
Laura Rivas construyó una carrera extraordinaria dentro del mundo de lo paranormal.
Como investigadora y médium del programa Extranormal de TV Azteca, se convirtió en una figura central durante once temporadas, fungiendo como un puente entre el equipo de producción y aquello que, según muchos, habitaba más allá de nuestra realidad.
Mientras las cámaras grababan fenómenos inexplicables, Laura absorbía el peso invisible de cada investigación.
Uno de los episodios más recordados ocurrió en 2010, durante una exploración nocturna en el Panteón de Dolores, el cementerio más grande de la Ciudad de México.
Aquella noche, entre tumbas y pasillos interminables, el equipo reportó llantos de un niño que se repetían una y otra vez.
Laura utilizó un dispositivo de radiofrecuencia para intentar establecer contacto.
Pasaron casi tres horas en la oscuridad absoluta hasta que el aparato captó un sonido inquietante.
No apareció nada visible, pero el hallazgo de un ritual de brujería cambió por completo la atmósfera.
Cuando preguntaron al velador si en el lugar se practicaba magia negra, Laura se desplomó.
Más tarde describiría una presión tan intensa que la obligó a perder el conocimiento.
Su cuerpo reaccionó de forma alarmante: sus gestos, su voz y su expresión cambiaron, como si algo más hubiera tomado el control.
Sus compañeros, paralizados, recurrieron a oraciones y a una medalla de San Benito para protegerla.
Al despertar, Laura no recordaba nada.
Aquella noche confirmó algo que muchos ya sospechaban: su sensibilidad la hacía especialmente vulnerable.
Pero lo peor aún estaba por llegar.
Años después, Extranormal investigó el infame caso del Ermitaño de la Cañada del Lobo, Nicolás López, un hombre ciego que vivía aislado en las montañas de San Luis Potosí.
Según la leyenda, su ceguera no era natural, sino producto de brujería.

Desde el inicio, el camino estuvo plagado de obstáculos: sonidos inexplicables, corrientes de agua que parecían moverse solas y una sensación constante de ser observados.
Laura no pudo avanzar.
Exhausta, aseguró que las brujas de la montaña estaban bloqueando su paso.
Dijo sentir el alma rota, el cuerpo seco y una tristeza profunda.
Finalmente, el equipo logró entrevistar al ermitaño, quien resultó ser un hombre lúcido, articulado y sorprendentemente consciente de las fuerzas que lo rodeaban.
Habló de espíritus, almas ahogadas, duendes y entidades oscuras.
Y lanzó una advertencia directa: Laura estaba en peligro.
Según el ermitaño, una energía oscura se había adherido a ella tras investigaciones anteriores.
Describió a la entidad como una figura negra, con forma humana y cabeza de cabra.
Poco después, las cámaras captaron sombras imposibles, neblinas densas y, en una de las escenas más perturbadoras del programa, un rostro demoníaco con ojos brillantes apareciendo brevemente frente al lente.
Meses más tarde, Laura insistió en regresar a la Cañada del Lobo.
Creía que su alma había sido fragmentada y robada.
Con un cuchillo consagrado, realizó un ritual en plena noche, enfrentando aquello que decía rodearla.
Habló en voz alta, rezó, bendijo y ancló energías, declarando que luchaba por recuperar su propia esencia.
Ya no era una investigación: era una guerra espiritual.
Tras estos eventos, Laura se alejó de la televisión.
Sin embargo, reapareció en un live de Instagram que se volvió viral.
Entre lágrimas, pidió ayuda a embajadas, denunció que la estaban silenciando y aseguró que aquello sería lo último que el público escucharía de ella.
Días después, murió.
La noticia conmocionó a seguidores, colegas y escépticos por igual.
De inmediato surgieron teorías: que nunca recuperó su alma, que las energías de la cañada la habían marcado para siempre, que su cuerpo no resistió años de contacto con lo inexplicable.
Otros fueron más lejos, hablando de conspiraciones y silencios forzados.
La familia, sin embargo, ofreció una explicación distinta.
Su hermana Marcela Rivas confirmó que Laura había estado hospitalizada en Guadalajara y que falleció por complicaciones derivadas de úlceras gástricas, agravadas por problemas de salud posteriores a un bypass realizado en 2019.
Para ellos, no hubo posesiones ni maldiciones, solo un cuerpo agotado.
Aun así, las dudas persisten.
Las últimas publicaciones de Laura, cargadas de simbolismo, amor y despedida, siguen alimentando el misterio.
Sus propias palabras resuenan con fuerza: ella absorbía todo, protegía a los demás y nunca tuvo miedo… excepto quizá al final.
Laura Rivas se fue como vivió: caminando en la frontera entre la luz y la oscuridad, dejando tras de sí una historia imposible de olvidar.