En marzo de 2022, la calma habitual de uno de los vecindarios más exclusivos de Hawái se rompió de forma abrupta cuando un hombre millonario dejó de dar señales de vida.

Se trataba de Gary Ruby, un jubilado canadiense de 73 años que residía en una lujosa propiedad valuada en más de dos millones de dólares en la zona de Hawaii Loa Ridge, al este de Honolulu.
Durante años, Gary había llevado una existencia discreta, estable y sin conflictos visibles.
Nadie imaginaba que su vida terminaría convertida en uno de los casos criminales más perturbadores de la isla.
Gary Ruby nació el 26 de febrero de 1949 en Montreal, Canadá.
Allí pasó su infancia y juventud, y más tarde cursó estudios universitarios en derecho, graduándose en 1973.
Poco después, tomó una decisión que cambiaría su destino: mudarse a Hawái.
El estilo de vida isleño, el clima, la cultura y el ambiente de aceptación lo cautivaron desde el primer momento.
En Honolulu comenzó a trabajar como analista regulatorio en el Departamento de Comercio y Asuntos del Consumidor del estado, un empleo que le permitió construir una carrera sólida y una estabilidad económica duradera.
Quienes lo conocieron lo describían como un hombre tranquilo, amable y profundamente humano.
Tenía un gran sentido del humor, disfrutaba del teatro, la música y la literatura, y sentía una pasión especial por los viajes.
Sin embargo, por encima de todo, Gary valoraba a su familia y a su círculo cercano de amigos, con quienes mantenía una relación constante y afectuosa.
Con el paso de los años, su disciplina laboral y sus decisiones financieras le permitieron retirarse cómodamente y cumplir uno de sus grandes sueños: comprar la casa que siempre había deseado.
En 2020, a los 71 años, Gary adquirió una vivienda de tres dormitorios y tres baños valorada en 2,2 millones de dólares.
La propiedad se encontraba dentro de Hawaii Loa Ridge, una comunidad privada reconocida por sus vistas panorámicas, seguridad reforzada y exclusivas comodidades.
En ese momento, Gary parecía haber alcanzado una etapa de plenitud: disfrutaba de su retiro, de su hogar y de una vida social estable, sin sobresaltos aparentes.

Todo comenzó a cambiar a principios de 2022.
Su hermano, Lorn Ruby, con quien hablaba con frecuencia, notó que habían pasado varias semanas sin recibir noticias suyas.
La ausencia de comunicación resultó alarmante, especialmente porque Gary siempre había sido cuidadoso en mantener el contacto.
El 7 de marzo de 2022, ante la preocupación creciente, Lorn decidió contactar a las autoridades para reportar su desaparición.
Ese mismo día, detectives acudieron a la residencia de Gary.
Allí encontraron a dos hombres: Scott Hannon, de 34 años, y Juan Tejedor Varón, de 23 años, un joven de origen colombiano.
Juan afirmó ser la pareja sentimental de Gary y sostuvo que había comprado la casa cinco años antes, una versión que no coincidía con los registros oficiales, los cuales indicaban que Gary había adquirido la propiedad apenas dos años atrás.
Esa contradicción despertó las primeras sospechas.
Los investigadores también observaron que Juan conducía un Audi A6 modelo 2020, un vehículo de alto valor.
Al revisar los registros, confirmaron que Gary había transferido la propiedad del automóvil a Juan un mes antes, en febrero de 2022.
Este dato, sumado a la falta de noticias sobre el paradero del dueño de la casa, incrementó las dudas de las autoridades.
Sin embargo, en ese momento no contaban con pruebas suficientes para realizar arrestos o inspecciones más profundas.
Al día siguiente, el 8 de marzo, los detectives regresaron a la vivienda.
Al ingresar al baño principal, se encontraron con una escena escalofriante: una tina llena de concreto endurecido, cubierta con restos de café.
Al comenzar a remover el material, notaron la presencia de insectos, una señal inequívoca de descomposición.
Finalmente, bajo la capa de cemento, apareció el cuerpo sin vida de Gary Ruby.

El cadáver presentaba heridas visibles y señales de violencia en el cuello y las muñecas.
La escena dejaba claro que no se trataba de una muerte natural ni accidental.
Los investigadores determinaron que los restos de café habían sido utilizados para intentar disimular el olor del cuerpo en descomposición.
El caso pasó de inmediato a la unidad de homicidios y la noticia conmocionó tanto a la comunidad local como a la opinión pública internacional.
Tras el hallazgo, Juan Tejedor Varón y Scott Hannon desaparecieron.
Su huida fue breve.
El 9 de marzo de 2022, ambos fueron localizados en California.
Juan fue detenido mientras intentaba ocultarse en el compartimiento inferior de un autobús con destino a México.
Scott, por su parte, fue arrestado en otro punto de la ciudad, aunque posteriormente se determinó que no tenía participación directa en el homicidio y fue liberado.
Durante los interrogatorios, Juan asumió la responsabilidad del crimen.
Declaró que había reaccionado con violencia tras una discusión con Gary, supuestamente motivada por una revelación relacionada con una enfermedad.
Según su versión, colocó un cinturón alrededor del cuello de la víctima hasta provocarle la muerte.
Luego, intentó simular un suicidio cortándole las venas y, finalmente, cubrió el cuerpo con bolsas de concreto que compró específicamente para ese fin.
Las autoridades, sin embargo, no descartaron que el verdadero móvil del crimen fuera económico.
Juan había comenzado a apropiarse de los bienes de Gary, utilizaba su automóvil, organizaba fiestas en la casa y aseguraba a terceros que la propiedad le pertenecía.
Incluso llevaba invitados a la vivienda mientras el cuerpo permanecía oculto en el baño, prohibiendo el acceso a ese espacio bajo excusas poco convincentes.
La investigación reveló además un patrón de engaños y manipulaciones.
Juan habría falsificado documentos legales y mentido de forma reiterada sobre su situación económica, su dominio del idioma inglés e incluso sobre posibles vínculos criminales.
A lo largo de 2022 y 2023, el proceso judicial estuvo marcado por retrasos, intentos de retractación de su confesión y acusaciones de mala conducta por parte de la defensa.

Finalmente, en diciembre de 2024, Juan Tejedor Varón volvió a declararse culpable.
La fiscalía acordó no solicitar cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional y recomendó una condena mínima de 20 años de prisión.
El juez, tras escuchar los detalles del caso, determinó que el proceso debía avanzar debido a la gravedad del crimen.
La muerte de Gary Ruby dejó una herida profunda en su familia y amigos.
Durante su funeral, fue recordado como un hombre generoso, atento y profundamente humano.
Su historia se convirtió en un recordatorio brutal de que la violencia puede esconderse incluso detrás de relaciones íntimas y en los entornos más seguros.
Más allá de los expedientes judiciales y las sentencias, permanece el vacío irreversible de una vida truncada y la dolorosa lección de una confianza que fue traicionada de la forma más extrema.