Danny Daniel, cuyo nombre real es Daniel Candón de la Campa, es un nombre que ha resonado en los hogares de España y América Latina desde los años 70 gracias a sus baladas románticas inolvidables, como “Por el amor de una mujer”.

Sin embargo, detrás de esa voz melódica y esa fama que parecía eterna, se esconde una historia de dolor, pérdida y lucha que pocos conocen y que él mismo ha decidido revelar a los 83 años.
Nacido en Gijón, España, Danny Daniel tuvo en su juventud dos grandes pasiones: el fútbol y la música.
Su padre, viendo su talento musical, lo animó a estudiar solfeo y le regaló un acordeón.
Pero fue el fútbol el que dominó sus primeros años, llegando a jugar profesionalmente en equipos regionales.
Todo cambió a los 26 años cuando una grave lesión de ligamentos en la rodilla derecha terminó con su carrera deportiva y con la vida que él conocía.
Este golpe existencial lo llevó a dejar Gijón y emprender un viaje que lo llevaría primero a Madrid, luego a Mallorca, y finalmente a Escandinavia, donde trabajó en empleos rudos y soportó inviernos extremos.
Fue en Suecia donde conoció a Inger, su gran amor, cuya trágica muerte en un accidente de coche marcó profundamente su alma y su música.
De regreso a Mallorca, Danny Daniel comenzó a cantar para sobrevivir, transformando su duelo en versos y melodías.
Su canción “El vals de las mariposas” es un ejemplo de esa poesía delicada y melancólica que reflejaba la fragilidad de la felicidad y la pérdida.
Para él, la música no era solo un género romántico, sino la expresión de recuerdos, despedidas y obsesiones profundas.
A lo largo de los años 70, sus relaciones amorosas intensas y a menudo dolorosas alimentaron su inspiración.
Su colaboración y romance con la cantante estadounidense Dona High Tower le dio éxitos internacionales, pero también terminó en separación.
Más tarde, su relación con Marcia Bell, una cantante argentina, fue otro capítulo glamoroso pero efímero en su vida.
El capítulo más oscuro en la vida de Danny Daniel fue la historia de su hijo Daniel Junior, fruto de su matrimonio con Rocío Castilla, una exmiss Guayaquil.
Tras una separación conflictiva, Danny se llevó al niño a España sin un acuerdo formal de custodia, temiendo que la familia de Rocío le impidiera verlo.
Lo que él describe como una decisión desesperada desencadenó una batalla legal y emocional.
El padre de Rocío intervino personalmente y, bajo engaños, se llevó al niño de vuelta a Ecuador sin que ningún tribunal autorizara la acción.
Durante 25 años, Danny Daniel no tuvo noticias de su hijo, quien creció creyendo que su padre lo había abandonado, una herida que marcó para siempre la vida del cantante.
El breve reencuentro que tuvieron en los años 2000 fue frío y distante, y nunca volvieron a verse.
Además del dolor personal, Danny Daniel enfrentó una lucha legal por la autoría de su canción más emblemática, “Por el amor de una mujer”.
Esta melodía fue plagiada y renombrada como “La dona” por el grupo Gypsy Kings, quienes la grabaron y vendieron millones de discos sin reconocer al verdadero autor.

Aunque un juez en Francia reconoció el plagio, la indemnización fue mínima y la batalla legal en España terminó en 2023 con la desestimación de su demanda.
El tribunal consideró que Danny tuvo oportunidades para actuar y que su informe pericial no era válido.
Warner Chapel Music y la SGAE fueron absueltas de negligencia, dejando al cantante sin justicia real.
A pesar de la derrota judicial, Danny Daniel y su esposa Pitibetan Kururt no se rindieron.
Ella estudió derecho de autor para apoyarlo y denunciaron la negligencia de las instituciones que debían proteger sus derechos.
La historia de Danny Daniel se convirtió en un símbolo de la lucha de los artistas contra la industria musical.
Lejos de rendirse, a sus 83 años, Danny Daniel ha seguido componiendo y cantando.
En 2016 lanzó el álbum “La voz de mi alma”, un proyecto que mezcló baladas clásicas con ópera y música latina, mostrando una voz envejecida pero llena de verdad y emoción.
Sus conciertos en América Latina siguen llenándose, no por nostalgia, sino por la sinceridad y autenticidad que transmite.
En casa, es esposo, padre de cuatro hijos y abuelo, aunque lamenta no haber conocido a sus nietos.
Su esposa Pitty ha sido su ancla y compañera en todas las tormentas, apoyándolo en la batalla legal y en la vida cotidiana.

Danny Daniel escribe canciones para sí mismo, líneas que a veces no salen del papel, como una forma de procesar su dolor y encontrar paz.
Aunque le quitaron los créditos y el dinero, sabe que la canción es suya, y eso le basta.
La historia de Danny Daniel es mucho más que la de un cantante romántico exitoso.
Es la historia de un hombre marcado por la pérdida, la injusticia y la resiliencia.
A sus 83 años, finalmente admite lo que muchos sospechábamos: detrás de su música hubo un dolor real, una lucha constante por la verdad y el reconocimiento.
Su legado no solo son sus canciones, sino también su ejemplo de perseverancia y autenticidad en un mundo que a menudo olvida a sus verdaderos creadores.
Danny Daniel sigue cantando, no para ser famoso, sino para contar su verdad y buscar la paz que tanto ha merecido.