Tras la muerte de Yeison Jiménez, surgieron rumores que señalan un comportamiento errático de su padre, marcado por consumo excesivo de alcohol y decisiones que generaron preocupación.

Tras la muerte de Jason Jiménez, el país entero se sumió en el dolor y la tristeza.
Miles de personas dejaron flores frente a su tumba, recordando al artista que había tocado sus corazones.
Sin embargo, mientras la nación lloraba, una sombra oscura comenzó a crecer alrededor de su familia, centrada en la figura de su padre.
No se trató de un escándalo anunciado, sino de rumores que comenzaron a circular en voz baja, en cantinas de barrio y en redes sociales, donde el nombre del progenitor del cantante empezó a ser mencionado con preocupación.
En los días posteriores al funeral, el comportamiento del padre de Jason llamó la atención de quienes lo conocían.
Mientras su madre se mantenía recluida en el dolor, aferrada a los recuerdos de su hijo, él optó por un camino errático y autodestructivo.
“No parecía un hombre en duelo”, comentaban algunos testigos.
“Parecía alguien huyendo”.
Fuentes no oficiales aseguran que, apenas terminaron los actos fúnebres, el padre fue visto en distintos establecimientos nocturnos, consumiendo alcohol en exceso.
“No era solo una salida aislada, eran noches continuas de embriaguez”, relató un conocido.

El desconcierto fue palpable.
El padre de uno de los artistas más queridos del país ahogando sus penas en botellas mientras el duelo aún estaba fresco.
A medida que pasaban los días, las versiones se tornaron más delicadas.
Personas cercanas al entorno familiar afirmaban que el padre había comenzado a vender bienes que Jason le había regalado en vida.
“El primero en desaparecer fue el carro que su hijo le entregó como símbolo de apoyo”, aseguraron.
Esta venta, realizada rápidamente y sin mayor explicación, encendió las alarmas.
“¿A dónde fue a parar ese dinero?”, se preguntaban muchos.
Las mismas versiones indicaban que el efectivo obtenido no se destinó a asuntos familiares, sino al sostenimiento de viejos vicios.
“Lo vi gastar sin medida, como si el dinero no tuviera fin”, comentó un testigo.
La inquietud creció: ¿está el padre de Jason Jiménez dilapidando la herencia emocional y material de su propio hijo? Algunos allegados afirmaron que la venta no se detuvo ahí; se hablaba de otros objetos, recuerdos que parecían ser desechados.
“Cada venta era como una renuncia a la memoria de Jason”, lamentaron.
Sin embargo, no todos interpretaban la situación de la misma manera.
Algunos defendían al padre, argumentando que estaba atravesando una profunda crisis emocional.
“El alcohol no es celebración, es anestesia”, sostenían.
A pesar de esto, las críticas no tardaron en aparecer.
En redes sociales, los seguidores de Jason expresaron su indignación.
“Jason luchó contra la pobreza, trabajó sin descanso para su familia.
Ver que su esfuerzo podría ser desperdiciado es devastador”, afirmaron muchos.

Las preguntas se multiplicaban.
¿Está realmente malgastando el dinero de su hijo o es un padre destruido incapaz de manejar la pérdida? ¿Hasta dónde llegan los rumores y dónde empieza la verdad? La figura paterna de Jason, hasta ahora casi invisible, se encontraba en el centro de una controversia incómoda.
Esta historia, dolorosa y divisoria, obligaba a mirar más allá del escenario y la fama.
A veces, después de la muerte de un ídolo, las batallas más duras no se libran en los tribunales, sino dentro de la propia familia.
Con el paso de los días, los rumores sobre el padre de Jason no solo continuaron, sino que crecieron como una bola de nieve.
Lo que al principio eran simples comentarios se convirtieron en una avalancha de versiones y testimonios que pintaban un retrato cada vez más oscuro.
Personas que afirmaban haberlo conocido desde antes de la fama comenzaron a hablar.
“Su comportamiento actual no es algo nuevo, es la repetición de viejos hábitos que Jason intentó controlar”, decían.
Las historias sobre el dinero se volvieron más graves.
Ya no se hablaba solo de la venta de objetos personales.
Comenzaron a circular versiones sobre intentos de negociar propiedades y cuentas que Jason había dejado organizadas.
“¿Cuánto queda? ¿Cuánto puedo usar?”, se escuchaba preguntar al padre, según rumores.
Para muchos seguidores, esta idea resultaba devastadora.
Jason no solo era un artista exitoso, era un símbolo de superación.
“Saber que el fruto de su lucha podría desaparecer en cuestión de meses genera rabia y tristeza”.
Las versiones más extremas apuntaban a un aumento en el consumo de alcohol.
“Ya no es ocasional, se ha vuelto constante”, se decía.
Algunos testigos afirmaban que lo habían visto acompañado de personas desconocidas que aprovechaban su vulnerabilidad.
“¿Quién está cuidando al padre de Jason Jiménez?”, se preguntaban muchos.
La urgencia de la situación llevó a algunos a pedir intervención.
“Alguien debería actuar, congelar parte de la herencia para evitar un desastre irreversible”.
El silencio del entorno familiar intensificó las dudas.
No había comunicados ni desmentidos claros, y cuando no hay palabras oficiales, los rumores ocupan ese espacio sin piedad.
La conversación no era solo sobre el padre de Jason, sino sobre el dolor, la culpa y la responsabilidad.
La tragedia había abierto heridas antiguas y las había convertido en un espectáculo público.
La historia del padre de Jason Jiménez se ha convertido en un espejo incómodo.
Refleja cómo la fama, la tragedia y el dinero pueden mezclarse de la peor manera.
Mientras el país sigue cantando las canciones de Jason, su nombre ahora aparece ligado a una historia paralela que nadie esperaba contar.
Una historia que aún no tiene final.
¿Logrará detenerse antes de perderlo todo? ¿O estamos presenciando el último capítulo de un hombre que nunca logró escapar de sus sombras? El desenlace aún no está escrito, pero el tiempo corre y cada día que pasa la preocupación crece.