De hermanos a extraños: el misterioso final entre Maradona y su hombre de confianza
Durante décadas, la relación entre Diego Armando Maradona y Guillermo Coppola fue sinónimo de confianza absoluta.
Más que representante y jugador, eran inseparables.

Compartieron triunfos, escándalos, fiestas, contratos millonarios y también momentos oscuros.
Coppola no solo manejaba la carrera del astro argentino; era su amigo íntimo, su confidente, el hombre que siempre estaba a su lado cuando el mundo parecía derrumbarse sobre los hombros del “10”.
Todo comenzó en los años 80, cuando Maradona ya era una figura mundial y su carrera exigía a alguien de máxima confianza para manejar sus negocios.
Fue entonces cuando apareció Coppola, un empresario carismático, de sonrisa permanente y modales refinados, que rápidamente se convirtió en una pieza fundamental en la vida del ídolo.
Lo que empezó como una relación profesional se transformó en una amistad profunda, casi fraternal.
Coppola acompañó a Maradona en algunos de los momentos más gloriosos de su vida.

Estuvo cerca de él durante el Mundial de México 86, cuando Argentina se consagró campeona del mundo y el nombre de Maradona quedó grabado para siempre en la historia del fútbol.
También estuvo presente en su etapa en el Napoli, cuando el club italiano alcanzó la gloria y la ciudad entera se rindió a los pies del argentino.
Pero no todo fue celebración.
Coppola también estuvo en los años más difíciles, cuando los problemas con las drogas, los escándalos judiciales y las suspensiones amenazaban con destruir la carrera del astro.
En más de una ocasión, fue él quien organizó estrategias legales, negoció contratos y trató de mantener a flote la imagen pública de Maradona.
Durante años, se los vio juntos en todos lados: en fiestas, conferencias, hoteles de lujo, reuniones con empresarios y hasta en momentos íntimos.
Muchos decían que Coppola era el único capaz de decirle la verdad a Maradona sin miedo a sus reacciones.
Otros aseguraban que el representante tenía una influencia enorme sobre él, tanto en lo profesional como en lo personal.
Sin embargo, el tiempo fue desgastando esa relación.
Tras el retiro de Maradona del fútbol profesional, sus vidas comenzaron a tomar caminos distintos.
Coppola siguió con su carrera empresarial, mientras que Diego atravesaba etapas turbulentas, con problemas de salud, conflictos familiares y cambios constantes en su entorno.
Aun así, la amistad parecía intacta.
Cada vez que se encontraban, las cámaras captaban abrazos, risas y anécdotas del pasado.
Parecía que nada podría romper ese vínculo de décadas.
Hasta que llegó el año 2016.
Ese año, sin previo aviso, Maradona tomó una decisión que dejó a todos en shock.
Según contó el propio Coppola en entrevistas posteriores, recibió una llamada telefónica de Diego que cambiaría todo.
No fue una conversación larga ni emotiva.
Fue fría, directa, casi impersonal.
Maradona le dijo que no quería verlo más, que su relación había terminado y que no había vuelta atrás.
Sin explicaciones profundas, sin discusiones previas.
Solo un corte abrupto, como si de un contrato se tratara, no de una amistad de más de treinta años.
Coppola quedó devastado.
Durante mucho tiempo, evitó hablar del tema públicamente.
Cuando finalmente lo hizo, confesó que nunca entendió del todo los motivos de esa decisión.
Aseguró que no hubo una pelea puntual ni un hecho concreto que justificara el final.
Para él, fue un golpe inesperado.
Con el tiempo, comenzaron a circular versiones sobre lo que había pasado.
Algunas apuntaban al entorno de Maradona, señalando que nuevas personas cercanas al exfutbolista habrían influido en su decisión.
Otras sugerían diferencias económicas o resentimientos acumulados a lo largo de los años.
También se habló de celos, desconfianza y viejas heridas que nunca sanaron por completo.
Maradona, conocido por su carácter explosivo y sus decisiones impulsivas, ya había roto relaciones importantes en el pasado.
Pero esta, por su historia y duración, fue una de las más impactantes.
Coppola, sin embargo, siempre evitó hablar mal de su antiguo amigo.
En distintas entrevistas, aseguró que lo seguía queriendo y que, a pesar de todo, guardaba los mejores recuerdos de los años que compartieron.
“Fue mi hermano”, llegó a decir en más de una ocasión, dejando claro que el cariño no había desaparecido, aunque la relación sí.
Cuando Maradona falleció en noviembre de 2020, Coppola fue una de las figuras que expresó públicamente su dolor.
Sus palabras reflejaron una mezcla de tristeza, nostalgia y una herida que nunca terminó de cerrar.
Dijo que hubiera querido reconciliarse, que siempre esperó una llamada que nunca llegó.
La historia de su amistad terminó sin un abrazo final, sin una conversación de reconciliación, sin un cierre digno de tres décadas de complicidad.
Solo quedó aquella llamada de 2016, seca y definitiva, como una línea trazada entre el pasado y el presente.
Para muchos fanáticos, esa ruptura simboliza el lado más humano y frágil de Maradona.
El genio del fútbol, el ídolo de multitudes, también fue un hombre marcado por conflictos, decisiones abruptas y relaciones intensas que a veces terminaban de forma dolorosa.
Hoy, esa historia sigue generando preguntas.
¿Qué fue lo que realmente pasó en la mente de Maradona? ¿Fue influencia externa, resentimientos ocultos o simplemente una de esas decisiones impulsivas que marcaron su vida?
Quizás la respuesta completa nunca se conozca.
Pero lo que sí es seguro es que una amistad de más de treinta años terminó en cuestión de minutos, con una llamada que cambió todo y dejó una herida imposible de borrar.