Un mensaje difundido por una mujer identificada como Camila Galvis y la circulación de presuntas capturas de chats generaron especulaciones sobre una posible relación secreta, dividiendo a la opinión pública.

Durante horas, Colombia vivió una escena que parecía sacada de una superproducción trágica: homenajes improvisados, mensajes de despedida y una ola de publicaciones que daban por cierta la muerte de Yeison Jiménez tras un supuesto accidente aéreo.
El impacto emocional fue inmediato.
En redes sociales circularon imágenes de multitudes, flores amarillas y mensajes de luto que hablaban de un país paralizado por la pérdida de uno de los nombres más populares de la música popular.
Sin embargo, a medida que avanzaban las horas, el foco dejó de estar en la música y se trasladó a un terreno mucho más oscuro: el de los rumores, las filtraciones y las acusaciones sin confirmar.
En medio de ese clima apareció una publicación que encendió la polémica.
Cuatro palabras acompañadas de una fotografía: “La vida me lo quitó”.
El mensaje, atribuido a una mujer identificada como Camila Galvis, se propagó con una velocidad implacable y fue interpretado por miles de usuarios como algo más que un simple pésame.
Para muchos, era una confesión velada, una insinuación de una relación íntima mantenida en secreto.
Para otros, un acto irresponsable en un momento de sensibilidad extrema.
Mientras las redes ardían, las imágenes de actos de homenaje —algunos de ellos difundidos como si se tratara de exequias oficiales— mostraban a seguidores cantando canciones del artista, coreando letras que hablan de amor, pérdida y despecho.
En esos videos se escuchaban frases de admiración y dolor genuino, pero también se percibía la confusión.
“No puedo creer que esto esté pasando”, repetían usuarios en transmisiones en vivo, reflejando un estado emocional colectivo marcado por la incertidumbre.
La controversia creció cuando comenzaron a circular capturas de pantalla de supuestas conversaciones privadas atribuidas al cantante.
Entre ellas, mensajes fechados en la mañana del 10 de enero con frases como “Buenos días, preciosa” y promesas de comunicación tras un vuelo.
Esos textos, cuya autenticidad no ha sido verificada, fueron suficientes para dividir a la opinión pública.
Para un sector, se trataba de “la prueba” de una vida sentimental paralela; para otro, de un montaje cruel que aprovechaba el impacto emocional del momento.

La reacción fue inmediata y polarizada.
En comentarios y publicaciones se leían acusaciones directas contra la mujer que difundió el mensaje, con calificativos que iban desde “oportunista” hasta “irrespetuosa”.
Al mismo tiempo, surgieron voces que pedían cautela.
“Nadie debería ser juzgado por capturas que pueden ser falsas”, escribían algunos seguidores, recordando que en la era digital la manipulación de imágenes y chats es una práctica conocida.
En ese contexto, la figura de Sonia Restrepo, esposa del artista, fue utilizada como símbolo de dignidad y silencio.
Aunque no emitió declaraciones públicas, su nombre fue mencionado constantemente como contraste frente al ruido digital.
Usuarios destacaban que ella había acompañado a Yeison Jiménez desde antes de la fama y que, frente a la avalancha de rumores, optó por no responder.
Ese silencio fue interpretado por muchos como una postura de respeto y contención en medio de una tormenta mediática.
La narrativa fue tomando tintes cada vez más dramáticos.
Se habló de una supuesta “doble vida”, de planes de retiro, incluso de proyectos personales que jamás fueron confirmados.
Cada nueva versión parecía empujar la historia un paso más lejos de los hechos comprobables.
Analistas de comunicación digital advirtieron que el caso era un ejemplo claro de cómo el duelo colectivo puede ser manipulado y amplificado por algoritmos y emociones desbordadas.

Con el paso de las horas, también aparecieron llamados a la responsabilidad.
Comunicadores y seguidores recordaron que Yeison Jiménez es una figura pública real, con familia, hijos y una carrera construida durante años, y que convertir rumores en verdades absolutas puede causar daños irreparables.
“El respeto por la vida y por la verdad debe estar por encima del clic”, escribió un usuario que resumió el sentir de quienes pedían frenar la especulación.
La controversia dejó al descubierto una realidad incómoda: en el ecosistema digital actual, una frase como “La vida me lo quitó” puede convertirse en el detonante de un escándalo nacional, sin necesidad de confirmaciones ni contexto.
También evidenció cómo el nombre de un artista puede ser arrastrado a un juicio público basado más en emociones que en hechos verificables.
Al final, más allá de rumores y acusaciones, lo que quedó fue una reflexión colectiva sobre los límites entre la vida privada, la fama y la responsabilidad en redes sociales.
La música de Yeison Jiménez, marcada por historias de amores imposibles y dolores profundos, volvió a sonar en playlists y homenajes, recordando que su legado artístico existe más allá del ruido digital.
En medio de la confusión, una certeza se impuso: el respeto y la prudencia son indispensables cuando la información circula más rápido que la verdad.