La mañana del 27 de diciembre de 2024 marcó un antes y un después en la vida de Rocío Sánchez Azuara.

La reconocida conductora mexicana, conocida por su carácter firme y su defensa constante de mujeres víctimas de injusticias, se encuentra hoy hospitalizada tras sufrir un violento accidente automovilístico que, para muchos, dista mucho de ser un simple hecho fortuito.
Las circunstancias que rodean el choque, los testimonios de testigos y los antecedentes recientes de amenazas han despertado una ola de sospechas que sacuden tanto a la opinión pública como al mundo del espectáculo.
Rocío salió de su casa en el sur de la Ciudad de México poco antes de las siete de la mañana, siguiendo la rutina que había mantenido durante años.
Había dormido pocas horas, como solía ocurrirle cuando se quedaba trabajando hasta tarde revisando casos para su programa.
Vestida con la elegancia que siempre la ha caracterizado, abordó su camioneta blindada, una medida de seguridad que había tomado meses atrás tras recibir advertencias y amenazas relacionadas con su labor periodística.
Nada parecía fuera de lo normal en ese amanecer tranquilo y con calles casi vacías.
Sin embargo, a escasos minutos de haber iniciado su trayecto, todo cambió de forma abrupta.
Desde una calle lateral, una camioneta negra con vidrios polarizados salió a gran velocidad y se impactó violentamente contra el costado del vehículo de la conductora.
El golpe fue tan fuerte que la camioneta de Rocío se levantó del suelo, giró y terminó volcada sobre el pavimento.
El estruendo despertó a vecinos de la zona y dejó una escena de destrucción total.

Lo que más inquietud generó no fue solo la violencia del impacto, sino la reacción del responsable.
Lejos de detenerse para auxiliarla o pedir ayuda, el conductor de la camioneta negra aceleró y huyó del lugar a toda velocidad, dejando marcas de llantas en el asfalto.
Para muchos, ese detalle resulta clave: la huida inmediata refuerza la idea de que no se trató de un accidente común, sino de un acto deliberado.
Tres testigos presenciales aportaron relatos que coinciden en puntos fundamentales.
Don Roberto, un vecino jubilado que se encontraba regando su jardín, aseguró haber visto al conductor huir sin dudar, y recordó un detalle particular: llevaba un sombrero grande de estilo ranchero y lentes oscuros, a pesar de que aún no amanecía por completo.
Doña Lupita, otra vecina, afirmó que la camioneta negra parecía estar esperando escondida entre otros vehículos y que arrancó justo cuando pasó Rocío, como si todo estuviera calculado.
El testimonio más contundente fue el de Maritza, una joven que se dirigía a su trabajo en bicicleta y que grabó el accidente con una cámara instalada en su celular.
En el video, según su declaración, se aprecia claramente que el vehículo agresor estaba detenido y que el impacto no fue casual.
Mientras afuera se reunían los vecinos y llegaban los servicios de emergencia, Rocío permanecía atrapada dentro de su camioneta.
Con el cuerpo adolorido, sangrando por una herida en la cabeza y con dificultad para respirar, vivió minutos de auténtico terror.

El cinturón de seguridad, que probablemente le salvó la vida, la mantenía inmovilizada en una posición dolorosa, y la puerta del lado del conductor estaba completamente aplastada.
Su mayor temor era que el vehículo se incendiara antes de que llegara ayuda.
Los bomberos tardaron varios minutos en liberarla, utilizando herramientas hidráulicas para cortar el metal y extraerla por el techo.
Fue trasladada de inmediato al hospital, donde los médicos confirmaron que, aunque estaba fuera de peligro, presentaba tres costillas fracturadas, una contusión cerebral leve, múltiples golpes y una herida en la cabeza que requirió sutura.
Su recuperación física tomará semanas, pero el impacto emocional podría prolongarse mucho más.
El caso adquirió una dimensión aún más delicada cuando comenzaron a circular versiones que relacionan el atentado con conflictos recientes entre Rocío Sánchez Azuara y figuras poderosas del medio artístico.
En particular, se ha señalado la tensión existente con Pepe Aguilar, luego de que la conductora abordara en su programa temas sensibles relacionados con matrimonios arreglados y dinámicas de control dentro de familias influyentes del espectáculo.
Aunque nunca mencionó nombres, muchos interpretaron sus palabras como una referencia directa al entorno de la familia Aguilar, lo que habría provocado molestia y reacciones indirectas.

A esto se suma que, semanas antes del accidente, Rocío habría denunciado llamadas telefónicas intimidantes, mensajes amenazantes y la presencia de vehículos sospechosos rondando su casa.
Según versiones cercanas, estas situaciones fueron reportadas a las autoridades, pero no se les dio la importancia necesaria.
Hoy, tras el violento choque, esas advertencias adquieren un peso inquietante.
El comunicado emitido rápidamente por el equipo legal de Pepe Aguilar, deslindándose de cualquier responsabilidad y advirtiendo sobre posibles acciones legales por difamación, también ha generado suspicacias.
Para muchos, la rapidez y el tono defensivo del mensaje contrastan con la gravedad del hecho y alimentan preguntas que aún no tienen respuesta.
Hasta el momento, las autoridades han acordonado la zona como escena de crimen y aseguran que el caso está bajo investigación.
El video grabado por la testigo y los testimonios coincidentes podrían ser determinantes para esclarecer lo ocurrido.
Sin embargo, persiste la duda sobre si habrá voluntad real de llegar al fondo del asunto cuando en el entorno aparecen nombres con poder, dinero e influencia.

La hospitalización de Rocío Sánchez Azuara no solo ha encendido las alarmas por su estado de salud, sino que ha reabierto un debate profundo sobre la seguridad de los periodistas y conductores que se atreven a hablar de temas incómodos.
Para muchos de sus seguidores, este no fue un accidente, sino un intento de silenciar a una mujer que se ha negado a callar.
Mientras ella se recupera, la pregunta sigue en el aire: ¿fue un hecho fortuito o un atentado cuidadosamente planeado? La respuesta podría marcar un precedente importante en la lucha por la verdad y la justicia en el mundo del espectáculo mexicano.