Evanivaldo Castro, conocido como Cabinho, es un nombre que resuena en la historia del fútbol mexicano, no solo por su impresionante récord de 312 goles en la Liga MX, sino también por la trágica historia de olvido y traición que ha marcado su vida.

A pesar de ser el máximo goleador de la liga y de haber dejado una huella imborrable en el club Pumas de la UNAM, Cabinho ha vivido en la sombra, relegado al olvido por un sistema que no supo valorar su contribución.
Esta es su historia.
Nacido en Salvador de Bahía, Brasil, en 1948, Cabinho creció en un entorno donde el fútbol es más que un deporte; es una pasión.
Desde joven, mostró un talento excepcional, comenzando su carrera profesional en 1969 con el Flamengo, uno de los clubes más grandes de Brasil.
Sin embargo, su paso por Brasil no le brindó el reconocimiento que merecía, y tras varias temporadas en diferentes clubes brasileños, decidió cruzar el Atlántico en busca de nuevas oportunidades.
En 1974, Cabinho llegó a México para unirse a Pumas de la UNAM.
Desde su primer partido, dejó claro que no había venido a adaptarse, sino a dominar.
En su primera temporada, anotó 16 goles, y en las siguientes, su capacidad goleadora se disparó.
La temporada 1976-77 fue un hito en su carrera, marcando 34 goles y estableciendo un récord que aún permanece imbatido.
Cabinho no solo fue un goleador; fue un ícono.
Su habilidad para marcar goles de diversas maneras, ya sea con la cabeza, tiros libres o penales, lo convirtió en un jugador temido y respetado.
Durante sus años en Pumas, ayudó al club a ganar su primer campeonato de liga, cimentando su lugar en la historia del fútbol mexicano.
Sin embargo, su éxito también atrajo la atención de otros talentos emergentes, especialmente de Hugo Sánchez, un joven que comenzó a destacar en el equipo.
La llegada de Hugo creó una dinámica tensa en el vestuario.
Mientras Cabinho era el rey indiscutible del club, Hugo, con su ambición y talento, comenzó a desafiar su estatus.
La temporada 1978-79, ambos compartieron el título de goleo, pero esta situación también sembró las semillas de la rivalidad.
Cabinho dejó Pumas al final de esa temporada, y Hugo se convirtió en la figura central del club, lo que llevó a Cabinho a ser olvidado.
Después de su retiro en 1987, Cabinho expresó su deseo de seguir vinculado al fútbol como entrenador, especialmente en Pumas.
Sin embargo, las promesas de apoyo se desvanecieron.
Al regresar a México tras completar su formación como entrenador, se encontró con las puertas cerradas.
A pesar de su legado, el sistema futbolístico mexicano decidió ignorarlo.
En 2014, durante la celebración del 60 aniversario de Pumas, Cabinho regresó a México con la esperanza de ser reconocido.
Sin embargo, pasó por los pasillos de la cantera sin que nadie lo reconociera.
Esta falta de reconocimiento fue devastadora para él, un recordatorio del olvido que había sufrido a lo largo de los años.
La historia de Cabinho se complica aún más con las revelaciones sobre su relación con el fútbol mexicano.
A pesar de haber sido naturalizado mexicano y de haber marcado más goles que cualquier otro jugador en la historia de la Liga MX, nunca fue adoptado emocionalmente por la afición.
Siempre fue visto como el brasileño, el extranjero goleador, mientras que otros jugadores mexicanos recibieron el reconocimiento que él nunca tuvo.

En una entrevista en 2016, Cabinho expresó su frustración por el trato que recibió.
Dijo: “Me siento olvidado. No creo que me hayan olvidado, pero no pienso que merezco más reconocimiento. Solo quiero que se reconozca lo que hice”.
Esta declaración refleja la profunda herida que ha dejado el olvido en su vida.
A medida que los años han pasado, el legado de Cabinho ha sido eclipsado por otros ídolos del fútbol mexicano.
A pesar de sus logros, no hay placas ni homenajes que reconozcan su contribución al deporte.
En el Estadio Olímpico Universitario, donde marcó 151 goles, no hay nada que lo recuerde permanentemente.
Su nombre no está en las paredes, su imagen no está en la fachada, su récord no está exhibido en un lugar visible para la afición.
La falta de reconocimiento no solo afecta a Cabinho, sino que también plantea preguntas sobre cómo el fútbol mexicano valora a sus leyendas.
La historia de Cabinho es un reflejo de un sistema que no supo construir memoria, que no supo honrar a quienes lo hicieron grande, y que prefirió el olvido cómodo a la celebración incómoda de alguien que no encajaba en la narrativa nacional que quería contar.

La historia de Evanivaldo Castro, Cabinho, es un recordatorio de la importancia de reconocer y celebrar a aquellos que han contribuido significativamente al deporte.
No se trata solo de estadísticas y récords; se trata de la humanidad detrás de esos logros.
Cabinho ha dado todo por el fútbol mexicano y, a cambio, ha recibido indiferencia.
A sus 77 años, vive en Brasil, lejos del reconocimiento que merece.
La historia de Cabinho no es solo la de un jugador, sino la de un hombre que ha enfrentado el olvido y la traición de un sistema que no supo valorar su grandeza.
Es hora de que el fútbol mexicano rectifique este error y le brinde a Cabinho el homenaje que le corresponde, no solo por sus goles, sino por ser una parte integral de la historia del fútbol en México.