🚨 ¡Terror en el Menchfst! El Ejércto Destruye la Fiesta del CNG y Abte a 89 Sc*rios en un Caos Inimaginable
La mecha estaba lista, empapada en combustible, esperando solo una chispa para iluminar la noche de Michoacán con el rostro gigante de Nemesio Oseguera Cervantes, comienza el narrador, estableciendo un ambiente de anticipación extrema.
Una estructura de carrizo y pólvora de más de 20 metros de altura se alzaba sobre la plaza principal como un ídolo pagano, símbolo del poder, la ostentación y la impunidad del crtel Jalisco Nueva Generación (CNG).

Pero la luz que inundó Tinaja de Vargas esa noche no fue la de los fuegos artificiales ni la del festejo desmedido que la cúpula del crtel había preparado para glorificar a su líder, conocido como “El Mench”.
La luz que rompió la oscuridad fue blanca, cegadora y táctica, proveniente de las torretas de los vehículos blindados Sancat, que en una maniobra de asfixia perfecta bloquearon de forma simultánea las cuatro salidas del pueblo.
Lo que segundos antes era la euforia del Menchfst, con bandas de viento tocando corridos a todo volumen y alcohol fluyendo sin control, se transformó en una ratonera mortal.
No hubo tiempo para negociaciones ni para una huida estratégica.
El ejérc*to mexicano y la Guardia Nac*onal no llegaron a disuadir: llegaron a romper el núcleo mismo de la celebración criminal.
El pánico tiene un sonido particular cuando se mezcla con la música de banda y el tableteo de las amtrlladoras.
En la plaza, abarrotada por cientos de asistentes, puestos de feria, juegos mecánicos y familias enteras, el caos se apoderó de cada metro cuadrado.
Los anillos de seguridad del crtel, formados por **sc*rios** de élite que minutos antes presumían armas bañadas en oro y chalecos tácticos nuevos, cometieron el error fatal.
Al verse acorralados entre los puestos de comida, los juegos y el muro de contención federal, abrieron feg indiscriminado, intentando crear una brecha de escape usando a los civiles como cobertura.
Fue una decisión suicida.
La respuesta federal fue inmediata y devastadora, un martillo cayendo sin piedad sobre el yunque.

El enfntmiento no ocurrió en brechas lejanas ni en cerros solitarios.
Ocurrió ahí, en la plaza, entre el olor a pólvora, algodón de azúcar y sngr.
Los 89 scrios que cayeron esa noche no murieron en un combate ordenado.
Murieron en una desbandada de terror, disparando mientras corrían, tropezando con hieleras, cayendo bajo el fuego cruzado que ellos mismos provocaron.
El monumental castillo pirotécnico con el rostro del Mench*, que jamás llegó a encenderse, quedó como testigo mudo de la masacre.
Esa estructura, diseñada para representar impunidad y control territorial, terminó siendo la lápida simbólica bajo la cual quedaron tendidos casi un centenar de operadores del c*rtel.
Tinaja de Vargas, bastión histórico del crmn organizado en la frontera con Jalisco, vio cómo su fiesta narco se convertía en el mayor cementerio del año en cuestión de minutos.
El CNG se sentía tan dueño del territorio, tan seguro de su red de halcones y de la crrpión local, que se atrevió a organizar un festival masivo en una zona en disputa.
Habían montado un escenario digno de un concierto nacional.
Trajeron grupos musicales reconocidos y convocaron a jefes de plaza de toda la región.
Sin embargo, la intlgnca mlt*r jugó en silencio.
No hubo filtraciones ni pitazos.

El despliegue se realizó con disciplina absoluta: tropas avanzando a pie por zonas boscosas y blindados moviéndose con luces apagadas hasta el último segundo.
Cuando los asistentes comprendieron que estaban rodeados, cada salida ya tenía un fus*l apuntando.
El primer choque se dio en el sector norte, donde estaba la escolta de los jefes regionales.
Camionetas blindadas tipo “monstruo” intentaron romper el cerco, pero fueron neutralizadas con disparos de precisión al motor y a los neumáticos, convirtiéndose en ataúdes de acero.
Al quedar inmovilizados, los scrios descendieron e intentaron parapetarse detrás de puestos y juegos mecánicos.
La presencia de civiles volvió el escenario crítico, pero los protocolos federales se ejecutaron con frialdad quirúrgica: identificar amenaza, neutralizar amenaza.
La superioridad del ejércto fue abrumadora.
No solo por calibre, sino por coordinación.
Mientras la Guardia Naconal contenía el frente, escuadrones flanqueaban por callejones, empujando a los criminales hacia el centro de la plaza, reduciendo su margen de maniobra metro a metro.
Cuando el último dspro cesó, la escena era dantesca.
Casquillos, vidrios, cerveza derramada y charcos de sngr.
Entre los 89 ab*tidos se identificaron jefes de célula y lugartenientes clave.
La cúpula local había sido desmantelada en una sola noche.

Se aseguraron más de 100 armas largas, vehículos blindados y de lujo.
Pero el golpe más fuerte fue simbólico: el mito de invencibilidad del C*NG quedó destrozado.
El castillo del Mench*, intacto pero apagado, se convirtió en la metáfora perfecta.
Una promesa de fuego que nunca se encendió.
La población amaneció con un pueblo convertido en zona de grr.
El miedo persiste, pero es distinto.
Ya no solo es miedo al c*rtel, sino al momento en que el Estado decide actuar.
La fiesta eterna terminó.
Y en Tinaja de Vargas, quedó claro que la música puede apagarse en segundos.