Jason Jiménez compartió inquietantes sueños sobre su propia muerte en avión, los cuales se cumplieron trágicamente.

En una conmovedora entrevista, el cantautor Jason Jiménez compartió sus inquietantes sueños sobre su propia muerte, presagiando un destino que, lamentablemente, se materializó.
“Me soñé tres veces con que íbamos a tener un accidente en el avión”, confesó Jason, revelando la angustia que lo acompañó en sus últimos días.
El artista, conocido por su música popular, expresó cómo estas visiones recurrentes se convirtieron en una pesadilla constante.
“Dios me dio tres señales y yo no las entendí”, añadió, reflejando un profundo sentido de fatalismo.
A los 34 años, Jason Jiménez falleció trágicamente junto a cuatro miembros de su equipo en un accidente aéreo en Boyacá.
El día fatídico, mientras se preparaba para despegar, el avión de matrícula N325 FA de la compañía YJ Company SAS no logró alcanzar la altitud necesaria y se incendió en la pista.
“A los 34 años de edad falleció el cantante de música popular Jason Jiménez”, reportaron los medios, mientras la tristeza invadía a sus seguidores y a la industria musical.
En sus últimas entrevistas, Jason había hablado abiertamente sobre sus temores.
“Soñé tres veces que mi vida corría peligro en un avión”, relató.
En cada sueño, la sensación de inminente tragedia era palpable.
“Lo único que pensaba era, ‘Pucha, me voy a morir y no voy a conocer a mi hijo varón'”, rememoró en una conversación con Juan Pablo Raba, donde se permitió mostrar su vulnerabilidad.
“Las pesadillas no eran cualquier cosa, eran advertencias que se le quedaron clavadas en el pecho”, agregó, describiendo la angustia que sentía al despertar, agitado y con el corazón acelerado.

A pesar de sus éxitos, Jason lidió con una depresión silenciosa, un peso que llevaba a cuestas a medida que su carrera despegaba.
“Ese día cantaban en Pasto y yo me metía a bañar y decía, ‘Dios mío, casi me voy'”, compartió, revelando el impacto emocional que tuvo un vuelo crítico en su vida.
Aunque logró regresar ileso, la experiencia lo dejó marcado.
“Fue un tema muy crítico”, dijo, refiriéndose a la angustia que lo acompañó después del incidente.
La relación de Jason con la fe también cambió tras el accidente.
“No pedía protección, pedía calma”, confesó, mostrando una madurez inesperada.
Su vida se volvió más consciente, más intensa, y comenzó a valorar cada momento.
“No hay que dejar nada pendiente, el amor no se aplaza”, repetía, como un mantra que reflejaba su nuevo enfoque hacia la vida.
Su círculo cercano notó cambios en su comportamiento.
“Más abrazos, más palabras sinceras”, comentaron.
Jason empezó a despedirse de manera diferente, consciente de que el tiempo no era infinito.
“Te quiero con más frecuencia”, decía, como si cada día fuera un regalo.

Sin embargo, el legado de Jason Jiménez no se limita a su música.
Sus palabras y advertencias se han convertido en un eco persistente.
“La vida es frágil, puede romperse en segundos”, repetía, dejando a sus seguidores con una profunda reflexión sobre la fragilidad de la existencia.
Su historia plantea preguntas inquietantes: ¿fue solo un sueño repetido o una señal que nadie quiso escuchar?
A través de sus entrevistas, Jason dejó claro que no era un hombre de exageraciones.
“Acepto lo que no puedo controlar”, decía, revelando una sabiduría que pocos logran alcanzar.
Su relato se convirtió en un testimonio de la lucha entre el miedo y la aceptación.
“Escuchen al cuerpo.
Escuchen al silencio”, instaba, recordando a todos que a veces lo más importante no grita, susurra.
Hoy, la historia de Jason Jiménez sigue viva, resonando en los corazones de quienes lo escuchan.
Su vida, marcada por sueños y realidades, invita a reflexionar sobre cómo enfrentamos nuestros propios miedos y la inevitabilidad de la vida.
En un mundo donde el éxito a menudo se mide en logros, Jason nos recuerda que lo verdaderamente valioso es el amor, la conexión y la capacidad de escuchar nuestras intuiciones.
Su legado es un recordatorio de que, a veces, los sueños pueden ser más que simples visiones; pueden ser advertencias que nos invitan a vivir con plenitud y conciencia.
