🔞 ¡IMÁGENES NUNCA VISTAS! El desmayo de un famoso cantante en pleno tributo a Yeison Jiménez hoy.

El 16 de enero de 2026 será recordado como el día en que la música popular colombiana se vistió de luto, pero también como la jornada en la que el Movistar Arena de Bogotá se transformó en un templo de gratitud y melodía.

La capital del país se convirtió hoy en el epicentro de un fenómeno social y cultural sin precedentes, donde miles de almas se congregaron para despedir a Yeison Jiménez, el “Aventurero”, cuya partida en un trágico accidente aéreo ha dejado un vacío imposible de llenar en el firmamento artístico de la nación.

No fue solo el adiós a un cantante; fue el tributo a un hombre que personificó la superación y que, junto a cinco miembros de su equipo de trabajo, emprendió su último viaje hacia la eternidad.

Desde las primeras horas de la mañana, la atmósfera en los alrededores del recinto ya anticipaba una jornada cargada de emociones intensas.

Fanáticos provenientes de todos los rincones de Colombia —desde el Norte de Santander hasta el Huila, y por supuesto desde su natal Manzanares, Caldas— desafiaron el frío de la madrugada bogotana, durmiendo en improvisadas carpas y sobre el asfalto con un único propósito: ser testigos del último acto de presencia de su ídolo.

La devoción de los “Jimenistas”, como él cariñosamente llamaba a sus seguidores, se manifestó en una marea de sombreros, ponchos y bombas blancas que decoraron las largas filas que daban la vuelta al complejo deportivo.

La jornada comenzó bajo un velo de profunda intimidad.

A las 10:00 de la mañana, se llevó a cabo una ceremonia religiosa privada, dirigida por el reconocido Padre Chucho.

En este espacio, reservado estrictamente para familiares, amigos cercanos y colegas de la industria, el dolor se procesó en silencio.

Sonia Restrepo, su esposa, y sus familiares más directos, recibieron el abrazo solidario de quienes compartieron el día a día con el artista.

Fue un momento de oración y reflexión donde se recordó no solo al ídolo de las masas, sino al padre, al esposo y al amigo generoso.

Sin embargo, el carácter público de la figura de Jiménez hizo que esta privacidad fuera apenas el preludio de un homenaje monumental que abriría sus puertas al pueblo que lo hizo grande.

A medida que el reloj avanzaba hacia el mediodía, la tristeza comenzó a transmutar en una extraña forma de celebración: la celebración de un legado.

El Movistar Arena, lugar que Yeison Jiménez llenó en vida con su energía desbordante, empezó a recibir a los fanáticos que, con boleta en mano y el corazón en la garganta, buscaban un lugar para entonar por última vez sus éxitos.

El ingreso se organizó en dos jornadas gratuitas, una decisión que reflejó la voluntad de la familia y los organizadores de permitir que nadie, sin importar su condición económica, se quedara fuera de este último adiós.

La logística, aunque estricta —prohibiendo el alcohol y las velas por seguridad—, no pudo contener el fervor de una multitud que coreaba el nombre de “Yeison” al unísono, haciendo vibrar los cimientos del estadio.

En el escenario, la unión del gremio musical fue absoluta.

Más de 20 artistas de renombre nacional e internacional se dieron cita para rendir un tributo póstumo que quedará marcado en la historia de la televisión y la música.

Figuras de la talla de Pipe Bueno, Paola Jara, Jessi Uribe, Arelys Henao, Luis Alfonso, Jhonny Rivera y Luis Alberto Posada, entre otros, se unieron a una sola voz.

Incluso estrellas de otros géneros, como Silvestre Dangond y Maluma, hicieron presencia para reconocer el impacto de Jiménez en la cultura colombiana.

No fue un concierto común; fue un acto de hermandad.

Muchos de estos artistas recordaron con lágrimas en los ojos cómo Yeison, tras una misa íntima realizada la noche anterior, les inspiró a componer juntos un tema en su memoria, una melodía nacida del dolor pero impulsada por el respeto.

Las historias entre el público eran igualmente conmovedoras.

Julián Ríos, Angi Jiménez y Rocío Rodríguez, cronistas de esta jornada histórica, recogieron testimonios que reflejan la magnitud del artista.

Una seguidora, que había perdido su boleta mientras daba una entrevista, fue compensada por la organización en un gesto que recordó la generosidad que siempre caracterizó al homenajeado.

Otros recordaban con nostalgia el concierto del año pasado en El Campín, comparando aquella gloria con la solemnidad de hoy.

Desde Cúcuta, un seguidor expresaba que la pérdida de Yeison es un golpe directo a la identidad del país: “Era único, un joven que queríamos mucho”.

Esta conexión emocional se debe, en gran medida, a la historia de vida de Jiménez, quien pasó de vender aguacates a ser el máximo referente de su género, demostrando que los sueños, con fe y trabajo, se cumplen.

Uno de los momentos más emotivos del homenaje fue el reconocimiento a su labor como mentor.

Se recordó la historia de una joven artista caleña de 22 años, a quien Yeison “apadrinó” desde que la conoció en un reality show.

Ella, que fue la última en compartir tarima con él en la pasada Feria de Cali, relató cómo el artista siempre le extendió la mano, dándole oportunidades en grandes escenarios que de otro modo habrían sido inalcanzables.

“Él siempre fue muy exigente, pero siempre estuvo ahí”, comentaba con la voz quebrada.

Este patrón de comportamiento —el de ayudar a los que vienen atrás— fue una constante en su carrera y explica por qué hoy sus colegas no solo lloran al cantante, sino al guía que les enseñó sobre la unión en el gremio.

El homenaje estuvo dividido en bloques cronometrados para permitir la rotación del aforo.

A pesar de los cambios en la programación, que inicialmente contemplaba extenderse hasta las 10:00 de la noche y finalmente se ajustó hasta las 8:00 p.m. , la energía no decayó.

Cada vez que sonaba un acorde de canciones como “Aventurero”, “Bendecida” o “El Desmadre”, el público respondía con un grito herido que llegaba “hasta el cielo”, como decían los asistentes.

Las pantallas gigantes mostraban imágenes de su trayectoria, sus risas, sus bromas tras bambalinas y su innegable carisma, reforzando la idea de que Yeison Jiménez no ha muerto, sino que se ha transformado en música.

Este 16 de enero de 2026 marca el fin de una era, pero el inicio de una leyenda.

La partida de Yeison Jiménez y su equipo es una tragedia que enluta al país, pero la respuesta de hoy en el Movistar Arena es la prueba de que su legado está blindado contra el olvido.

Se va el hombre, pero queda el himno de los que luchan, de los que aman y de los que, a pesar de las adversidades, deciden ser “aventureros” en la vida.

Colombia despide a su hijo con la frente en alto, con sombreros al aire y con la certeza de que, mientras suene una de sus canciones en una cantina, en una radio o en el corazón de un seguidor, Yeison Jiménez seguirá cantando.

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