Vivir a la sombra de una leyenda no es tarea fácil.

Priscilla Presley, esposa del icónico Elvis Presley, ha decidido a sus 79 años romper el silencio y revelar detalles inéditos y profundos sobre su relación con el Rey del Rock, una historia llena de amor, sacrificios, desafíos y secretos que permanecieron ocultos durante décadas.
La historia de Priscilla y Elvis comenzó en Alemania Occidental en septiembre de 1959, cuando ella tenía apenas 14 años y él 24.
Fue en una fiesta cerca de la base militar donde Elvis estaba destinado por su servicio en el ejército.
Desde ese primer encuentro, marcado por la curiosidad y la fascinación mutua, se inició un vínculo que cambiaría para siempre la vida de Priscilla.
La juventud de Priscilla estuvo marcada por la pérdida temprana de su padre, un piloto de la Marina que murió cuando ella tenía solo seis meses.
Criada en una familia militar con frecuentes mudanzas, Priscilla encontró en Elvis una figura de apoyo emocional, especialmente en un momento en que él mismo enfrentaba la presión de su carrera musical y la pérdida de su madre.
Elvis, conocido por su personalidad sentimental y conservadora, especialmente en cuanto a las mujeres, comenzó a moldear a Priscilla para encajar en su ideal de esposa.
Ella recuerda cómo él seleccionaba su ropa, peinado y maquillaje, y cómo su relación se mantenía en secreto, especialmente porque los padres de Priscilla se oponían inicialmente a la relación.
La pareja enfrentó numerosas dificultades, desde la distancia física cuando Elvis regresó a Estados Unidos, hasta la constante atención mediática y la presión del manager de Elvis, el coronel Tom Parker, quien quería mantener la imagen de un Elvis soltero para no perder la atención de sus fans.
Priscilla se mudó finalmente a Graceland en Memphis para terminar sus estudios, viviendo en un ambiente de lujo pero también de soledad.
La relación con Elvis era intensa pero complicada, con rumores de infidelidades y la lucha de Elvis contra la dependencia a medicamentos recetados.
En 1967, la pareja se casó en una ceremonia íntima en Las Vegas, lejos del circo mediático que siempre los rodeó.
La boda marcó un antes y un después en sus vidas, consolidando su unión ante el mundo, aunque las dificultades no desaparecieron.
Nueve meses después de la boda, nació Lisa Marie Presley, la única hija de la pareja.
Aunque Elvis adoraba a su hija, Priscilla recuerda que él tenía limitaciones como padre y que la vida familiar giraba en torno a Elvis y su felicidad.
Con el tiempo, la relación comenzó a cambiar.
Priscilla encontró en el karate una pasión compartida con Elvis, pero también una fuente de distanciamiento cuando empezó una aventura sentimental con su instructor Mike Stone.
Esta situación, junto con la creciente dependencia de Elvis a los medicamentos, llevó a Priscilla a tomar la difícil decisión de separarse.
En 1973, Priscilla y Elvis se divorciaron en términos amistosos, manteniendo una relación de respeto y cariño.
Elvis siempre negó que la separación fuera por infidelidades, atribuyéndola a las exigencias de su carrera.

A pesar de la separación, Priscilla y Lisa Marie continuaron visitando Graceland, y la relación entre Elvis y Priscilla siguió siendo cercana, lo que contribuyó a que Lisa Marie creciera en un ambiente de estabilidad emocional.
La muerte de Elvis en 1977 fue un golpe devastador para Priscilla.
Ella recuerda con dolor el momento en que recibió la noticia y cómo enfrentó la desolación en Graceland, rodeada de familiares y amigos.
Tras la muerte de Elvis y de su padre Bernon Presley, Priscilla asumió la responsabilidad de preservar el legado familiar y la mansión Graceland, que hoy es un santuario para millones de admiradores en todo el mundo.
Priscilla ha hablado en varias ocasiones sobre la influencia que Elvis tuvo en su vida, describiéndolo como su mentor, confidente y el amor más importante que tuvo.
Aunque tuvo otras relaciones, nunca volvió a casarse, afirmando que nadie podría igualar la importancia de Elvis en su vida.
Recientemente, Priscilla ha expresado su admiración por la película biográfica “Elvis” y la actuación de Austin Butler, destacando cómo la película captura la esencia del hombre detrás de la leyenda.
La vida de Priscilla Presley, entrelazada con la de Elvis, es un relato de amor, sacrificio y resiliencia.
Sus revelaciones a los 79 años ofrecen una perspectiva única y humana sobre una de las parejas más icónicas de la historia del entretenimiento, mostrando que detrás del brillo y la fama, existió una relación compleja y profundamente humana.