Luz María Aguilar, una de las figuras emblemáticas de la época de oro del cine mexicano, siempre fue conocida por su elegancia, serenidad y discreción.

Durante décadas, evitó hablar sobre los rumores que circulaban acerca de un supuesto romance secreto con el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Sin embargo, a sus 90 años, la actriz finalmente decidió romper el silencio y contar su verdad, revelando detalles íntimos y dolorosos que marcaron su vida personal y profesional.
Nacida en 1935 en Ojinaga, Chihuahua, Luz María Aguilar creció en un ambiente conservador.
Su padre, un hombre de principios que trabajaba en la administración pública, quería que ella estudiara una carrera práctica como comercio para tener estabilidad.
Pero Luz María tenía otros sueños: la actuación y el arte la llamaban desde joven.
Con el apoyo silencioso de su madre, quien le mostraba revistas con las grandes estrellas mexicanas, decidió mudarse a la Ciudad de México a los 17 años para perseguir su pasión.
En la capital, estudió en la academia de Sanci y luego en el taller de actuación de Andrés Soler, quien reconoció su talento y la presentó a su hermano Fernando Soler.
Pronto comenzó a aparecer en papeles pequeños en televisión y cine, hasta que en 1956 obtuvo su gran oportunidad con la película *¿Con quién andan nuestras hijas?*, que le valió el Ariel a la mejor actriz juvenil.
Durante los años 50 y 60, Luz María se consolidó como una actriz que irradiaba dignidad, inteligencia y profundidad emocional.
A diferencia de otras actrices de la época, no necesitaba escándalos ni posar desnuda para destacar.
Su carrera fue construida con trabajo duro, talento y una firme postura ética que la llevó a rechazar roles que consideraba denigrantes para la mujer.
Corría el año 1965 cuando Luz María, ya una estrella en ascenso, fue presentada al presidente Gustavo Díaz Ordaz en una recepción organizada por la Secretaría de Educación Pública.
Díaz Ordaz, conocido por su carácter frío y su obsesión por la autoridad, sorprendió a todos esa noche al quedarse más tiempo de lo habitual en el evento y mostrar una sonrisa genuina frente a la actriz.
Lo que comenzó como una charla cordial pronto se convirtió en algo más profundo.
Luz María empezó a recibir gestos anónimos: gardenias blancas en su camerino, notas firmadas con las iniciales “Gdo” y invitaciones discretas a cenas en residencias oficiales.
Los rumores sobre un romance entre ellos comenzaron a circular en los círculos sociales y en la prensa, aunque la actriz nunca confirmó ni negó nada públicamente.
Durante años, Luz María mantuvo un silencio férreo sobre la relación.
En entrevistas evitaba el tema con precisión, diciendo que respetaba la presidencia y aún más, su silencio.
En un documental de 2023, finalmente habló con sinceridad: admitió que hubo afecto entre ellos, pero también miedo.
“Yo era joven y él era el presidente de México. Ese tipo de amor era peligroso”, confesó.

Personas cercanas a ella relataron que fue vigilada por agentes vestidos de civil y que Díaz Ordaz intervino para proteger su dignidad en la industria del entretenimiento.
Sin embargo, Luz María nunca utilizó esta relación para obtener beneficios profesionales, rechazando privilegios y prefiriendo la paz a la comodidad que él le ofrecía.
El vínculo se rompió tras la masacre de Tlatelolco en 1968, un evento que destruyó el legado del presidente y que llevó a Luz María a desaparecer de la vida pública durante casi un año.
La actriz recordó que no pudo reconciliar al hombre que le recitaba poemas con el que ordenó enviar soldados a la plaza.
Fue un momento doloroso que la marcó profundamente.
Historiadores y documentos sugieren que Luz María Aguilar fue una de las pocas mujeres que se atrevió a decirle “no” a Díaz Ordaz.
Tras su distanciamiento, el presidente dirigió su atención a otra actriz, Irma Serrano, quien años después confirmaría su relación con él en sus memorias.
Cuando se le preguntó a Luz María si alguna vez el presidente le propuso dejar a su esposa por ella, respondió con una sonrisa calmada y firme: “Aunque lo hubiera hecho, le habría dicho que no. No quería ser primera dama, quería ser una mujer que elige sus propios papeles, no uno asignado por el protocolo.”
Esta independencia y fortaleza definieron su legado, no solo en la pantalla sino también en su vida.
Luz María nunca permitió que un hombre poderoso la definiera ni condicionara su carrera.
Además de su vida privada, Luz María Aguilar fue una figura de integridad en la industria.
Se ganó fama por cuestionar guiones sexistas, exigir igualdad salarial y rechazar papeles que consideraba caricaturas o denigrantes para la mujer.
Su rebeldía le costó oportunidades, pero le ganó respeto y un lugar único en el cine mexicano.
Un momento polémico ocurrió en los años 70 durante una gala, cuando Luz María declaró públicamente que “solo las actrices mediocres se desnudan para avanzar”.
Esto provocó un enfrentamiento con la actriz Isela Vega, quien representaba una nueva generación más abierta y liberada.
Como consecuencia, Luz María fue excluida de las telenovelas más importantes por sus comentarios.
Sin embargo, ella encontró refugio en programas como *Hogar, dulce hogar*, que aunque la encasillaron, le permitieron mantenerse activa y cercana al público.
Más allá de su carrera y su relación con el poder, Luz María vivió una profunda tragedia personal: la muerte accidental de su hermano menor Enrique Aguilar en 1971.
Enrique, un actor en ascenso, murió cuando una pistola de utilería se disparó accidentalmente en un set de filmación.
Este golpe devastó a Luz María y cambió su forma de entender la actuación.
Desde entonces, sus interpretaciones adquirieron una carga emocional más profunda, reflejando el dolor y la pérdida que llevaba dentro.
Hoy, a sus 90 años, Luz María Aguilar vive en una modesta casa en Coyoacán, rodeada de recuerdos, poesía y la compañía de su sobrina.
Nunca se casó ni tuvo hijos, pero asegura no tener arrepentimientos: “He tenido amor, he tenido desamor, he tenido propósito. Creo que eso es más de lo que muchos logran.”
Su legado no está marcado por escándalos ni superficialidades, sino por decisiones firmes, dignidad y una carrera construida con profundidad y respeto.
En 2023 fue inscrita en el libro de oro del cine mexicano junto a leyendas como María Félix y Dolores del Río, un reconocimiento a su trayectoria y su influencia.
La historia de Luz María Aguilar nos invita a mirar más allá de los rumores y las apariencias, a reconocer la complejidad de las vidas detrás de las figuras públicas.
Su valentía para contar su verdad a los 90 años es un acto de justicia histórica y una reivindicación de su autonomía.
¿Hizo bien en guardar silencio todos estos años? ¿Cambia esto nuestra percepción de la época dorada del cine mexicano? Sin duda, Luz María Aguilar no solo fue una estrella en pantalla, sino una mujer que supo elegir su propio camino, con todas las consecuencias que ello implicó.