🚨 ¡Cierre Total en Uruapan! El Ejército Acorrala al C*NG y Captura a Delta 1 en un Operativo Sin Precedentes
Uruapan, Michoacán, vivió uno de los momentos más tensos y determinantes de su historia reciente.
Durante 16 horas continuas, el municipio quedó completamente cerrado, sin rutas de escape visibles, sin accesos libres y bajo una vigilancia militar que transformó cada kilómetro en una zona de control absoluto.
Lo que ocurrió el 11 de diciembre de 2025 no fue un operativo común: fue una demostración de fuerza que alteró por completo el equilibrio operativo del C*NG en la región.

“16 horas de cerco total, todas las salidas bloqueadas, 53 kilómetros de frontera municipal convertidos en trampa militar”, así comenzó a narrarse una operación que marcaría un antes y un después en Michoacán.
Desde las primeras horas de la madrugada, Uruapan amaneció sitiada por un despliegue sin precedentes del Ejército mexicano, apoyado por la Guardia Nacional y sistemas de inteligencia aérea y terrestre.
Los habitantes despertaron con una imagen difícil de olvidar.
Convoyes militares ocupando avenidas completas, unidades tácticas posicionadas en cruces estratégicos, vigilancia desde puntos elevados y presencia constante de aeronaves monitoreando la periferia.
Nada fue improvisado.
Cada movimiento respondía a un plan construido durante semanas de análisis y recopilación de información.
De acuerdo con fuentes federales, Uruapan había sido identificado como el centro neurálgico de operaciones del C*NG en Michoacán.
Desde ese municipio se coordinaban movimientos de sust*ncias ilícitas hacia Jalisco y Guanajuato, aprovechando la infraestructura carretera y la cercanía con rutas serranas de difícil acceso.
No se trataba solo de violencia visible, sino de una estructura logística sólida que operaba desde las sombras.
La decisión fue contundente: no ejecutar arrestos aislados ni cateos dispersos, sino cerrar por completo el municipio y ejercer presión simultánea en todos los frentes.
El objetivo era claro: no permitir que ningún operador escapara, no dejar salir cargamentos y obligar a la estructura cr*minal a cometer errores.

A las 4:30 de la madrugada, cuando la ciudad aún dormía, los primeros convoyes comenzaron a posicionarse.
No llegaron desde un solo punto, sino desde seis direcciones distintas, asegurando accesos carreteros, brechas rurales y rutas alternas.
Cada convoy transportaba decenas de efectivos con órdenes precisas: asegurar puntos críticos antes del amanecer.
Para las 5:15, los accesos principales ya estaban bajo control.
Vehículos militares bloqueaban entradas, retenes verificaban identidades y ningún automóvil podía desplazarse sin una inspección exhaustiva.
Uruapan se había convertido en la mayor trampa militar vista en Michoacán.
Para los civiles, la sensación fue ambigua.
Hubo desconcierto inicial, pero también un sentimiento poco habitual: calma.
Comerciantes abrieron sin miedo inmediato, familias se desplazaron sin escuchar detonaciones y por horas la ciudad experimentó una tranquilidad desconocida en meses recientes.
Para el CNG, en cambio, el cerco fue devastador.
Información de inteligencia confirmaba que ese mismo día estaba programado el traslado de un **cargamento masivo de mtanfetamina**.
El cierre total del municipio dejó la operación completamente bloqueada, sin margen de maniobra.

Durante las primeras horas del operativo, fuerzas federales ejecutaron cateos simultáneos en puntos previamente identificados.
14 casas de seguridad fueron aseguradas en menos de dos horas.
En ellas se localizaron sust*ncias ilícitas, vehículos modificados y un importante arsenal.
Todo ocurrió de manera coordinada, sin dar tiempo a reacciones improvisadas.
En uno de los inmuebles, ubicado en una colonia periférica, se encontraron toneladas de m*tanfetamina listas para su traslado.
En otro, un conjunto de amas largas evidenció el nivel de preparación del grupo crminal.
Cada hallazgo confirmaba lo que la inteligencia ya advertía: Uruapan no era una plaza más, era el corazón logístico regional.
A las 10:45 de la mañana, se registró el primer intento de ruptura del cerco.
Un grupo de s*carios intentó huir por rutas serranas, sin saber que esas brechas ya estaban controladas.
La respuesta fue inmediata y abrumadora.
La mayoría se rindió al comprender que no había salida; otros fueron interceptados metros después.
Un segundo intento ocurrió horas más tarde.
Esta vez, algunos integrantes intentaron mezclarse con civiles, abandonar vehículos y ocultar su identidad.
Sin embargo, los filtros de revisión ya contemplaban esa posibilidad.
Ninguno logró escapar.

El cerco se mantuvo activo durante 16 horas completas, no como un acto simbólico, sino como una estrategia de desgaste diseñada para colapsar la operación interna del grupo.
Al final del día, el saldo era contundente: 37 detenciones, toneladas de sustncias aseguradas y más de un centenar de amas incautadas.
Pero el impacto real del operativo no se midió únicamente en cifras.
Siete días después, el 18 de diciembre de 2025, autoridades federales capturaron en Zapopan, Jalisco, a Armando Gómez Núñez, alias “Delta 1”, identificado como líder operativo de los llamados “Deltas”.
La relación entre ambos hechos fue directa.
El cerco de Uruapan obligó a los mandos a moverse, a abandonar refugios seguros y a exponerse.
Fuentes cercanas a la investigación señalan que Delta 1 creyó que reubicarse en Jalisco le daría mayor seguridad.
No sabía que ya estaba bajo seguimiento.
Su captura fue rápida, precisa y devastadora para la estructura del C*NG.
Analistas en seguridad coinciden en que el cerco de Uruapan representa una evolución en la estrategia de combate al cr*men organizado.
No se trata solo de golpes aislados, sino de control territorial prolongado que obliga a los líderes a cometer errores.

Lo ocurrido envió un mensaje claro: cuando el Estado decide cerrar un municipio completo, el cr*men organizado pierde capacidad de reacción.
Uruapan se convirtió en ejemplo de cómo una operación bien planificada puede desarticular estructuras complejas.
Aunque las autoridades reconocen que la lucha es de largo plazo, el cerco de Uruapan y la captura de Delta 1 marcan una victoria estratégica.
El tablero en Michoacán cambió.
La pregunta ahora es inevitable:
¿qué ocurrirá cuando otros municipios comprendan que pueden convertirse en el próximo Uruapan?
La presión continúa.
El mensaje está enviado.
Y el equilibrio del cr*men organizado en la región ya no es el mismo.