Elsa Irma Aguirre Juárez, conocida como la primera actriz mexicana y una de las figuras más emblemáticas del cine de oro en México, sigue siendo un ícono a sus 94 años.
Su vida ha estado marcada por el brillo en las pantallas, pero también por las tragedias personales y una búsqueda constante de paz y espiritualidad.
Hoy, en 2026, Elsa vive una vida tranquila en su finca en Morelos, lejos de los reflectores, rodeada de naturaleza y recuerdos de una carrera memorable.
Este artículo explora su historia, su fortuna, sus lujos y su estilo de vida actual.
Nacida en 1930 en Chihuahua, Elsa Aguirre creció en una familia militar con estabilidad económica hasta que la Segunda Guerra Mundial afectó la economía de su región.
Su familia se trasladó a la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades, enfrentando tiempos difíciles y pobreza extrema.
Fue en esta etapa cuando Elsa, junto a sus hermanas, participó en un concurso de belleza organizado por una productora cinematográfica, ganando el primer lugar a los 14 años y abriendo la puerta a su carrera en el cine.
Elsa debutó en el cine en 1946 y rápidamente se convirtió en una de las actrices más reconocidas por su belleza excepcional y talento.
Durante su mejor época, filmó alrededor de 40 películas, incluyendo clásicos como *Algo flota sobre el agua* y *Lluvia Roja*.
Su imagen quedó inmortalizada en la canción *Flor de Azalea*, que la consagró como la mujer más bella del cine mexicano.
Aunque nunca alcanzó los ingresos de algunas de sus contemporáneas más famosas, Elsa disfrutó de una carrera exitosa con ingresos considerables para la época.
Durante los años 50, Elsa ganaba entre 35,000 y 40,000 pesos por película, lo que equivaldría hoy a varios cientos de miles de pesos por filme.
Además, complementaba sus ingresos con apariciones públicas, sesiones fotográficas y contratos publicitarios.
Sin embargo, a diferencia de otras estrellas que invirtieron inteligentemente, Elsa gastaba gran parte de su fortuna en mantener un estilo de vida elegante y en su imagen, sin construir un patrimonio sólido.
Compró propiedades significativas, como una casa en Coyoacán y otra en Polanco, esta última símbolo de su éxito y también escenario de momentos difíciles debido a la violencia doméstica que sufrió en su primer matrimonio.
Tras varios divorcios y pérdidas financieras, Elsa pasó por etapas complicadas, pero siempre mantuvo su dignidad y elegancia.
Desde principios de los 2000, Elsa reside en un modesto departamento en Morelos, en Cuernavaca, una zona conocida por su clima agradable y su ambiente tranquilo.
Esta finca modesta, con dos recámaras, sala, comedor y un balcón con vista a jardines, es el refugio donde Elsa vive una vida sencilla y espiritual.
A sus 94 años, Elsa practica yoga adaptado a su edad, medita diariamente y mantiene una dieta vegetariana ligera.
Su rutina diaria incluye lectura, meditación y momentos de reflexión, muy alejada del glamour que la acompañó en su juventud.
Aunque usa oxígeno suplementario por su edad avanzada, conserva su lucidez y elegancia, siendo visitada ocasionalmente por su hermana y algunas amigas cercanas.

Elsa Aguirre no solo es recordada por su belleza y talento, sino también por su fortaleza frente a las adversidades.
Sobrevivió a un matrimonio violento, la pérdida de su único hijo y los altibajos de una carrera en la que tuvo que luchar para mantener su integridad.
Su espiritualidad y práctica del yoga le han dado la paz interior que no encontró en el mundo del espectáculo.
En 2021 publicó sus memorias, *Elsa Aguirre, la mujer que yo amé*, donde comparte sus experiencias y reflexiones sobre una vida llena de éxitos y desafíos.

Aunque nunca ganó un premio Ariel durante su carrera activa, Elsa recibió en 2003 el Ariel de Oro por su trayectoria, un reconocimiento que la emocionó profundamente.
También ha sido homenajeada por la comunidad LGBT y diversas instituciones culturales, celebrando no solo su belleza, sino también su apoyo a causas sociales y su legado como una mujer que eligió vivir según sus propios términos.
Elsa Aguirre representa la elegancia, la resiliencia y la autenticidad.
Su finca en Morelos es el símbolo de una vida que ha sabido reinventarse, alejándose del brillo de Hollywood para encontrar la tranquilidad y la espiritualidad.
A sus 94 años, sigue siendo una diva, no solo por su carrera, sino por la mujer que eligió ser: fuerte, sabia y en paz consigo misma.