🌩️🎬 El día en que Jonathan Roumie dejó de actuar y algo eterno tomó el control: la escena de The Chosen donde el ego murió, el set enmudeció y muchos aseguran que el cielo entró en escena

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Jonathan Roumie llevaba años enfrentándose a una pregunta imposible: ¿cómo puede un ser humano interpretar al amor perfecto, a la sabiduría infinita y al sacrificio absoluto sin caer en la caricatura o la actuación vacía? Antes de cada rodaje, repetía una oración que con el tiempo dejó de ser rutina y se convirtió en una convicción radical: “Jesús, me entrego a ti.

Ocúpate de todo”.

No lo decía como actor, sino como alguien que comprendía que para acercarse a ese papel debía desaparecer.

Durante la preparación de la sexta temporada, Roumie comenzó a hablar de algo inquietante: sentía que su estilo interpretativo, su técnica y hasta su personalidad se habían convertido en un obstáculo.

Para encarnar a Cristo, no debía sumar nada, sino vaciarse por completo.

Esa idea tomó forma definitiva una madrugada, solo en su remolque, arrodillado entre el vestuario y el maquillaje.

Rezó con una intensidad distinta: “Dios, no puedo seguir haciendo esto como actor.

Tómame por completo.

Úsame como quieras”.

A partir de ese momento, algo cambió.

El elenco y el equipo lo notaron sin necesidad de explicaciones.

Su mirada tenía una profundidad extraña, difícil de describir.

No era cansancio ni concentración.

Era una presencia serena, casi abrumadora.

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Algunos recordaron las palabras de Gálatas: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”.

Durante semanas, Roumie se sometió a lo que llamó su “campamento de entrenamiento espiritual”.

Un monje benedictino, el padre Michael Santos, fue llevado discretamente al set para acompañarlo.

Las jornadas comenzaban antes del amanecer.

A las cuatro de la mañana, mientras el plató dormía, Roumie oraba en una pequeña iglesia improvisada dentro de un remolque.

Practicaba la lectio divina, no como estudio bíblico, sino como una forma de dejar que las Escrituras lo transformaran desde dentro.

En lugar de repasar el guion entre tomas, se arrodillaba en silencio.

El equipo se acostumbró a verlo rezar detrás de las cámaras, moviendo los labios como si mantuviera una conversación íntima con alguien invisible.

El ingeniero de sonido llegó a contar más de cuarenta ocasiones en las que las oraciones de Roumie duraban más que las escenas grabadas.

El punto de quiebre llegó el 17 de octubre de 2024, durante la filmación de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.

Roumie llegó al set horas antes del llamado oficial.

Aún era de noche cuando se arrodilló bajo los olivos artificiales, llorando en silencio.

Los técnicos que llegaron temprano se detuvieron al verlo.

Nadie se atrevía a hablar en voz alta.

Cuando finalmente se rodó la escena, algo rompió todas las reglas del cine.

Al pronunciar “Padre mío, si es posible, aparta de mí este cáliz”, su voz no sonaba interpretada.

El ingeniero de sonido aseguró después que captó frecuencias que jamás había registrado en dos décadas de carrera.

En la segunda toma, Roumie comenzó a llorar con una intensidad que alarmó al personal médico.

En la tercera, ya no recordaría haber dicho ninguna línea del guion.

La toma duró once minutos.

Nadie se movió.

Cuando el director dijo “Corte”, un silencio absoluto cubrió el plató.

Muchos bajaron la cabeza de forma instintiva.

Algunos lloraban sin saber por qué.

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Varios técnicos afirmaron que las imágenes parecían brillar con una luz imposible de reproducir con equipos profesionales.

Después de ese día, comenzaron los hechos extraños.

Fallos técnicos inexplicables, cámaras digitales apagándose mientras las analógicas seguían grabando, patrones de luz dorada apareciendo en el material editado sin fuente eléctrica visible.

El sonido captó armónicos fuera del rango humano durante las oraciones de Roumie, algo que los especialistas no pudieron justificar.

Pero el cambio más profundo ocurrió en las personas.

Actores veteranos confesaron que ya no podían “actuar” frente a él.

Las lágrimas eran reales.

El temblor en las manos no se podía fingir.

Diseñadores de vestuario decían sentir que vestían a alguien verdaderamente sagrado.

Extras que solo habían ido por trabajo hablaron de encuentros espirituales que marcaron sus vidas.

Cuando la sexta temporada se emitió en junio de 2025, miles de espectadores afirmaron percibir el momento exacto en que la actuación se transformaba en algo distinto.

Críticos, académicos y líderes religiosos coincidieron en algo inusual: The Chosen había cruzado una frontera invisible entre el entretenimiento y lo espiritual.

Jonathan Roumie nunca afirmó que hubiera ocurrido un milagro.

Solo dijo que dejó de actuar.

Y en ese vacío, según muchos, algo más grande decidió entrar en escena.

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