🌌🚨 El telescopio James Webb acaba de encontrar galaxias imposibles en el origen del tiempo, y los propios cosmólogos admiten que el modelo del Big Bang podría estar gravemente equivocado

La historia de nuestro Universo podría estar empezando a revelarse - Infobae

El James Webb fue diseñado para observar el amanecer cósmico, la era en la que las primeras estrellas y galaxias comenzaron a formarse lentamente a partir de nubes primordiales de hidrógeno.

Según el modelo cosmológico estándar, ese universo temprano debía ser caótico, tenue, desorganizado.

Pero lo que Webb está revelando es exactamente lo contrario.

En los campos profundos, donde se esperaba ver pequeños destellos débiles, aparecieron objetos hiperluminosos, compactos, masivos y sorprendentemente bien estructurados.

No parecen galaxias jóvenes.

Parecen galaxias adultas.

Y eso es un problema enorme.

Todo comenzó con una pequeña mancha amarillenta en una imagen de campo profundo.

A simple vista no destacaba, pero su brillo era imposible de ignorar.

Los astrónomos pensaron que debía estar más cerca.

Sin embargo, la espectroscopía confirmó lo impensable: su desplazamiento al rojo era extremo.

Esa galaxia existía cuando el universo tenía apenas 290 millones de años.

Según nuestras teorías, en ese momento no debería existir nada así.

No una estructura tan grande, tan brillante y tan organizada.

Era como encontrar una ciudad moderna en plena edad de piedra.

Lo más inquietante es que no estaba sola.

El James Webb encuentra la galaxia más antigua conocida: se formó casi 300  millones de años después del Big Bang

Webb comenzó a revelar decenas, luego cientos de objetos similares.

Un estudio identificó hasta 87 galaxias potenciales formadas entre 200 y 400 millones de años después del Big Bang.

Incluso si solo una fracción de ellas es real, el modelo cosmológico Lambda-CDM entra en crisis directa.

Estas galaxias no encajan en ninguna categoría conocida.

Son demasiado brillantes para su edad, demasiado compactas para su masa y demasiado eficientes formando estrellas.

En el universo actual, solo alrededor del 10% del gas de una galaxia se convierte en estrellas.

Es una regla casi sagrada de la astrofísica.

Pero Webb ha observado objetos primitivos donde parece que el 100% del gas se transformó en estrellas.

Eso, según la física actual, es imposible.

La formación estelar requiere tiempo, enfriamiento, colapso gradual.

Sin embargo, estos objetos parecen haberse encendido de golpe, como si hubieran sido ensamblados por un proceso completamente distinto, uno que no aparece en ningún libro de texto.

Ante esto, algunos científicos han comenzado a plantear una idea inquietante: tal vez no estamos viendo galaxias.

Tal vez estamos observando una clase completamente nueva de objetos cósmicos, vestigios de una fase del universo que desconocemos por completo.

Y el problema no termina ahí.

El James Webb también está observando galaxias situadas más allá de lo que, en teoría, deberíamos poder ver.

Según la relatividad y la expansión del universo, existen regiones que se alejan de nosotros más rápido que la velocidad de la luz.

Su luz nunca debería alcanzarnos.

Sin embargo, Webb las ve.

El Webb descubre seis galaxias que no deberían existir | Telescopios Chile

La explicación estándar dice que el horizonte observable se expande con el tiempo, permitiendo que nuevas regiones entren en nuestro campo de visión.

Pero los nuevos datos empujan esta explicación al límite.

Estamos viendo objetos que, según nuestras ecuaciones, deberían haber quedado permanentemente fuera de alcance.

Esto sugiere que algo falla en nuestra comprensión de la expansión cósmica.

O la relatividad es incompleta.

O la geometría del espacio-tiempo es más compleja de lo que imaginamos.

O el universo primitivo se comportó de una forma radicalmente distinta.

Y entonces surge la hipótesis más perturbadora de todas.

Si las galaxias aparecen demasiado pronto, demasiado organizadas y demasiado maduras, quizá el universo no comenzó como creemos.

Algunos físicos, incluidos ganadores del Premio Nobel, están considerando que el Big Bang no fue el inicio absoluto, sino una transición.

Un cambio de fase de un universo que ya existía.

En esta visión, el universo no nació de una singularidad, sino que pasó por una reorganización extrema.

Webb podría estar mostrando restos fosilizados de una era anterior al Big Bang visible.

Un cosmos más antiguo, más profundo y mucho más extraño.

Si el universo es infinito hoy, tal vez siempre lo fue.

Y si siempre existió de alguna forma, entonces las estructuras que vemos no son anomalías… son pistas.

La revelación más inquietante es esta: los científicos no saben qué son realmente estos objetos.

No siguen las reglas de la formación galáctica.

No encajan en ninguna línea temporal conocida.

No respetan los límites de eficiencia, causalidad ni evolución.

No se trata de pequeños errores que puedan corregirse ajustando parámetros.

Es una acumulación de contradicciones que apuntan en una sola dirección: la historia que contamos sobre el origen del universo está incompleta.

James Webb no solo ha descubierto nuevas galaxias.

Ha puesto en duda el comienzo mismo del cosmos.

Ha demostrado que el universo primitivo no era un bebé torpe aprendiendo a caminar, sino algo sorprendentemente despierto, activo y organizado.

Y cuando un telescopio te muestra objetos que no deberían existir, solo quedan dos opciones: cambiar los datos… o cambiar el universo.

Los datos no cambian.

La física, tal como la conocemos, está en crisis.

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