Luis de Llano: Le ROBÓ la Inocencia a Sasha Sokol… Y Ahora Vive en la VERGÜENZA Eterna.

Durante décadas, el nombre de Luis de Llano Macedo estuvo asociado al éxito, al poder y a la construcción de ídolos juveniles en la televisión mexicana.

Quién es Luis de Llano, el productor acusado de abuso por Sasha Sokol? – El  Financiero
Productor influyente, heredero de una de las familias más poderosas del espectáculo y figura clave en el engranaje de Televisa, De Llano fue durante años un hombre intocable.

Sin embargo, esa imagen comenzó a resquebrajarse de manera irreversible a partir de 2022, cuando la cantante Sasha Sokol decidió romper un silencio de más de treinta años y narrar públicamente una historia que había sido normalizada, minimizada y, en muchos casos, deliberadamente ignorada.

 

El detonante fue una entrevista aparentemente inofensiva.

El 6 de marzo de 2022, Luis de Llano participó en un programa de YouTube conducido por Jordi Rosado, donde habló con ligereza de su pasado y, sin mostrar arrepentimiento, reconoció haber tenido una “relación romántica” con Sasha Sokol cuando ella era menor de edad.

Para él, fue una anécdota más.

Para ella, una herida reabierta.

Dos días después, el 8 de marzo, Sasha publicó un extenso testimonio en el que desmontó la versión que durante años había circulado en el medio artístico.

 

En ese mensaje, la exintegrante de Timbiriche fue clara: no se trató de un romance consensuado, sino de una relación marcada por el abuso de poder, la manipulación emocional y una profunda desigualdad.

Sasha tenía 14 años; Luis de Llano, casi 40.

Ella era una adolescente bajo la tutela profesional de un hombre que controlaba su carrera, su entorno laboral y buena parte de su futuro artístico.

Él era productor, jefe, figura de autoridad y adulto con influencia absoluta dentro de un sistema que rara vez cuestionaba a quienes estaban en la cima.

Quién es Luis de Llano Macedo, el productor de Timbiriche denunciado por  Sasha Sökol por abuso | Univision Famosos | Univision

El impacto de su testimonio fue inmediato.

No solo porque provenía de una figura pública querida por varias generaciones, sino porque puso palabras precisas a una experiencia que durante años se había disfrazado de “historia de amor”.

Conceptos como grooming, abuso de poder y violencia sexual contra menores comenzaron a ocupar titulares y debates en un país donde, durante mucho tiempo, estos temas habían sido relegados al silencio o a la minimización.

 

La historia obligó a mirar de frente a una industria que en los años ochenta funcionaba bajo reglas no escritas: obediencia, silencio y lealtad al poder.

Timbiriche no era solo un grupo musical exitoso; era una maquinaria donde niños y adolescentes eran convertidos en productos, sometidos a exigencias extremas y rodeados de adultos que tomaban decisiones por ellos.

En ese contexto, decir “no” no siempre era una opción real, y mucho menos para una menor de edad.

 

Sasha Sokol también habló de las consecuencias que esa experiencia tuvo en su vida adulta.

Alejada prematuramente del grupo, enviada al extranjero para cortar el vínculo, cargó durante años con culpa, confusión y un profundo daño emocional.

Ha relatado públicamente sus luchas con adicciones y trastornos alimenticios, no como escándalo, sino como parte de un proceso de supervivencia frente a un trauma no reconocido en su momento.

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Meses después de su testimonio público, Sasha decidió llevar el caso a los tribunales por la vía civil, interponiendo una demanda por daño moral.

La estrategia fue clara: aunque el delito penal había prescrito por el paso del tiempo, el daño se reactivó cuando Luis de Llano volvió a narrar la historia públicamente sin reconocer la violencia implícita de los hechos.

La demanda no buscaba venganza, sino responsabilidad y reparación.

 

En 2023, un tribunal falló a favor de Sasha Sokol, determinando que las declaraciones públicas del productor constituían una forma de violencia continuada y ordenando, entre otras medidas, una compensación económica, una disculpa pública y la prohibición expresa de volver a referirse a ella en medios de comunicación.

El fallo marcó un punto de quiebre simbólico: por primera vez, un hombre históricamente poderoso era obligado a asumir consecuencias legales por hechos ocurridos décadas atrás.

 

El caso escaló hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en 2025 ratificó la sentencia y estableció un precedente fundamental: el daño derivado del abuso sexual infantil puede generar responsabilidad civil sin límite de tiempo.

El daño no caduca.

La reparación no prescribe.

Esta resolución no solo tuvo un impacto personal para Sasha Sokol, sino que abrió la puerta para que otras víctimas en México puedan exigir justicia, incluso cuando el sistema penal ya no ofrece respuestas.

 

Mientras tanto, la figura de Luis de Llano quedó profundamente erosionada.

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Sin una caída espectacular ni un juicio penal mediático, su sanción ha sido más silenciosa, pero no menos contundente.

Su nombre ya no representa prestigio, sino controversia; su legado artístico quedó inevitablemente ligado a una historia que ya no puede ser borrada ni reinterpretada a conveniencia.

 

Hoy, Sasha Sokol no se define únicamente por lo que denunció.

Continuó con su vida, su carrera y sus proyectos, dejando claro que hablar no la destruyó, sino que le devolvió el control de su propia narrativa.

Su caso se convirtió en un símbolo de algo más amplio: el fin de una era de impunidad sostenida por el silencio y la normalización del abuso.

 

Esta historia no trata solo de dos personas, sino de un sistema que durante años protegió al poderoso y desoyó a las víctimas.

También es una muestra de cómo la memoria, cuando finalmente encuentra voz, puede convertirse en una forma de justicia.

El silencio, esta vez, dejó de proteger al hombre equivocado.

 

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