Luis Alberto Posada rompió su silencio y relató desde la amistad más íntima cómo Yeison Jiménez expresaba temores, intuiciones y reflexiones profundas sobre la vida y la muerte durante años de giras y conversaciones privadas.

Durante años, Luis Alberto Posada evitó hablar en público sobre los momentos más íntimos que compartió con Yeison Jiménez.
Hoy, con una voz serena pero cargada de emoción, el cantante decidió contar una historia que va más allá del escenario y del éxito, una historia de amistad, intuiciones profundas y conversaciones que, con el paso del tiempo, adquirieron un significado inquietante tras el accidente aéreo que puso en riesgo la vida de uno de los artistas más importantes de la música popular colombiana.
“No hablo como cantante ni como figura pública, hablo como amigo”, dice Posada, marcando desde el inicio el tono de su relato.
Su testimonio no busca alimentar versiones ni especulaciones, sino retratar al Yeison Jiménez humano, sensible y consciente del ritmo intenso que llevaba su vida.
Posada recuerda que, incluso antes del accidente, había una sensación difícil de explicar.
“Minutos antes de que Yeison viviera uno de los momentos más delicados de su vida, yo ya tenía un nudo en el pecho.
Los que hemos vivido la música desde adentro sabemos cuando algo no está bien”, confiesa.
No se trataba de miedo escénico ni de nervios comunes, sino de una intuición que se fue construyendo con los años de convivencia.

La relación entre ambos se forjó en giras, camerinos y madrugadas de conversaciones largas.
“Yo conocía a Yeison más allá del escenario.
Compartimos vuelos, hoteles, cansancio y silencios”, relata Posada.
En esos espacios privados, el artista solía hablar de temas que no siempre se dicen en voz alta.
“Él me confesó varias veces que soñaba con accidentes aéreos, que se veía envuelto en una tragedia y que imaginaba cómo la noticia corría por todos lados”, recuerda.
Aunque Yeison lo decía intentando restarle importancia, Posada sentía que no eran palabras lanzadas al azar.
Cada vez que Yeison debía subir a una avioneta, algo cambiaba en él.
“Se ponía más callado, más reflexivo”, dice Posada.
En una ocasión, antes de un viaje, el cantante lo miró fijamente y le dijo: *“Si algún día me pasa algo, que la gente sepa que hice todo con el corazón”*.
Esa frase, asegura, se le quedó clavada para siempre.
El accidente que sacudió al país confirmó que aquellas conversaciones no eran casualidad.
Aunque Yeison logró salir con vida, el impacto emocional fue profundo.
“Entendí que esas palabras venían de una intuición muy fuerte.
Yeison siempre sintió que su vida iba a ser intensa, aunque tal vez no larga”, reflexiona Posada con honestidad.

Más allá del episodio aéreo, el relato se convierte en un retrato de la disciplina casi obsesiva de Jiménez.
“Vivía para cumplirle a su público.
Nunca sabía decir que no”, cuenta.
Días antes del accidente, habían intercambiado mensajes sobre trabajo y proyectos.
“Nada fuera de lo normal, pero con ese tono profundo que él tenía cuando sentía que algo importante estaba en juego”.
Posada describe a Yeison como un artista que jamás fingió.
“No subía al escenario a lucirse, subía a entregarse completo, como si cada presentación pudiera ser la última”.
Esa entrega lo llevó de cantar en bares pequeños y fiestas privadas a llenar escenarios multitudinarios, sin perder la humildad ni el respeto por quienes lo acompañaron desde el inicio.
Recuerda con especial emoción el día en que Yeison llenó el estadio El Campín.
“Nos abrazamos detrás del escenario y, con los ojos aguados, me dijo que todo había valido la pena”.
Sin embargo, detrás del éxito había un hombre agotado, viajando sin parar, pensando siempre en la siguiente canción.
“Me decía que la fama no te hace invencible, que hay miedos que no se van con los aplausos”.

En las noches más largas, hablaban de la vida como dos amigos de siempre.
Posada, desde la experiencia, le insistía en bajar el ritmo.
“Le decía que el cuerpo y el alma también pasan factura”.
Yeison escuchaba con respeto, aunque sentía que aún tenía demasiado por cumplir.
El accidente marcó un antes y un después.
“Cuando la noticia empezó a circular, sentí que el cuerpo se me enfrió”, confiesa Posada.
No solo por el riesgo físico, sino por todo lo que pudo haberse perdido.
“Pensé en su risa, en su manera de llamarme para contarme una idea nueva a las tres de la mañana”.
Para Posada, Yeison Jiménez no es una cifra ni un titular.
Es el joven disciplinado que convirtió historias reales en canciones que acompañan madrugadas, carreteras y jornadas de trabajo duro.
“Tenía el don de transformar la vida real en música”, afirma.
Por eso su voz conecta con tanta gente: porque nunca cantó para impresionar, sino para decir lo que sentía.
Hoy, tras el susto que estremeció a Colombia, Posada se queda con una certeza: Yeison vivió y sigue viviendo fiel a su pasión.
“Nunca supo frenar, nunca bajó el ritmo, porque amaba lo que hacía”.
El accidente dejó una huella imborrable, pero también confirmó la dimensión humana de un artista que canta con el corazón y que, como pocos, entiende que la música es una forma de verdad.