😳 ¡Increíble! El oscuro ase*inato de familiares de Mario Delgado en Colima: ¿qué hay detrás de esta tragedia? 🚨
La madrugada del 31 de enero, en la tranquila colonia Placetas Estadio de Colima, un grupo de hombres ar*ados irrumpió en un hogar, desatando un ata*ue brutal que acabaría con la vida de dos mujeres: María Eugenia Gueña Delgado y su hija Sheila Mescua Delgado.
Las víctimas, tía y prima del titular de la Secretaría de Educación Pública, Mario Delgado, eran conocidas en su comunidad por dedicarse a la elaboración y venta de pasteles y comida desde su domicilio.
Este acto vio*ento no solo ha dejado a una familia destrozada, sino que también ha puesto de relieve la creciente ola de vio*encia que azota al país.

Los primeros reportes indican que el ata*ue ocurrió alrededor de las cinco de la mañana, un momento en que la mayoría de las personas aún se encuentra en un profundo sueño.
Sin embargo, para María Eugenia y Sheila, esa mañana se convirtió en una pesadilla.
Los dis*aros resonaron en la tranquilidad del hogar, y en cuestión de minutos, la vida de estas dos mujeres fue arrebatada de forma vio*enta y cruel.
La noticia se propagó rápidamente, generando consternación y dolor en la comunidad, así como en el ámbito político donde Mario Delgado es una figura prominente.
El diputado federal Felipe Delgado, primo de Mario, confirmó en sus redes sociales que sus familiares eran vendedores de alimentos, lo que añade una capa más de tristeza a esta historia.
No eran figuras públicas en el sentido tradicional, sino mujeres que trabajaban arduamente para ganarse la vida, y su trágica muerte resalta la vulnerabilidad de aquellos que, a pesar de sus esfuerzos, se convierten en víctimas de la vio*encia desmedida.
Las autoridades locales, junto con fuerzas federales, acordonaron la zona inmediatamente después del ata*ue.
La Fiscalía General del Estado de Colima inició una carpeta de investigación para esclarecer los hechos, aunque hasta el momento no se ha informado sobre detenidos ni el posible móvil del doble homi*idio.
Este silencio por parte de las autoridades solo aumenta la angustia de la familia y la comunidad, quienes exigen justicia y respuestas.

La ceremonia fúnebre para las víctimas está programada para el 1 de febrero, un día marcado por la tristeza y el dolor.
La pérdida de María Eugenia y Sheila no solo afecta a su familia, sino que también deja una herida abierta en la comunidad de Colima, que ahora se enfrenta a la realidad de vivir bajo la sombra de la vio*encia.
Este ata*ue no es un evento aislado; es parte de una narrativa más amplia de inse*uridad que afecta a muchas familias en México.
Los comentarios en redes sociales reflejan la indignación y la tristeza de quienes conocían a las víctimas.
La pregunta que surge en la mente de muchos es: ¿por qué? ¿Qué llevó a estos hombres ar*ados a cometer un acto tan atroz? Sin respuestas claras, la comunidad se siente impotente, atrapada en un ciclo de vio*encia que parece no tener fin.
A medida que la investigación avanza, queda claro que este caso no solo es un recordatorio de la vio*encia que enfrenta México, sino también un llamado a la acción.
Las autoridades deben hacer más para proteger a los ciudadanos y garantizar que quienes cometen estos cri*enes sean llevados ante la justicia.
La vida de María Eugenia y Sheila, aunque truncada de manera vio*enta, no debe ser olvidada.
Su historia es un reflejo de tantas otras que han sufrido en silencio, y es hora de que la sociedad despierte y exija un cambio.
La captura de los responsables de este horrendo cri*en es esencial, no solo para brindar justicia a las víctimas y sus seres queridos, sino también para restaurar la fe de la comunidad en un sistema que debe proteger a sus ciudadanos.
La vio*encia no puede ser la norma, y es responsabilidad de todos exigir un futuro más seguro y pacífico para México.

En conclusión, el ase*inato de María Eugenia Gueña Delgado y Sheila Mescua Delgado es un trágico recordatorio de la fragilidad de la vida en un país marcado por la vio*encia.
Sus historias deben ser contadas, y sus recuerdos deben ser honrados.
Mientras la comunidad de Colima se une en duelo, la esperanza de justicia y cambio debe prevalecer.
La lucha contra la vio*encia y la impunidad es una tarea que requiere la participación de todos, y es hora de que se escuche la voz de aquellos que claman por un México más seguro.