Raúl De Molina, conocido mundialmente como “El Gordo” de *El Gordo y la Flaca*, no solo es una figura icónica de la televisión hispana, sino también un hombre que ha convertido su carrera en un estilo de vida envidiable.

En 2026, su vida está marcada por el lujo, el arte, los viajes y una dedicación incansable a su trabajo, que lo mantiene activo y lejos del retiro.
Este artículo explora cómo es la vida de Raúl De Molina detrás de cámaras y qué significa realmente vivir a lo grande en su mundo.
La historia de Raúl no comenzó en un set de televisión ni en una sala de juntas, sino con una cámara en mano y mucha ambición.
En los años 80, Raúl trabajaba como fotógrafo para la Associated Press y colaborador independiente para prestigiosas revistas como *Time*, *Newsweek* y *Life Magazine*.
Sus imágenes capturaban desde redadas antidrogas hasta celebridades en las playas de Miami, y ese trabajo fue su boleto para entrar al mundo del entretenimiento.
Su carisma frente al lente llamó la atención de productores, y en 1998 se unió a *El Gordo y la Flaca* junto a Lili Estefan.
Desde entonces, su carrera se disparó, y hoy en día Raúl gana aproximadamente 15 millones de dólares al año, según Celebrity Networ, con un patrimonio estimado en 50 millones de dólares gracias a su programa, apariciones, libros y participaciones accionarias.
Raúl y su esposa Milly viven en un lujoso apartamento en el piso 37 de la Torre Rise en Brickell City Center, una de las zonas más exclusivas de Miami.
Comprado en 2017 por 2. 6 millones de dólares, el apartamento tiene 2,740 pies cuadrados con ventanas de piso a techo que ofrecen vistas panorámicas del skyline de Miami, la bahía de Biscayne y el río Miami.

El apartamento no es solo un espacio para vivir, es un reflejo de la personalidad y las pasiones de Raúl.
Cada pared está adornada con piezas de arte cuidadosamente seleccionadas, que incluyen modernistas cubanos como René Porto Carrero, vanguardistas como Alexis Leiva Machado (Catecho), y obras de artistas latinoamericanos emergentes que Raúl ha descubierto en sus viajes.
También hay fotografías que él mismo tomó en sus días como fotoperiodista.
Su sala de vinos, con etiquetas de casi todos los países que ha visitado, es otro punto destacado.
Aunque Raúl colecciona las botellas, bromea que su esposa es la que realmente las disfruta.
Además, el apartamento cuenta con un gran comedor para 12 personas, una cocina moderna utilizada por chefs privados, y una oficina privada donde guarda sus archivos y recuerdos de décadas en la industria.
Curiosamente, su lugar favorito en la casa no es el comedor ni la sala de vinos, sino el baño principal, un espacio amplio y silencioso donde puede desconectarse del mundo.
Aunque Miami es su base principal, Raúl ha tenido varias residencias a lo largo de los años.
Antes de mudarse a Brickell, vivió en Key Biscayne, un barrio isleño exclusivo ideal para criar a su hija Mia en un ambiente tranquilo y privado.
Además, ha disfrutado de propiedades vacacionales en destinos exclusivos del Caribe, como La Romana en República Dominicana, donde suele pasar tiempo en la mansión de un amigo.
Se rumorea que tiene una participación en un apartamento en el Upper West Side de Manhattan, decorado con el mismo cuidado que su hogar en Miami.
También ha contemplado comprar un refugio campestre en España, cerca de Madrid, para conectar con sus raíces y posiblemente retirarse allí algún día.
Raúl es tan apasionado de los autos como de la gastronomía.
Su colección incluye un Rolls Royce Ghost, un Bentley Continental GT y un Porsche personalizado, que no solo exhibe sino que conduce y disfruta.
Ha vivido experiencias únicas como alquilar deportivos clásicos en Mónaco, recorrer La Toscana al volante, y disfrutar de resorts temáticos de autos en Dubái.
Sus viajes son otro pilar fundamental de su vida.
Más allá del lujo, Raúl utiliza los viajes para educar a su hija y ampliar sus horizontes culturales.
Han recorrido templos en el Tíbet, mercados en Marrakech, monasterios en Nepal, safaris en Sudáfrica, y sitios históricos como Petra en Jordania o la Gran Muralla China.
Estas experiencias, documentadas en redes sociales por Mia, son recuerdos de una familia unida por el amor y la curiosidad.
Mía, la hija de Raúl, ha sido el centro de su vida, no solo emocionalmente sino también en lo financiero.
Raúl ha invertido cerca de un millón de dólares en su educación universitaria en Washington D.C., asegurándose de que tenga un apartamento seguro, una generosa mesada y acceso a comodidades exclusivas.
Aunque Mía tuvo un inicio universitario complicado, con bajas calificaciones y vida social intensa, con la guía firme de sus padres logró graduarse con disciplina y resiliencia.
Raúl admite que estos gastos han afectado su propio plan de retiro, pero no se arrepiente de apoyar a su hija.

A pesar de su fortuna y éxito, Raúl no piensa en retirarse pronto.
En entrevistas ha sido claro: su estilo de vida exige ingresos constantes.
Si dejara de trabajar, tendría que renunciar a las cenas en restaurantes exclusivos, viajes en primera clase y hospedajes de lujo, algo que no está dispuesto a hacer.
Además, su compromiso con el trabajo es una fuente de energía y satisfacción.
No teme al aburrimiento, sino a perder la calidad de vida que ha construido con esfuerzo.
Prefiere seguir activo, reinventándose y explorando nuevas oportunidades, como un futuro programa de viajes y gastronomía.
Como toda figura pública, Raúl ha enfrentado controversias, como disculparse públicamente con Frida Sofía por comentarios inapropiados o tener desacuerdos con colegas.
Sin embargo, estas experiencias lo han humanizado y reforzado su autenticidad.
Raúl no solo piensa en el presente, sino en el legado que dejará.
Su trabajo fotográfico ha sido exhibido en museos, y sueña con nuevos proyectos que reflejen su pasión por la cultura, el arte y la gastronomía.
En resumen, la vida de Raúl De Molina en 2026 es un equilibrio entre lujo, pasión y responsabilidad.
Su historia es la de un hombre que ha sabido transformar su trabajo en un estilo de vida único, que disfruta plenamente sin perder la conexión con sus raíces y valores.