trasciende fronteras y que se mezcla con el debate presidencial.

La campaña 2026 ha colocado a figuras como de la Espriella —un abogado y empresario que ha emergido como uno de los candidatos con más intención de voto según encuestas recientes, representando un ala de la derecha conservadora y nacionalista— en un papel central.

De la Espriella, conocido entre sus simpatizantes como “El Tigre”, ha buscado capitalizar este clima político.

En discursos y publicaciones en redes sociales, ha insistido en construir una narrativa que rechace las interpretaciones legales adversas a Uribe y que sitúe al expresidente como símbolo de resistencia contra lo que él llama una “persecución política”.

En julio de 2025, el abogado publicó un video llamando a una marcha en defensa de Uribe —«Debemos salir a las calles… Uribe inocente»—, argumentando que el proceso contra él “no es jurídico sino un montaje político”.

 

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Sin embargo, esta defensa no ha silenciado a los críticos.

Las protestas ciudadanas se expresan con consignas que evocan reclamos de justicia histórica y memoria para las víctimas de falsos positivos:

“Asesino”, “Paramilitar”, “Mentiroso”, fueron algunas de las expresiones repetidas durante diversos encuentros públicos, reflejando la profunda herida del conflicto armado colombiano y la exigencia de responsabilidades reales por los crímenes cometidos.

Las acusaciones se centran en que bajo la política de “Seguridad Democrática”, implementada durante los gobiernos de Uribe, existió presión institucional para mostrar resultados contra grupos armados, lo que —según registros judiciales y de organismos de paz— facilitó un ambiente donde sectores del Ejército cometieron ejecuciones extrajudiciales de jóvenes, muchos provenientes de estratos bajos, para presentar falsos resultados de combate.

En medio de estas tensiones, la figura de Uribe sigue siendo polémica y divisiva.

Mientras una parte de la ciudadanía y organizaciones de derechos humanos exigen esclarecimiento y responsabilidades penales, otra parte de la sociedad respalda su legado de seguridad y orden.

La crítica política también ha llegado desde sectores de izquierda, que señalan estos hechos como uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente del país.

 

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El contexto preelectoral intensifica estos debates.

A menos de dos meses de la primera vuelta del 31 de mayo, la derecha colombiana experimenta fracturas internas: de la Espriella compite con discursos propios que buscan diferenciarse del uribismo tradicional, mientras figuras como Paloma Valencia y otros líderes conservadores disputan el espacio político para enfrentar a las fuerzas del Pacto Histórico, partido del actual presidente Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda, quienes también han mantenido una confrontación pública con Uribe sobre temas de memoria, justicia y paramilitarismo político.

El eco de los gritos contra Uribe y quienes lo acompañan no es solo un reclamo puntual, sino una manifestación de una sociedad que sigue buscando respuestas y responsabilidades, incluso décadas después de los hechos.

El impacto de estas tensiones puede definir no solo la campaña presidencial, sino el rumbo político de una Colombia que pugna entre un pasado tumultuoso y el futuro de su democracia.

En este clima convulsionado, la memoria de los falsos positivos no se olvida y se transforma en un elemento central del discurso político, trascendiendo los límites de Colombia y resonando en aquellos lugares donde figuras públicas enfrentan el escrutinio ciudadano y judicial.