🤖📜 Una inteligencia artificial descifra el silencio de los Rollos del Mar Muerto y revela versiones borradas, profecías alteradas y decisiones humanas que nunca debieron salir a la luz

La IA revela que muchos Rollos del Mar Muerto podrían ser más antiguos de  lo que se cree

Todo comenzó en un lugar conocido como la Cueva del Horror.

El nombre no es una exageración.

Décadas antes, arqueólogos habían encontrado allí los restos de hombres, mujeres y niños judíos que murieron atrapados durante la revuelta de Bar Kojba contra Roma, alrededor del año 135 de nuestra era.

Sin salida, sin agua y sin rendición, eligieron morir en silencio.

Ese silencio volvió a romperse en 2021, cuando un equipo de la Autoridad de Antigüedades de Israel descendió 80 metros por un acantilado para explorar rincones que habían permanecido sellados durante más de medio siglo.

Lo que hallaron no fue espectacular a simple vista: fragmentos diminutos de pergamino, ennegrecidos, quebradizos, casi invisibles entre el polvo.

Pero esos pedazos eran parte de los Rollos del Mar Muerto.

Y esta vez, no serían estudiados solo por ojos humanos.

La cueva no solo guardaba textos.

También ocultaba historias congeladas en el tiempo.

Cerca de la entrada apareció el cuerpo momificado de un niño, enterrado con cuidado hace unos 6,000 años.

Más adentro, una enorme cesta tejida de casi 9,000 años, la más antigua jamás encontrada, hablaba de comunidades que aprendían a almacenar, a asentarse, a sobrevivir.

La cueva no era solo un escondite, era un archivo humano.

Los fragmentos recuperados, unos 80 en total, pertenecían al llamado Rollo de los Doce Profetas Menores.

Pasajes de Naúm y Zacarías emergieron lentamente.

Pero había algo extraño desde el principio.

El idioma no era hebreo, sino griego antiguo.

Y no coincidía exactamente con la Septuaginta conocida.

Era similar, pero diferente.

Qué dicen los textos de uno de los Rollos del Mar Muerto en Israel  finalmente descifrados 70 años después - BBC News Mundo

Como si alguien hubiera reescrito las ideas, no solo traducido las palabras.

Aquí es donde entra la inteligencia artificial.

Los fragmentos fueron escaneados con luz visible, infrarroja y ultravioleta.

Luego, sistemas avanzados de reconocimiento óptico, entrenados específicamente para escritura antigua, comenzaron a reconstruir letras casi borradas.

Pero la IA no se detuvo ahí.

Empezó a detectar patrones invisibles para el ojo humano: estilos de escritura, tipos de tinta, presión del trazo, ritmos irregulares.

De pronto, los pergaminos dejaron de ser textos y se convirtieron en personas.

Algunos fragmentos mostraban trazos temblorosos, tinta mal distribuida, letras apresuradas.

La IA interpretó microvariaciones que sugerían miedo, enfermedad o urgencia.

No eran errores al azar.

Eran manos humanas escribiendo bajo presión, quizá escondidas, quizá sabiendo que el tiempo se acababa.

Cada línea se convirtió en un momento de supervivencia.

El análisis reveló algo aún más perturbador.

Los rollos no provenían de una sola comunidad aislada, como se pensó durante décadas.

La variación lingüística, la química de la tinta y las técnicas de pergamino indicaban múltiples grupos trabajando en paralelo.

Una red dispersa que copiaba, modificaba y ocultaba textos mientras Jerusalén caía y el mundo judío se fragmentaba bajo la ocupación romana.

Y entonces surgieron las ausencias.

Libros fundamentales como Ester y Crónicas no aparecían por ninguna parte.

No estaban dañados.

No estaban incompletos.

Simplemente no existían en el archivo.

Otros textos mostraban cambios inquietantes: promesas mesiánicas suavizadas, mandatos divinos reformulados como acuerdos comunitarios, rituales alternativos al culto central del templo.

No eran errores.

Eran decisiones.

La inteligencia artificial detectó patrones claros de edición deliberada.

Cambios consistentes, realizados por distintas manos, en distintos lugares, pero con una lógica común.

Algunos grupos parecían aferrarse a la esperanza de un salvador.

Otros, en cambio, se preparaban para sobrevivir sin templo, sin rey, sin certezas.

La fe estaba siendo adaptada en tiempo real.

Utilizan una IA para descifrar los rollos del Mar Muerto

Lo más inquietante fue descubrir que ciertos pasajes griegos no tenían equivalente en ninguna tradición bíblica conocida.

Personajes desconocidos.

Eventos extraños.

Cosmogonías donde el mundo no nacía de la paz divina, sino del conflicto entre fuerzas cósmicas.

Versiones que nunca llegaron al canon moderno.

Los Rollos del Mar Muerto, vistos a través de la lente de la IA, dejaron de ser una confirmación del texto bíblico actual.

Se convirtieron en evidencia de un proceso caótico, humano, profundamente político.

La escritura sagrada no descendió intacta del cielo.

Fue debatida, corregida, censurada y reformulada por personas que intentaban mantener el sentido en medio del colapso.

Y ahí está lo verdaderamente inquietante.

No es que la fe desaparezca.

Es que se vuelve innegablemente humana.

Los rollos revelan que lo sagrado siempre estuvo en movimiento, moldeado por el miedo, la esperanza y la supervivencia.

La inteligencia artificial no destruyó los textos.

Quitó el silencio que los protegía.

Durante 2,000 años, esos fragmentos esperaron bajo piedra y polvo.

No para confirmar certezas, sino para desafiarlas.

Y ahora que las máquinas han aprendido a leer entre las grietas, ya no podemos fingir que no vimos lo que estaba allí.

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