Cinco presuntos sicarios de la célula criminal La Empresa fueron capturados en Matías Romero tras un operativo coordinado entre la AEI, la Marina y el Ejército

 

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El 31 de marzo de 2026, Mazatlán fue testigo de uno de los operativos más audaces y contundentes en la historia reciente del combate al crimen organizado en México.

Un grupo de 38 militares, que habían jurado lealtad a la patria y a la defensa de México, fueron arrestados en una operación sin precedentes, acusados de colaborar directamente con el cártel de los Chapitos, la facción de Iván Archivaldo Guzmán Salazar.

Lo que parecía una ciudad tranquila por la mañana, se convirtió en el epicentro de una de las caídas más significativas de la historia del ejército mexicano.

La traición dentro de las filas militares fue descubierta gracias a un trabajo de inteligencia meticuloso.

Las pruebas encontradas en celulares encriptados, armas de uso exclusivo del ejército y un sistema de pagos mensuales, revelaron una estructura perfectamente organizada que operaba dentro de los cuarteles.

“Esos 38 hombres no cometieron un error. Eligieron traicionar a México”, declaró el secretario de la Defensa Nacional, Omar García Harfuch, quien coordinó el operativo desde el centro de mando.

El despliegue de fuerzas fue tan preciso que no dio tiempo a la filtración de información.

A las 11 de la mañana, en simultáneo, los grupos de élite de la policía y fuerzas armadas irrumpieron en tres cuarteles militares y diversas casas de seguridad vinculadas a los traidores.

Lo que se encontró fue alarmante: rifles de asalto, chalecos balísticos, dinero en efectivo y vehículos blindados.

Los detenidos enfrentan cargos de traición a la patria, delincuencia organizada, tráfico de armas y narcotráfico.

 

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Lo más preocupante de este caso no solo es la infiltración dentro de las filas militares, sino la magnitud de la red que operaba desde el interior.

Los militares involucrados no actuaban individualmente, sino que formaban una estructura compleja con roles definidos.

Algunos proporcionaban información crítica sobre los movimientos del ejército, otros protegían cargamentos de droga, y algunos gestionaban el tráfico de armas de guerra.

“No estaban protegiendo a México, estaban protegiendo a los Chapitos”, afirmó un oficial del ejército durante una rueda de prensa.

Mazatlán, un puerto estratégico sobre el Pacífico, se ha convertido en un punto clave para el narcotráfico.

Su ubicación ha hecho de la ciudad un lugar esencial para el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.

Los militares infiltrados sabían de la importancia de controlar las rutas y operaciones en la zona.

Según la información revelada en los cateos, las rutas seguras de tráfico de drogas eran modificadas y adaptadas en tiempo real gracias a la información filtrada desde dentro de las instalaciones militares.

El operativo, que fue diseñado para acabar con esta red de traidores, también pone sobre la mesa una pregunta importante: ¿cómo fue posible que una red tan grande se infiltrara en el ejército sin ser detectada durante tanto tiempo? La respuesta no es sencilla.

La corrupción, los intereses económicos y la falta de control en ciertas áreas del sistema de seguridad del país permitieron que esta red operara durante meses, si no años, sin que nadie sospechara de su existencia.

 

🚨🚨Desmantelan célula criminal de “La Empresa” en Matías Romero, Oaxaca;  responsable de los 4 ejecutados del pasado viernes 👮🏼‍♂️🚓🚓 #Oaxaca de  Juárez, Oax., a 30 de marzo de 2026.-A menos de 48

 

El impacto de esta operación no solo es judicial, sino social.

Las familias de los militares detenidos se enfrentan a la dura realidad de que sus seres queridos traicionaron al país.

La desconfianza hacia las instituciones y la imagen pública del ejército mexicano se han visto gravemente afectadas.

Sin embargo, esta operación también envía un mensaje claro: no hay protección para los traidores, sin importar el rango o el puesto que ocupen.

Omar García Harfuch no dudó en hablar con firmeza sobre el tema: “Quien traicione a México, pagará con todo el peso de la ley”.

Este operativo marca el fin de una era de impunidad y corrupción dentro de las fuerzas armadas y abre la puerta a una nueva etapa en la lucha contra el crimen organizado.

Aunque aún queda mucho por hacer, el golpe asestado a los Chapitos y su red dentro del ejército es un paso importante para recuperar el control y la confianza en las instituciones de seguridad del país.

Con este operativo, las autoridades han demostrado que la lucha contra la corrupción en las fuerzas armadas no tiene vuelta atrás.

El caso de los 38 militares traidores es solo la punta del iceberg, y lo que está por venir podría ser aún más impactante.

 

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