
Los descubrimientos más recientes en Marte han sido descritos por científicos como una auténtica lotería científica.
Cada metro recorrido por Curiosity y Perseverance parece esconder un premio inesperado.
La NASA no está dispuesta a ceder protagonismo en la exploración marciana y ha intensificado su búsqueda de respuestas en lugares cada vez más específicos y prometedores.
Uno de los hallazgos más impactantes tiene que ver con la confirmación de antiguos océanos y playas marcianas.
Durante años se sospechó que Marte tuvo grandes cantidades de agua, pero ahora las pruebas son más sólidas que nunca.
Analizando rocas ricas en sales y sulfatos, el rover Curiosity confirmó que enormes cuerpos de agua salada cubrieron parte del planeta hace miles de millones de años.
Estos minerales no aparecen por casualidad.
Son residuos que quedan cuando el agua se evapora lentamente, exactamente igual a lo que ocurre en playas y lagos de la Tierra.
Sulfato de magnesio, sulfato de calcio y cloruro de sodio —la misma sal que usamos en la mesa— fueron detectados en regiones que, en el pasado, debieron parecerse más a una costa que a un desierto marciano.
El Mars Reconnaissance Orbiter ya había detectado estas señales desde la órbita años antes, pero fue Curiosity quien pudo confirmarlas en la superficie.
La misión se adentró en zonas cuidadosamente seleccionadas, donde cada roca cuenta una historia del colapso climático de Marte, cuando pasó de ser un planeta húmedo y templado a un mundo frío y hostil.
Pero el agua no es el único protagonista.
El rover Perseverance, diseñado específicamente para buscar señales de vida pasada, ha hecho descubrimientos aún más inquietantes en el cráter Jezero.
Allí, donde hace unos 3.500 millones de años existió un sistema de ríos y lagos, las rocas conservan un registro químico sorprendentemente similar al de los océanos primitivos de la Tierra.
Utilizando espectroscopía avanzada, Perseverance detectó moléculas orgánicas complejas, incluyendo compuestos aromáticos basados en anillos de benceno.

Estas moléculas no son vida, pero son ingredientes esenciales.
En nuestro planeta, combinaciones químicas muy similares precedieron al surgimiento de los primeros microorganismos.
Además, la presencia de carbonatos, sulfatos y percloratos permitió a los científicos estimar que el cráter Jezero mantuvo agua líquida durante largos periodos.
Esto significa estabilidad ambiental, uno de los factores clave para que la vida microbiana pueda surgir y persistir.
Marte también está revelando un pasado geológico más violento y dinámico de lo que se creía.
Perseverance ha explorado antiguos deltas fluviales, donde ríos depositaron sedimentos durante millones de años.
En la Tierra, estos entornos son auténticos cofres del tesoro biológico, ya que preservan rastros microscópicos con gran eficiencia.
Las capas de roca observadas muestran cambios drásticos en la fuerza del agua: desde flujos tranquilos hasta torrentes violentos.
Algunas formaciones incluso sugieren actividad volcánica posterior, con restos de lava solidificada que podrían ayudar a fechar con precisión cuándo fluyó el agua por última vez en Marte.
Uno de los hallazgos más intrigantes se produjo en una zona rica en minerales serpentinos.
Estos se forman cuando grandes cantidades de agua reaccionan con rocas ígneas profundas, liberando hidrógeno.
En la Tierra, este proceso puede generar metano y alimentar ecosistemas microbianos sin necesidad de luz solar.
Es decir, condiciones perfectas para la vida primitiva.
El hecho de encontrar serpentinización en Marte abre una posibilidad inquietante: que el planeta no solo tuvo agua en la superficie, sino también sistemas químicos activos bajo tierra capaces de sostener vida microbiana.
A pesar de todo esto, los científicos son cautelosos.
Las huellas orgánicas detectadas son heterogéneas y no concluyentes.

La gran limitación es que los instrumentos más potentes no pueden enviarse fácilmente a Marte.
Por eso, la misión de retorno de muestras, en colaboración con la Agencia Espacial Europea, es considerada el paso decisivo.
Perseverance ya está recolectando y sellando muestras de rocas y regolito marciano.
Si estas llegan a la Tierra, podrán analizarse con tecnología de laboratorio avanzada, capaz de detectar firmas biológicas imposibles de identificar a distancia.
Lo que encontremos podría redefinir nuestra comprensión de la vida en el universo.
Marte se ha convertido en un archivo intacto de los primeros mil millones de años del sistema solar.
Mientras la Tierra borró gran parte de su historia primitiva por la tectónica de placas, Marte la conservó congelada en piedra.
Cada muestra es una página de un libro que nadie había podido leer… hasta ahora.
La gran pregunta ya no es si Marte tuvo agua.
Eso está claro.
La verdadera incógnita es si ese planeta, tan parecido a la Tierra en su juventud, llegó a cruzar el umbral de la vida.
Y si lo hizo, ¿por qué no sobrevivió?
La NASA sabe que estamos peligrosamente cerca de una respuesta que podría cambiarlo todo.