Yeison Jiménez, también conocido como Jason Jiménez, fue uno de los nombres más influyentes y queridos de la música popular colombiana.

Su voz áspera y emotiva, junto con sus letras cargadas de sentimiento y sinceridad, lo convirtieron en un narrador de historias que transformaba el dolor cotidiano en canciones que millones hicieron suyas.
Nacido en un entorno humilde, Yeison supo convertir la adversidad en fuerza creativa y construir una carrera musical que marcó a toda una generación.
La historia de Yeison Jiménez no comenzó bajo los reflectores ni con aplausos multitudinarios.
Creció en barrios donde la vida era dura, marcada por la carencia y la incertidumbre.
Desde pequeño, aprendió que nada se consigue sin esfuerzo y que la música podía ser un refugio ante las dificultades.
Con tan solo 17 años, tomó la decisión de dedicarse por completo a la música, cantando en pequeños escenarios y escribiendo canciones que hablaban de amor, traición, orgullo y pérdidas irreparables.
Su primer éxito comercial llegó en 2013 con la canción “Te deseo lo mejor”, incluida en su álbum *Con el corazón, bolo uno*.
A partir de ese momento, su carrera comenzó a despegar, ganando seguidores que se identificaban con la autenticidad y emoción de sus letras.
Yeison Jiménez no solo cantaba, sino que contaba historias reales, sin adornos ni artificios.
Su música popular, a menudo subestimada, encontró en él un representante valiente que llevó el género a escenarios cada vez más grandes.
Su voz se convirtió en un símbolo de la música popular colombiana contemporánea, y su presencia en programas como *Yo me llamo* como jurado confirmó su autoridad artística.

Su legado musical está lleno de canciones que hablan de la lucha diaria, el amor y el desamor, y que han acompañado a miles de personas en momentos difíciles y celebraciones.
Lejos de los escenarios, Yeison era un hombre sencillo, dedicado a su familia.
Su esposa fue un pilar fundamental en su vida, y sus hijos, anclas emocionales que le daban fuerza para seguir adelante.
A pesar de la fama, nunca perdió el contacto con sus orígenes ni la humildad que lo caracterizaba.
Su hogar era un refugio donde podía bajar el ritmo y disfrutar de la compañía de sus seres queridos.
La música no era solo su trabajo, sino una forma de vida, y su familia siempre estuvo presente en su camino.
El 10 de enero, una tragedia sacudió a Colombia y al mundo de la música popular.
La avioneta en la que viajaba Yeison Jiménez junto a otras cinco personas se estrelló en la vereda La Romerita, en el tramo entre Paipa y Duitama, Boyacá.
El accidente fue fatal; no hubo sobrevivientes.

La noticia recorrió rápidamente el país, dejando un vacío imposible de llenar.
La confirmación oficial de la Aerocivil y la voz quebrada de su hija, incapaz de contener las lágrimas, sellaron lo que muchos se negaban a aceptar: la pérdida de un artista que aún tenía mucho por dar.
Luz Mary Galeano, madre de Yeison, compartió su dolor y sus presentimientos en una emotiva entrevista.
Desde hacía meses, sentía que una sombra rondaba la vida de su hijo.
Recordó cómo desde niño tenía corazonadas que la hacían protegerlo, y cómo en los últimos tiempos Yeison soñaba con aviones y tragedias.
Aunque intentaba calmarla, esa intuición materna nunca la abandonó.
La mañana del accidente, Luz Mary llamó a su hijo para advertirle que tuviera cuidado, pero él la tranquilizó con su fe en Dios y su promesa de estar bien.
Poco después, la tragedia se convirtió en realidad.
A pesar de la muerte prematura, la música y la historia de Yeison Jiménez siguen vivas.
Sus canciones continúan acompañando a su público, y su voz es un eco que resuena en el corazón de quienes lo escucharon y amaron.

Su historia es la de un joven que transformó la adversidad en arte, que luchó desde abajo y alcanzó el reconocimiento sin perder la esencia.
Su vida y obra son un testimonio de perseverancia, humildad y pasión por la música popular colombiana.
La partida de Yeison Jiménez es una pérdida irreparable para la música y para quienes lo conocieron.
Su madre, su familia y sus fans enfrentan el duelo con valentía, recordando que detrás de cada artista hay una vida real llena de sueños, luchas y afectos.
Este homenaje es un llamado a valorar el talento y la humanidad que Yeison dejó, y a mantener viva su memoria a través de la música que tanto amó y que seguirá cantando en cada rincón de Colombia y más allá.