Lila Downs es una de las voces más emblemáticas de la música tradicional mexicana contemporánea.
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A sus 57 años, la cantante y activista ha revelado aspectos de su vida y carrera que hasta ahora permanecían en un segundo plano, mostrando un lado más humano y complejo que va más allá del escenario y la fama.
Ana Lila Downs Sánchez nació el 9 de septiembre de 1968 en Tlaxiaco, Oaxaca, México.
Su linaje es un reflejo de la diversidad cultural que caracteriza a su obra: es hija de Anita Sánchez, cantante de cabaret indígena mixteca con raíces zapotecas, y de Allen Downs, un profesor estadounidense originario de Minnesota con ascendencia escocesa.
Esta mezcla cultural ha sido fundamental para la identidad artística y personal de Lila.
Desde muy pequeña, Lila estuvo en contacto con la música tradicional.
A los 8 años ya cantaba rancheras y canciones típicas de Oaxaca, conectando con las raíces de su tierra.
A los 14 años se mudó a Estados Unidos, donde inició estudios de técnica vocal en Los Ángeles.
La muerte repentina de su padre cuando tenía 16 años fue un golpe profundo que marcó un antes y un después en su vida.
Tras el fallecimiento de su padre, Lila regresó a Oaxaca con su madre.
Allí vivió una experiencia que la impactó profundamente: un vecino indígena le pidió que tradujera el acta de defunción de su hijo, documento que apenas podía entender por el idioma.
Este momento despertó en Lila un sentido de injusticia y la determinación de dar voz a las comunidades indígenas, migrantes y trabajadores rurales que muchas veces son invisibilizados.

De regreso en Estados Unidos, estudió antropología en la Universidad de Minnesota, donde conoció a Paul Cohen, saxofonista y su futuro compañero musical y de vida.
Impulsada por Cohen, Lila se dedicó por completo a la música, perfeccionando su estilo y profundizando en sus raíces culturales.
Su carrera comenzó formalmente en 1989 cuando se unió al grupo Los Cadetes de Yodoyuxi, con quienes interpretaba ritmos tradicionales en eventos comunitarios.
En 1994 lanzó su primer álbum independiente, *Ofrenda*, que aunque no tuvo éxito comercial, definió su identidad artística basada en la música tradicional mexicana y lenguas originarias como el mixteco y zapoteco.
En 1999, firmó con el sello Narada y lanzó *La Sandunga*, su álbum que la catapultó a la fama internacional.
Este trabajo fusionó sonidos ancestrales con géneros modernos como jazz, blues y bolero, mostrando una propuesta fresca y auténtica.
Canciones como “Canción Mixteca” y “El Venadito” la dieron a conocer en Estados Unidos y Europa, donde su música fue recibida con entusiasmo.
Su siguiente álbum, *Árbol de la Vida* (2000), profundizó en la fusión de instrumentos prehispánicos con arreglos contemporáneos, consolidando su presencia en el circuito mundial de la música tradicional y de fusión.
La gira que acompañó este disco la llevó por América Latina, Europa y Estados Unidos, ampliando su base de seguidores.

Lila Downs no solo es una cantante, sino también una activista comprometida con causas sociales.
Desde sus inicios ha usado su plataforma para visibilizar las problemáticas de migrantes, pueblos indígenas y mujeres.
Ha apoyado iniciativas como el fondo de becas Guadalupe Musalem para mujeres indígenas, y ha participado en movimientos sociales como la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), lo que incluso le costó prohibiciones para presentarse en Oaxaca durante tres años.
Su activismo trasciende fronteras.
Ha colaborado en campañas internacionales como la de conservación del agua de la fundación OneDrop junto a Salma Hayek y ha participado en el movimiento global Playing for Change, que promueve la paz a través de la música.
La relación con Paul Cohen fue fundamental para su carrera y vida personal.
Juntos formaron un equipo artístico sólido y una familia.
En 2010 adoptaron a su hijo Benito, un momento que Lila describe como profundamente transformador.
La familia divide su tiempo entre Coyoacán y Oaxaca, dos lugares que definen su identidad.
La muerte de Paul Cohen en diciembre de 2022 fue un golpe muy fuerte para Lila, cerrando un capítulo importante en su vida y su música.
Sin embargo, su compromiso con la cultura y la justicia social sigue intacto.
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Recientemente, Lila Downs habló sobre la polémica en torno a Yaritza, joven vocalista de regional mexicano, defendiendo su derecho a expresarse y señalando que la crítica desmedida reflejaba tensiones históricas y un rechazo hacia los mexicoamericanos.
Lila subraya que la identidad es compleja y que es posible habitar múltiples raíces culturales sin perder la esencia.
Para ella, abrazar la tradición no significa rechazar la modernidad, sino encontrar un equilibrio que permita a la identidad evolucionar sin perder su base.
Esta visión se refleja en su música, que cruza idiomas y géneros, siempre anclada en la dignidad y pertenencia.
Más allá de la música, Lila tiene una profunda conexión con la cocina tradicional, legado de su abuela y su cultura mixteca.
Para ella, la comida es un acto de vida y memoria, un intercambio vivo que honra el entorno y las tradiciones locales.
La muerte también es un tema recurrente en su vida y obra.
Desde la adolescencia, ha mantenido rituales como la colocación de altares para honrar a los seres queridos, entendiendo la muerte como una presencia que invita a la reflexión y a la creatividad.

La carrera de Lila Downs está marcada por la valentía de mantener su voz y visión sin concesiones.
Ha recibido múltiples premios Latin Grammy que reconocen no solo su excelencia musical sino su compromiso con la cultura y la justicia social.
Su activismo en favor de la comunidad LGBTQ+, su participación en eventos del orgullo y su apoyo constante durante la pandemia demuestran su solidaridad y apertura.
Lila Downs es mucho más que una cantante: es un puente entre mundos, una defensora incansable de la identidad indígena y mexicoamericana, y una artista que ha sabido transformar el dolor, la pérdida y la resistencia en un arte vivo y poderoso.
Su historia nos invita a reflexionar sobre la importancia de las raíces, la pertenencia y la valentía para enfrentar las adversidades, manteniendo siempre la autenticidad.