Oscar 2024 y "La sociedad de la nieve": cómo es el valle de las Lágrimas, el  lugar donde cayó el avión de la tragedia de los Andes (y cuán lejos estaba  de

 

 

 

El 12 de octubre de 1972, un Fairchild FH-227D de la Fuerza Aérea Uruguaya despegó desde Montevideo con destino a Santiago de Chile. A bordo viajaban 45 personas: jugadores de rugby, familiares y tripulación. Lo que debía ser un trayecto rutinario de pocas horas terminó convirtiéndose en una de las historias más estremecedoras del siglo XX.

El comandante Julio César Ferradas, con miles de horas de vuelo, lideraba la operación junto al copiloto Dante Héctor Lagurara, en proceso de entrenamiento. La ruta exigía una maniobra compleja: atravesar la cordillera de los Andes siguiendo un trazado en “U”, debido a las limitaciones de altitud del avión. Las condiciones climáticas obligaron a una escala en Mendoza, pero al día siguiente, el vuelo se reanudó.

Todo parecía bajo control hasta que, en medio de la cordillera, un error de navegación cambió el destino de todos. A las 15:24, el copiloto informó haber alcanzado Curicó y solicitó iniciar el descenso. No era cierto. El avión aún estaba sobre territorio argentino. El viento en contra había alterado los cálculos y nadie en cabina detectó la falla. Minutos después, la aeronave impactó contra la montaña.

El fuselaje se desgarró, las alas se desprendieron y 13 personas murieron en el acto. Los sobrevivientes, aturdidos, heridos y rodeados de nieve a más de 3.500 metros de altura, comenzaron a comprender la magnitud de la tragedia. “Ya hemos pasado Curicó”, alcanzó a decir el copiloto antes de morir, sembrando una falsa esperanza: creían estar cerca de Chile.

La noche cayó con temperaturas extremas. Sin refugio ni recursos, los supervivientes improvisaron un abrigo con los restos del avión. Entre ellos destacaron Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, estudiantes de medicina que asumieron el cuidado de los heridos. “Si no hacemos algo, no vamos a pasar la noche”, repetían.

 

 

Error humano o de la máquina?: por qué se estrelló el avión en la Tragedia  de Los Andes - Infobae

 

 

Mientras tanto, en Uruguay, Argentina y Chile se organizaban operativos de búsqueda. Pero la nieve, la geografía y el color del fuselaje hacían casi imposible su localización. Ocho días después, las autoridades suspendieron oficialmente el rescate. Los supervivientes lo supieron días más tarde gracias a una pequeña radio. “Se presume que no hay sobrevivientes”, escucharon. El silencio que siguió fue devastador.

Aislados, sin comida y debilitados, enfrentaron una decisión imposible. Tras días de debate, optaron por alimentarse de los cuerpos de sus compañeros fallecidos. “Solo tomamos lo que ya se había ido”, diría después Alfredo Delgado. La decisión, marcada por la desesperación, les permitió ganar tiempo.

Pero la montaña aún no había terminado con ellos. El 29 de octubre, una avalancha sepultó parcialmente el fuselaje y mató a ocho más. Entre ellos, el capitán del equipo, Marcelo Pérez. La tragedia parecía no tener fin.

Con el paso de las semanas, quedó claro que nadie vendría. La única opción era salir a buscar ayuda. Tras preparativos rudimentarios, tres jóvenes emprendieron la travesía: Fernando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín. “Si no lo intentamos, moriremos aquí”, dijeron antes de partir el 12 de diciembre.

Tras días de escalada extrema, alcanzaron la cima… solo para descubrir un horizonte infinito de montañas. “Estamos perdidos”, murmuró Canessa. Vizintín regresó para ahorrar provisiones. Parrado y Canessa continuaron durante nueve días más, cruzando valles, nieve y roca.

El 20 de diciembre, finalmente encontraron señales de vida. Frente a un río caudaloso, divisaron a un hombre a caballo: Sergio Catalán. Incapaces de hacerse oír por el ruido del agua, intercambiaron mensajes escritos. Parrado lanzó una piedra con una nota: “Vengo de un avión que se estrelló en las montañas… Por favor, vengan a buscarnos”.

 

 

La historia del accidente aéreo de 1972 en los Andes se ha contado mucho,  pero 'La sociedad de la nieve' ofrece algo más

 

 

Catalán cabalgó durante horas hasta dar aviso. Dos días después, helicópteros llegaron al lugar del accidente. Parrado, desde el aire, guió a los rescatistas. El 22 y 23 de diciembre, 16 sobrevivientes fueron finalmente evacuados.

El mundo habló del “milagro de los Andes”. Pero pronto surgió la pregunta inevitable: ¿cómo sobrevivieron? La respuesta generó controversia, pero también comprensión. La Iglesia Católica consideró que no hubo pecado, sino una decisión en circunstancias extremas.

Las investigaciones concluyeron que el accidente fue causado por un error humano: un descenso prematuro basado en cálculos incorrectos. Sin embargo, aún persisten dudas. ¿Por qué nadie cuestionó los tiempos? ¿Por qué se confió tanto en una estimación errónea?

Más de cinco décadas después, la historia sigue viva. No solo por su tragedia, sino por lo que revela sobre la condición humana. En palabras de Parrado: “Cuando estás allí arriba, no piensas en lo correcto o lo incorrecto. Solo piensas en vivir un día más”.

El vuelo de los Andes no es solo un accidente aéreo. Es una historia sobre límites, decisiones imposibles y la fuerza de sobrevivir cuando todo parece perdido.