EL CASINO MALDITO DE ABELARDO RODRÍGUEZ: EL PRESIDENTE QUE TRAICIONÓ A MÉXICO

En las ruinas del casino Agua Caliente, en Tijuana, se respira un aire pesado de historia, corrupción y traición.

Este emblemático lugar, que en 1928 fue el complejo de entretenimiento más lujoso de América, hoy es un símbolo de la impunidad y la complicidad que marcaron una época oscura en la historia de México.

Abelardo L. Rodríguez, ¿quién fue y qué hizo? - México Desconocido

Su creador, Abelardo L. Rodríguez, no solo fue un hombre de poder, sino también un traidor a los ideales de la Revolución Mexicana que dejó un legado contradictorio y oscuro.

 

En sus años dorados, el casino Agua Caliente brillaba con el lujo más extremo: mármol italiano, lámparas de cristal checoslovaco, alfombras persas y un ambiente diseñado para atraer a la élite estadounidense, que cruzaba la frontera para evadir la Ley Seca en Estados Unidos.

Sin embargo, detrás de esta fachada de glamour se ocultaba un negocio ilícito que involucraba alcohol, drogas y dinero sucio.

 

El terreno donde se construyó el casino fue comprado a un precio irrisorio por Abelardo Rodríguez, quien en ese momento era jefe de operaciones militares y gobernador del distrito norte de Baja California.

Su poder absoluto le permitió controlar cada permiso y licencia, facilitando la operación de este imperio del vicio.

 

Nacido en Sonora en 1889, Rodríguez emigró joven a Estados Unidos y regresó a México para unirse a la Revolución.

Sin educación formal más allá de la primaria y sin capital, su ascenso fue meteórico gracias a la violencia y las conexiones adquiridas en la guerra.

En 1921 fue nombrado jefe militar del territorio de Baja California, donde vio una oportunidad en la frontera para lucrar con el contrabando y el juego ilegal.

 

Rodríguez perfeccionó un negocio que ya existía, convirtiéndose en el socio invisible de empresarios estadounidenses y mafiosos como Lucky Luciano y Al Capone.

Su casino no solo era un centro de apuestas, sino también un punto clave para el tráfico de heroína y dinero sucio que cruzaba la frontera.

Abelardo L. Rodríguez - Wikipedia

Tras el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928, Plutarco Elías Calles se convirtió en el poder detrás del trono, instaurando el periodo conocido como Maximato, donde tres presidentes fueron meros títeres bajo su control.

Abelardo Rodríguez, aliado y discípulo de Calles, aprovechó esta coyuntura para llegar a la presidencia sustituta en 1932.

 

Durante su mandato, Rodríguez combinó su papel público con la expansión de sus negocios privados, incluyendo casinos en la Ciudad de México y Morelos, así como la construcción de carreteras que beneficiaban sus propiedades.

La corrupción y la complicidad política alcanzaron niveles institucionales, consolidando un sistema donde el poder y el crimen organizado se fusionaron.

 

Con la llegada de Lázaro Cárdenas en 1934, el Maximato llegó a su fin.

Cárdenas exilió a Calles y clausuró todos los casinos en México, incluido el Agua Caliente.

Aunque Rodríguez perdió sus negocios ilícitos, no fue exiliado ni perseguido judicialmente.

Su inmunidad se atribuye a la documentación comprometedora que poseía y al temor de desmantelar un sistema corrupto que podría desencadenar una nueva guerra civil.

 

Después de su retiro formal, Rodríguez continuó acumulando poder económico a través de decenas de empresas en diversos sectores.

Murió en 1967 en completa impunidad, sin responder por sus crímenes ni explicar el origen de su fortuna.

 

El casino Agua Caliente fue convertido en escuela, un símbolo irónico de cómo el sistema político mexicano busca lavar su historia.

Sin embargo, en 1947 se descubrieron tres esqueletos humanos enterrados en sus sótanos, restos nunca identificados ni investigados, reflejo de la violencia y la injusticia que rodearon a Rodríguez y su imperio.

Abelardo L. Rodríguez: el legado que dejó como gobernador de Sonora y  Presidente de México - El Sol de Hermosillo | Noticias Locales, Policiacas,  sobre México, Sonora y el Mundo

El “casino maldito” no está marcado por fuerzas sobrenaturales, sino por la corrupción estructural y la impunidad que han caracterizado al sistema político mexicano.

Abelardo Rodríguez no solo traicionó a México robando y asociándose con el crimen organizado, sino que estableció un precedente donde la corrupción se normaliza mientras se construyen algunas instituciones y se inauguran obras públicas.

 

Su historia es un espejo de un país donde la memoria histórica es selectiva, donde se ocultan los crímenes de los poderosos y se celebra una versión sanitizada de la historia.

Mientras se sigan nombrando aeropuertos en honor a personajes como Rodríguez y se ignore su verdadera naturaleza, la maldición continuará sobre México.

 

La historia de Abelardo Rodríguez y el casino Agua Caliente nos invita a cuestionar la narrativa oficial y a exigir verdad, justicia y rendición de cuentas.

Es un llamado a no olvidar las víctimas anónimas enterradas bajo el concreto de la modernidad y a reconocer que el verdadero mal no es un fantasma, sino la corrupción que sigue contaminando el presente.

 

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