🚨🕳️🔥 El rancho del “Betillo” y lo que apareció bajo tierra sacude silencios incómodos en Michoacán
El 6 de enero de 2026, un operativo coordinado por el grupo táctico de operaciones especiales conocido como los Murciélagos llevó a cabo un cateo en un rancho vinculado a Roberto Cabrera González, alias “El Betillo”.
Este rancho, situado en las afueras de Tierra Caliente, se convirtió en el escenario de un descubrimiento que confirma las sospechas sobre la implicación del Betillo en el crimen organizado, incluyendo su participación en el asesinato del exlíder de autodefensas, Hipólito Mora.
Este relato detalla los eventos que llevaron a este operativo y lo que se encontró en el rancho.

Roberto Cabrera González, conocido como “El Betillo”, fue capturado el 2 de enero de 2026, en Morelia, mientras circulaba armado y en posesión de un arsenal que incluía rifles de asalto y un equipo táctico que simulaba insignias de fuerzas especiales.
Su detención abrió una nueva línea de investigación que llevó a las autoridades a examinar sus propiedades y redes criminales.
El Betillo está directamente vinculado al asesinato de Hipólito Mora, quien fue emboscado y asesinado el 29 de junio de 2023, junto a sus escoltas, por un grupo armado del cártel de los Viagras.
Este evento marcó un punto crítico en la lucha contra el crimen organizado en Michoacán y sentó las bases para la búsqueda de justicia.
La investigación que siguió a la captura de El Betillo reveló la existencia de un rancho que había sido objeto de vigilancia por parte de las autoridades.
Los Murciélagos, tras realizar un análisis exhaustivo de comunicaciones interceptadas y registros de propiedad, decidieron ejecutar un cateo en el rancho.
Equipados con drones de reconocimiento y tecnología de detección, se prepararon para lo que podría ser un hallazgo significativo.
A primera hora de la mañana del 6 de enero, los Murciélagos ingresaron al rancho y encontraron evidencia que confirmaba sus sospechas.
En la casa principal, se aseguraron armas, municiones, chalecos tácticos y cuadernos con anotaciones que documentaban actividades criminales.
Sin embargo, lo más alarmante fueron las excavaciones recientes en el terreno, que indicaban la posible existencia de fosas clandestinas.

Los perros entrenados en detección de restos humanos marcaron tres puntos específicos en el rancho, lo que llevó a las autoridades a iniciar excavaciones forenses.
A medida que avanzaban las investigaciones, se confirmaron los hallazgos de restos humanos en dos de las fosas.
Estos descubrimientos no solo evidencian la brutalidad del crimen organizado en la región, sino que también representan un paso hacia la justicia para las familias de las víctimas.
Las características de los enterramientos sugieren que los cuerpos podrían haber estado allí durante meses, lo que plantea preguntas sobre la cantidad de personas desaparecidas en la región y la necesidad urgente de respuestas para sus familias.
El Betillo no es un líder criminal típico; es un sicario que ascendió en las filas del crimen organizado debido a su disposición para ejecutar órdenes violentas.
Su historia es un reflejo de la realidad en Michoacán, donde muchos jóvenes se ven atrapados en ciclos de violencia y criminalidad, a menudo con pocas opciones para escapar.
Su vinculación con los Viagras y posteriormente con el CJNG ilustra la naturaleza transaccional del crimen organizado en la región.
Las organizaciones criminales a menudo comparten recursos y personal, lo que dificulta la identificación de líderes y la desarticulación de sus operaciones.

La captura de El Betillo y el hallazgo de fosas clandestinas en su rancho no son solo un triunfo para las fuerzas del orden, sino también un recordatorio de la lucha continua contra el crimen organizado en México.
Cada fosa descubierta representa una vida perdida y una familia que busca respuestas.
Las autoridades deben seguir presionando para garantizar que se realicen investigaciones exhaustivas y que se brinde justicia a las víctimas.
El trabajo de los Murciélagos y la presión de las familias buscadoras han llevado a un cambio en los protocolos de investigación, lo que permite una respuesta más efectiva ante la violencia del narcotráfico.
Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer para desmantelar las estructuras criminales que han arraigado en Michoacán.
La historia de El Betillo y el operativo en su rancho es un microcosmos de la lucha más amplia contra el crimen organizado en México.
Cada descubrimiento de fosas clandestinas subraya la necesidad de un enfoque coordinado y proactivo en la lucha contra la violencia.
La justicia para las víctimas y sus familias es fundamental para restaurar la confianza en el Estado y garantizar un futuro más seguro para todos.
Mientras las autoridades continúan su trabajo, la sociedad debe permanecer vigilante y exigir respuestas.
La lucha contra el narcotráfico es un esfuerzo colectivo que requiere la participación de todos.