El 15 de febrero de 2026, un evento que prometía ser una celebración se transformó en un escenario de caos y violencia.

La boda de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, hijo del infame narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, se llevó a cabo en una finca conocida como Los Almendros, ubicada a las afueras de Culiacán, Sinaloa.
Mientras los invitados disfrutaban de una fiesta con música en vivo y lujos desmedidos, un operativo militar de fuerzas especiales estaba a punto de irrumpir en la celebración, marcando un hito en la historia de la guerra contra el narcotráfico en México.
La boda de Iván Archivaldo no era un evento cualquiera.
Con botellas de whisky de 18 años sobre las mesas y arreglos florales costosos, la celebración reflejaba el estilo de vida ostentoso de los líderes del cártel de Sinaloa.
Sin embargo, a menos de dos kilómetros del lugar, cuatro helicópteros Black Hawk se preparaban para llevar a cabo una operación que cambiaría el curso de la lucha contra el narcotráfico.
Los preparativos para este operativo comenzaron meses antes, cuando el Centro Nacional de Inteligencia, en coordinación con la Secretaría de Seguridad, empezó a monitorear las actividades de los chapitos, la facción más poderosa del cártel.
A través de interceptaciones y un informante infiltrado, se descubrió que Iván Archivaldo iba a reaparecer en un evento social, lo que representaba una oportunidad única para las autoridades.
La finca Los Almendros, donde se celebraba la boda, no solo era un lugar de fiesta.
Era un centro de operaciones del cártel, disfrazado de salón de eventos, con bodegas ocultas y armamento suficiente para equipar a un batallón completo.
La inteligencia militar, al darse cuenta de la magnitud de la oportunidad, decidió actuar.

A las 8 de la noche del día de la boda, 80 elementos de fuerzas especiales fueron trasladados a una base avanzada a 40 km del objetivo.
Con un plan meticulosamente elaborado, cada soldado conocía su papel y la estrategia a seguir.
La operación no solo buscaba capturar a Iván, sino también desmantelar una parte crucial de la infraestructura del cártel.
A las 3:45 de la madrugada, el momento llegó.
Las fuerzas especiales irrumpieron en la finca desde varios puntos, utilizando tácticas de asalto que sorprendieron a los presentes.
La música de la banda se detuvo abruptamente al sonar los primeros disparos, y el caos se desató.
Los sicarios, que inicialmente estaban ahí para proteger a Iván, se encontraron en una situación desesperada, luchando por sus vidas mientras los soldados tomaban control del lugar.
El enfrentamiento duró aproximadamente 28 minutos, durante los cuales se escucharon disparos y gritos de pánico.
La superioridad táctica de las fuerzas especiales fue evidente, y en poco tiempo, 20 sicarios fueron abatidos.
La escena era caótica: mesas volcadas, botellas rotas y un ambiente que antes era festivo se convirtió en un campo de batalla.
Al final de la operación, Iván Archivaldo Guzmán fue capturado.
La imagen de él, esposado y en el suelo, vestido con un traje de boda desgarrado, se convirtió en un símbolo del éxito del operativo.
Las autoridades habían logrado lo que muchos consideraban imposible: detener a uno de los líderes más buscados del narcotráfico en un contexto tan cinematográfico.
Además de la captura de Iván, el operativo reveló la magnitud del poder del cártel.
En la finca se encontraron armas de alto calibre, drogas con un valor estimado de millones de dólares y un centro de comunicaciones que demostraba la sofisticación del cártel.
Las implicaciones de estos hallazgos eran enormes y prometían sacudir las estructuras políticas de la región.
La noticia de la captura de Iván Archivaldo se propagó rápidamente, generando reacciones mixtas en la población.
Mientras algunos celebraban la acción de las fuerzas del orden, otros se preguntaban si esta captura realmente marcaría un cambio en la lucha contra el narcotráfico.
Muchos analistas advirtieron que, aunque la captura era un golpe simbólico, el cártel de Sinaloa seguiría operando con la misma fuerza, ya que la estructura del narcotráfico era mucho más compleja que la simple detención de un líder.

Las represalias no tardaron en llegar.
En las horas siguientes, se reportaron narcobloqueos y ataques en Culiacán, lo que evidenció la retaliación del cártel ante la pérdida de uno de sus líderes.
La violencia se desbordó en las calles, y la población civil se vio atrapada en medio de un conflicto que parecía no tener fin.
La boda de Iván Archivaldo Guzmán se convirtió en un símbolo de la lucha entre el narcotráfico y las autoridades en México.
Este evento no solo mostró la ostentación y el poder del cártel, sino también la complejidad de la guerra contra las drogas.
Las fuerzas especiales lograron un éxito significativo, pero la pregunta persiste: ¿realmente se puede ganar esta guerra?
La historia de esa noche en Los Almendros es un recordatorio de que detrás de cada operación militar hay seres humanos con historias, miedos y anhelos.
La lucha contra el narcotráfico es un conflicto que afecta a todos, y cada acción tiene repercusiones que van más allá de las detenciones y los enfrentamientos.
En conclusión, la captura de Iván Archivaldo Guzmán en su propia boda es un capítulo más en la larga y complicada historia de la lucha contra el narcotráfico en México.
Aunque se celebró como un triunfo, también dejó claro que el camino hacia la paz y la seguridad en el país es aún largo y lleno de desafíos.