Vicente Fernández, conocido como “El Charro de Huentitán”, fue una de las voces más emblemáticas de México y un ícono de la música ranchera.

Su vida estuvo marcada por un ascenso desde orígenes humildes hasta convertirse en una figura de enorme poder, riqueza y reconocimiento.
Más allá de sus canciones, Vicente construyó un imperio que incluía mansiones millonarias, ranchos legendarios y una colección de autos que reflejaban su éxito y estilo de vida.
La fortuna de Vicente Fernández, estimada en alrededor de 25 millones de dólares (casi 500 millones de pesos mexicanos), fue el resultado de una carrera que abarcó más de cinco décadas.
Su debut profesional comenzó en 1965 y rápidamente ganó popularidad con éxitos como “Perdóname” y “Tu camino y el mío”.
Su fama se consolidó con interpretaciones en vivo de clásicos como “Volver, Volver”, y su trabajo con Televisa lo catapultó a la fama internacional.
Durante los años 70 y 80, Vicente fue apodado el “Sinatra de las rancheras”, y sus ventas de discos superaron los 75 millones a nivel mundial.
Además, su voz fusionaba la tradición del mariachi con una tesitura operística única, manteniéndolo vigente por décadas.
El símbolo más emblemático de su éxito fue el rancho Los Tres Potrillos, ubicado en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco.
Con una extensión entre 500 y 1000 hectáreas, este rancho era más grande que muchos pueblos mexicanos y funcionaba como residencia privada, criadero profesional de caballos pura sangre, museo y complejo de entretenimiento.
El rancho contaba con una capilla privada, caballerizas de estilo charro, salones revestidos con mármol y madera tallada a mano, y un bar privado con decoración rústica al estilo del viejo oeste.
Su arena profesional podía albergar miles de personas para rodeos, conciertos y eventos especiales.
Además, los jardines eran extensos y cuidados, con lagos artificiales, fuentes y senderos para cabalgar.

En este espacio, Vicente criaba caballos de élite, muchos valuados en cientos de miles de dólares, con dietas especializadas y cuidados veterinarios de primer nivel.
Para él, estos animales eran parte de la familia, y solía montar a sus favoritos al amanecer.
Antes de establecerse en Los Tres Potrillos, Vicente vivió en una lujosa residencia en Guadalajara, donde sentó las bases de su imperio.
También realizó inversiones estratégicas en bienes raíces en Estados Unidos, especialmente en Los Ángeles, para facilitar sus giras y mantener estabilidad financiera.
La familia Fernández gestionaba un portafolio diversificado que incluía ranchos, casas de descanso y propiedades comerciales vinculadas a la marca Los Tres Potrillos, generando ingresos constantes más allá de la música.
A diferencia de otros artistas, Vicente Fernández no se inclinó por autos deportivos o extravagantes.
Su vehículo más emblemático fue la Cadillac Escalade, un SUV de lujo que combinaba comodidad, potencia y presencia imponente.
También utilizaba un Mercedes-Benz clase S para eventos formales y un Lincoln Town Car para viajes largos, destacando siempre la funcionalidad y dignidad.
En el rancho, la flota incluía camionetas Ford y Chevrolet Heavy Duty para labores agrícolas y transporte dentro de la propiedad.
Vicente también invirtió en maquinaria agrícola de alta gama, esencial para el funcionamiento eficiente del rancho.

Vicente comprendió el valor de su nombre y lo convirtió en una marca poderosa.
Lanzó el tequila Los Tres Potrillos y una línea de productos oficiales como botas, sombreros, trajes de charro y cinturones.
Además, su participación en más de 30 películas durante las décadas de 1970 y 1980 añadió otra fuente de ingresos.
Su imperio empresarial fue gestionado con agudeza, con su familia asumiendo roles clave en la administración y expansión de sus negocios.
Tras su fallecimiento en diciembre de 2021, Vicente Fernández dejó un legado musical y empresarial impresionante, pero también una serie de disputas y controversias familiares.
La cobertura mediática de su muerte y las posteriores disputas por su herencia convirtieron el rancho en epicentro de un intenso debate público.
Una serie biográfica no autorizada generó rechazo por parte de la familia, que buscó proteger el legado del cantante.
A pesar de ello, la influencia de Vicente Fernández sigue vigente, y su rancho continúa siendo un símbolo de su vida y obra.
La vida de Vicente Fernández fue un reflejo de la mezcla entre tradición, éxito y humildad.
Su riqueza no solo se mide en propiedades y autos, sino en la huella cultural que dejó en México y el mundo.
Los Tres Potrillos, sus caballos, su música y su legado familiar forman parte de una historia que trasciende generaciones, recordándonos al charro que conquistó el alma de México con su voz y su estilo de vida auténtico.