La reactivación de la búsqueda internacional de Héctor Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, vuelve a poner bajo la lupa al Tren de Aragua y su presunta operación como red criminal transnacional.

La reactivación de la persecución internacional contra Héctor Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, ha vuelto a colocar en el centro del debate la expansión del Tren de Aragua y las acusaciones que, desde distintos sectores, apuntan a supuestas conexiones con estructuras del poder en Venezuela.
El nombre del líder criminal figura en un expediente presentado ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York, donde también se menciona al presidente Nicolás Maduro dentro de una presunta estructura de conspiración transnacional, aunque no existe evidencia pública de un vínculo jerárquico directo entre ambos.
Niño Guerrero, identificado como ciudadano venezolano y señalado como máximo jefe del grupo delictivo, enfrenta cargos bajo la ley RICO en Estados Unidos y es requerido por delitos que incluyen crimen organizado y apoyo material a actividades ilícitas.
Las autoridades estadounidenses lo consideran pieza clave en una red que habría operado dentro y fuera de Venezuela durante más de una década.
Su paradero continúa siendo incierto.
En zonas mineras del sur del país circularon versiones sobre su posible ocultamiento tras la intervención del penal de Tocorón en 2023, aunque ninguna ha sido confirmada oficialmente.

Desde el gobierno venezolano, la versión es distinta.
“El Tren de Aragua es historia, es polvo cósmico en Venezuela”, afirmó públicamente el presidente Maduro al referirse a la organización.
En otra declaración sostuvo: “Nosotros abrimos cárceles, nosotros recuperamos las cárceles y las cárceles de Venezuela hoy están bajo un régimen severo, humanista en paz”.
El mandatario ha denunciado que la expansión internacional de la banda fue promovida por sectores de la oposición.
“El ingreso de delincuentes de ese Tren de Aragua a los Estados Unidos y a otros países… fue promovido y llevado por la extrema derecha venezolana”, declaró, mencionando a dirigentes opositores como responsables indirectos de esa migración criminal.
Sin embargo, voces críticas sostienen que la organización se fortaleció en el contexto del sistema penitenciario venezolano.
Analistas y exfuncionarios han señalado que, durante años, líderes negativos ejercieron control efectivo dentro de cárceles, articulando redes de extorsión y coordinación externa.
“Antes de que llegue un preso a la cárcel, ellos tienen la información de quién es el preso”, relató una fuente conocedora del funcionamiento interno, describiendo un esquema de pagos a funcionarios para obtener datos y mantener influencia.

El expediente en Nueva York describe una presunta estructura en la que el Tren de Aragua habría aportado capacidad operativa y control territorial, mientras otras redes facilitarían protección e impunidad.
En ese contexto también se menciona al denominado “Cartel de los Soles”, término utilizado por autoridades estadounidenses para referirse a supuestas redes de narcotráfico vinculadas a altos mandos militares venezolanos.
Las acusaciones sostienen que existía un engranaje donde el pago se realizaba por kilo transportado, bajo una lógica de cooperación entre distintas estructuras criminales.
Desde el oficialismo, no solo se niega cualquier relación con actividades ilícitas, sino que además se atribuye la narrativa del Tren de Aragua a campañas de desinformación.
“Se cayó el fake news del Tren de Aragua”, expresó Maduro en un acto público, insistiendo en que el tema fue magnificado con fines políticos.
En otro discurso añadió: “Por ahí ustedes saben que el imperio está agresivo… allá ellos.
Quien pierde son ellos”.
En paralelo, en Estados Unidos se mantiene una recompensa millonaria por información que conduzca a la captura de Niño Guerrero.
Autoridades judiciales lo describen como prófugo y pieza estratégica dentro de una red criminal transnacional.
Su eventual detención podría aportar información relevante sobre la estructura interna de la organización y sus posibles vínculos internacionales.

Especialistas en seguridad advierten que la desarticulación de una red de esta magnitud no implica su desaparición inmediata.
“Esto que está ocurriendo puede servir para fortalecer los mecanismos de identificación por parte de la autoridad, pero a la vez que estas mismas células busquen un mecanismo para seguir operando en lo oscuro”, señaló un analista consultado sobre la evolución de la amenaza.
Mientras tanto, el debate político continúa polarizado.
Desde sectores críticos se sostiene que el Tren de Aragua se gestó durante la llamada revolución chavista y que su expansión internacional coincidió con la crisis migratoria venezolana.
Desde el gobierno se insiste en que se trata de una operación mediática articulada desde el exterior.
En medio de versiones encontradas, un hecho permanece claro: Niño Guerrero sigue prófugo y su silencio pesa en un tablero donde convergen acusaciones judiciales, disputas políticas y una red criminal que, pese a los golpes recibidos, continúa siendo objeto de investigación en varios países.
La evolución de los procesos en Nueva York y la eventual captura del líder marcarán el rumbo de un caso que trasciende fronteras y que mantiene bajo escrutinio a actores estatales y no estatales por igual.