⚠️ ¡Desgarrador! El Ataque del CJNG a un Autobús de Prisioneros: 13 Sicarios Liberados en una Emboscada Brutal
El ataque comenzó alrededor de las 4 de la tarde.
Un convoy de transporte penitenciario, que trasladaba a 32 prisioneros clasificados como de mediana y alta peligrosidad, fue interceptado en un tramo solitario de la carretera.
Este autobús, que se dirigía a un centro penitenciario federal, estaba custodiado por un grupo de ocho guardias armados.
Sin embargo, la seguridad no fue suficiente para detener el ataque.

Los sicarios utilizaron vehículos bloqueadores y abrieron fuego con rifles de alto calibre, atrapando al autobús sin posibilidad de escape.
En cuestión de minutos, el ataque se volvió devastador.
Los custodios, que intentaron resistir, fueron rápidamente neutralizados, mientras los prisioneros dentro del autobús se lanzaban al suelo, aterrorizados y esposados.
En medio del caos, el comando del CJNG forzó la apertura del vehículo y localizó a los 13 sicarios que buscaban, sacándolos en medio de la balacera.
Este rescate no es un acto desesperado; es una operación calculada que demuestra la capacidad del CJNG para rastrear movimientos de traslados penitenciarios que deberían ser confidenciales.
La audacia de atacar directamente a las fuerzas de seguridad del Estado sin importar las consecuencias revela una evolución preocupante en las tácticas del crimen organizado.
El CJNG ha demostrado que está dispuesto a invertir recursos significativos en este tipo de operaciones, lo que plantea serias preguntas sobre la seguridad en el sistema penitenciario.
La importancia de liberar a estos sicarios no radica solo en la lealtad hacia sus miembros, sino en la estrategia operativa que implica recuperar a operadores clave.
Un sicario experimentado aporta un conocimiento invaluable sobre rutas, contactos y estructuras de mando del cártel.
Perder a tales operadores significa perder capacidad operativa en territorios donde la competencia con otros grupos es constante.
Además, un rescate exitoso envía múltiples mensajes: refuerza la lealtad interna y demuestra a los rivales que el cártel tiene la capacidad militar para enfrentar a las fuerzas de seguridad.
El ataque del miércoles se alinea con patrones observados en rescates anteriores, donde la inteligencia previa sobre rutas y horarios de traslado, el uso de vehículos para bloquear y escoltar, y armamento de alto calibre han sido claves para el éxito.
En diciembre de 2022, un caso emblemático en Guerrero mostró cómo un comando de aproximadamente 80 hombres armados logró rescatar a un líder criminal en un ataque que duró solo 10 minutos.

La infiltración dentro del sistema penitenciario es otro factor crítico.
Los grupos criminales necesitan información específica que solo se obtiene mediante corrupción o hackeo de sistemas de comunicación.
Saber qué prisioneros viajan en qué convoy y a qué hora requiere acceso a información clasificada.
En muchos casos, se ha comprobado que guardias penitenciarios y personal administrativo han proporcionado esta información a cambio de dinero o bajo amenazas.
Los traslados de prisioneros son particularmente vulnerables.
A diferencia de un penal, donde existen múltiples capas de seguridad, un autobús en movimiento puede ser emboscado en cualquier tramo solitario de carretera con suficiente planeación.
Las autoridades federales son conscientes de este riesgo.
Por eso, los traslados de alto perfil suelen hacerse con escoltas militares y manteniendo en secreto las rutas y horarios.
Sin embargo, al trasladar decenas de prisioneros, mantener ese nivel de seguridad se vuelve logísticamente imposible.
El ataque en la carretera Guadalajara-Colima es un claro ejemplo de esto.
El convoy, que transportaba 32 prisioneros, era custodiado por escoltas penitenciarias estándar y circulaba por una ruta predecible.
Los sicarios del CJNG vieron en este convoy un objetivo vulnerable con un alto valor operativo: recuperar a 13 sicarios activos que habían sido capturados recientemente.
El autobús salió del centro de reinserción social de Puente Grande a las 3:30 de la tarde.
Mientras avanzaba hacia el sur, al menos tres vehículos civiles comenzaron a seguirlo a distancia.
Estos eran camionetas pickup que no levantaban sospechas, y los conductores mantenían comunicación constante reportando la posición exacta del convoy a otros integrantes del comando.

El ataque se llevó a cabo en un tramo de carretera entre los municipios de Sayula y Tamazula, una zona con curvas pronunciadas y escasa presencia de tráfico civil.
Dos camionetas del comando fueron estacionadas en diagonal, simulando un accidente.
Cuando el convoy se acercó, más de 40 sicarios emergieron de posiciones ocultas, armados y listos para atacar.
El fuego fue abrumador.
Los sicarios dispararon cientos de cartuchos, impactando las escoltas y el autobús, mientras los custodios intentaban repeler el ataque.
Cuatro custodios resultaron heridos, y los prisioneros dentro del autobús gritaban aterrorizados.
Con las escoltas neutralizadas, un grupo de sicarios avanzó hacia el autobús, forzando la puerta trasera y buscando a sus objetivos específicos.
Una vez dentro, los sicarios no actuaron al azar.
Sabían exactamente a quiénes buscaban, y uno a uno, sacaron a los 13 sicarios del autobús y los subieron a las camionetas del comando.
Con el rescate completado, el grupo se retiró rápidamente, utilizando caminos rurales previamente identificados como rutas de escape.
Las autoridades llegaron al lugar del ataque cinco minutos después de que el comando había huido.
Encontraron el autobús destrozado, las camionetas de escolta inutilizadas y cuatro custodios heridos.
Los 19 prisioneros que permanecieron en el autobús fueron reubicados bajo protocolos de seguridad reforzados, aunque muchos expresaron temor por posibles represalias del CJNG.
Las autoridades estatales establecieron retenes en carreteras y caminos rurales, intentando localizar a los 13 fugados.
Se activaron protocolos de búsqueda en toda la región, pero para cuando se desplegaron estos operativos, los rescatados ya habían sido trasladados a casas de seguridad donde permanecerán ocultos hasta que el cártel considere seguro reintegrarlos a operaciones.

Este ataque en plena carretera federal no es un incidente aislado.
Es evidencia de una verdad que no podemos ignorar: el crimen organizado en México ha alcanzado niveles de sofisticación operativa que le permiten desafiar directamente al Estado.
Cuando un cártel puede infiltrar sistemas de información penitenciaria, planear rescates con precisión militar y atacar a las fuerzas de seguridad sin consecuencias inmediatas, estamos ante una crisis de capacidad estatal.
El CJNG demostró que tiene los recursos y la audacia para sacar a sus miembros de manos de la justicia.
Esto erosiona la percepción de que el sistema judicial puede funcionar efectivamente.
La corrupción dentro del sistema penitenciario es el factor que hace posibles estas operaciones.
Sin información interna precisa, los rescates serían exponencialmente más difíciles de ejecutar.
México necesita reformas profundas en el manejo de seguridad penitenciaria, mejores salarios y protección para custodios que enfrentan tentaciones económicas y amenazas diarias.
Los rescates exitosos no solo liberan criminales; también debilitan la confianza en que el Estado puede cumplir su función básica de hacer valer la ley.
Cada rescate exitoso es una victoria propagandística para los cárteles, lo que fortalece la lealtad interna y facilita el reclutamiento.
El sistema de justicia funciona solo si los criminales capturados permanecen bajo custodia y enfrentan juicio.
Cuando grupos como el CJNG pueden romper esa cadena con impunidad, el mensaje es devastador: la ley no es absoluta y el Estado no puede garantizar que la justicia se cumpla.
Las familias que viven en territorios controlados por estos grupos observan estos rescates y entienden que el crimen organizado tiene más poder que las instituciones.

México merece instituciones más fuertes que no puedan ser infiltradas.
Merece un sistema penitenciario que proteja a su personal contra amenazas y tentaciones.
Merece que cuando un criminal es capturado, permanezca bajo custodia hasta enfrentar justicia, sin que su organización pueda rescatarlo en plena carretera.
Porque cada rescate exitoso no solo libera criminales, sino que debilita la confianza en el sistema de justicia y alimenta un ciclo de violencia e impunidad que es difícil de romper.