💔 Alejandro Camacho, más de 70 años y una vida marcada por la pérdida: de villano implacable en la pantalla a sobreviviente de amores rotos, cárcel, enfermedad y la muerte de Rebeca Jones

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Alejandro Camacho nació en la Ciudad de México el 11 de julio de 1954, en un hogar donde el arte y la disciplina convivían a diario.

Su padre era escenógrafo de cine; su madre, una empresaria firme y visionaria.

Desde muy joven, Alejandro encontró refugio en los libros, el teatro y la introspección.

Educado por jesuitas, maristas y salesianos, descubrió que el escenario era el único lugar donde el caos interior podía transformarse en orden.

Su vida dio un giro definitivo cuando conoció a Alejandro Jodorowsky.

Bajo su tutela, el joven Camacho se sumergió en un teatro visceral, casi místico.

A los 16 años ya estaba sobre escenarios universitarios, interpretando textos complejos y personajes extremos.

En la UNAM se convirtió en una leyenda del teatro universitario, admirado por su intensidad y su capacidad de habitar personajes rotos.

Pero mientras su talento crecía, su vida personal se fracturaba.

A los 20 años enfrentó una decisión que lo marcaría para siempre.

Su novia universitaria, Bárbara Guillén, quedó embarazada.

Alejandro no quiso casarse.

Era joven, ambicioso, aterrorizado.

Reconoció a su hija, pero se mantuvo distante.

Aquella niña, Mónica —más tarde conocida como la actriz Francesca Guillén— creció con la ausencia de un padre que nunca fue completamente suyo.

Con los años, Camacho admitiría que el miedo le ganó.

Francesca, con una madurez conmovedora, hablaría del temblor que sentía cada vez que lo veía.

Una relación hecha de silencios largos y encuentros incómodos.

Un vínculo que nunca terminó de sanar.

Refugiado en el trabajo, Alejandro se volcó al teatro y al cine.

Becado en Nueva York, pasó por España y regresó a México convertido en un actor sólido, profundo.

El cine de autor lo acogió, pero la industria cambió.

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Las películas serias perdían espacio y la televisión comenzó a llamarlo.

Así entró al mundo de las telenovelas.

Todo cambió en 1986 con Cuna de Lobos.

Su personaje, oscuro y perturbador, lo convirtió en un ícono.

Y junto a él estaba Rebeca Jones.

En la ficción eran una pareja peligrosa.

En la vida real, el vínculo fue aún más intenso.

Se enamoraron tarde, cuando ambos venían de relaciones rotas.

El amor fue tan fuerte como impulsivo.

Se casaron casi sin planearlo, riendo, improvisando, creyendo que nada podía romperlos.

La tragedia llegó pronto.

Rebeca perdió un embarazo de cinco meses.

El dolor los unió, pero también dejó una grieta invisible.

Años después nació su hijo Maximiliano, el centro absoluto de sus vidas.

Alejandro fue un padre amoroso pero complejo, cambiante, obsesivo por momentos, distante en otros.

Así era él: extremo en todo.

Durante más de dos décadas fueron la pareja más respetada del espectáculo mexicano.

Trabajaron juntos, crecieron juntos, discutieron y se reconciliaron mil veces.

Parecían indestructibles.

Pero incluso las uniones más fuertes se desgastan.

En los años 90, un conflicto legal los llevó al abismo.

Una disputa inmobiliaria terminó con Alejandro detenido y llevado al Reclusorio Oriente.

Pasó solo 24 horas preso, pero el golpe fue devastador.

La humillación pública, el miedo, la sensación de injusticia lo marcaron profundamente.

Aunque ganó el caso, el daño ya estaba hecho.

Alejandro Camacho – Wikipédia, a enciclopédia livre

Nadie publicó su absolución con el mismo entusiasmo con el que difundieron su arresto.

Después vino la enfermedad.

En 2005 una cirugía de colon casi le cuesta la vida.

Despertar del quirófano fue, según él, el momento en que comprendió su fragilidad.

Rebeca estuvo a su lado.

Ahí, dijo, entendió qué era el verdadero amor.

Pero ni eso fue suficiente para salvar el matrimonio.

En 2011, tras 26 años juntos, anunciaron su separación.

Sin escándalos, sin gritos.

Solo desgaste.

Rebeca confesó después que había permanecido mucho tiempo por la imagen pública, por lo que representaban juntos.

Cuando se fue, algo se apagó definitivamente.

Años más tarde, un desacuerdo público sobre su salud dejó en evidencia la distancia final.

Ya no compartían nada.

Solo historia.

El 22 de marzo de 2023, Rebeca Jones murió.

Para Alejandro Camacho fue el golpe definitivo.

Perdió a su compañera de vida, a su espejo artístico, a la mujer que definió su adultez.

Desde entonces, su figura se ha vuelto más silenciosa, más contenida.

Ya no hay villanos que interpretar.

Solo recuerdos que pesan.

Hoy, con más de 70 años, Alejandro Camacho no vive en la miseria, pero tampoco en la gloria.

Vive con el peso de una vida intensa, de decisiones que no se pueden deshacer y de amores que marcaron para siempre.

Su historia no es triste solo por lo que perdió, sino por lo que nunca pudo reparar.

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