💣 Crisis en la sierra: La lucha de Harfuch contra el narotráfico y el trror de los chap*itos 🌄
El 16 de enero de 2026, el cielo de Sinaloa se tiñó de tensión y pólvora cuando un operativo de fuerzas federales logró desarticular una célula de sicarios fuertemente armados que planeaban ejecutar un ataque coordinado contra integrantes de la facción conocida como La Mayiza.
A las 3 de la madrugada, los militares detectaron un convoy sospechoso de vehículos que se desplazaba por caminos de terracería, lo que desencadenó un enf*rentamiento que duró más de dos horas.

Los sicarios, pertenecientes a la estructura criminal de “El Cabo 27”, abrieron fuego al ser interceptados.
Sin embargo, la respuesta de las fuerzas federales fue rápida y contundente.
Con el apoyo de helicópteros artillados y un despliegue de refuerzos, las autoridades lograron establecer un cerco que impidió la huida de los agresores.
A medida que avanzaba la madrugada, la resistencia de los sicarios fue cediendo ante la superioridad táctica de las fuerzas del Estado.
El saldo del enfrentamiento fue devastador: varios cuerpos de presuntos delincuentes yacían en el área de combate, mientras que otros fueron detenidos con vida.
El arsenal asegurado durante el operativo reflejó el nivel de armamento con el que operan estas células criminales, incluyendo rifles de asalto, ametralladoras y vehículos blindados.
Este operativo no solo evitó una masacre, sino que también desmanteló una am*enaza significativa para la población civil.
La información recabada durante el operativo reveló que el grupo de sicarios había recibido órdenes directas de su estructura de mando para llevar a cabo un ataque de represalia.
Los testimonios preliminares de los detenidos indicaron que estaban armados no solo para el combate, sino también con bidones de combustible destinados a incendiar viviendas y vehículos de las víctimas, maximizando el impacto psicológico del at*aque.

La Secretaría de la Defensa Nacional confirmó el operativo, destacando la coordinación entre el Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y las autoridades civiles.
Sin embargo, el gobernador de Sinaloa evitó proporcionar detalles adicionales, reflejando la delicada situación política en un estado donde el crimen organizado tiene una presencia dominante.
Sinaloa ha sido un campo de batalla en una guerra fratricida entre facciones del cártel, y este conflicto ha transformado radicalmente la vida de los habitantes.
Desde bloqueos carreteros hasta enfrentamientos armados, la población civil ha quedado atrapada en medio del fuego cruzado, viviendo con el constante m*iedo de no saber si regresarán a casa después de una actividad cotidiana.
El operativo del 16 de enero representa una victoria significativa en el esfuerzo por contener la violencia en Sinaloa, pero los críticos advierten que estos operativos puntuales no resuelven el problema de fondo.
La existencia de organizaciones criminales con el poder suficiente para desafiar al Estado persiste, y las condiciones estructurales que permiten el florecimiento del cr*imen organizado siguen intactas.
La respuesta de las facciones criminales a operativos como este suele ser predecible.
Cuando las fuerzas del Estado logran golpes significativos, la facción afectada frecuentemente responde con represalias.
Las alertas fueron emitidas a la población para que extremara precauciones ante la posibilidad de v*iolencia.

A pesar de los desafíos, el operativo del jueves demuestra que el trabajo de inteligencia está dando resultados.
La coordinación entre las diferentes corporaciones de seguridad ha mejorado, y existe la capacidad operativa para neutralizar amenazas específicas.
Sin embargo, la lu*cha está lejos de terminar.
Los habitantes de Sinaloa continúan viviendo atrapados en una guerra que no eligieron.
Mientras algunos encuentran alivio en la intervención de las fuerzas federales, otros temen las represalias que podrían seguir.
El operativo del 16 de enero es un episodio más en una saga de violencia que parece no tener fin, pero también es un recordatorio de que la lucha por la paz y la seguridad en México sigue en pie.