Durante años, una historia oculta ha permanecido en las sombras del cine mexicano, un secreto que involucraba a dos de sus figuras más emblemáticas: Mario Moreno, conocido mundialmente como Cantinflas, y María Elena Velasco, la inolvidable India María.

Esta es la historia del hijo secreto de Cantinflas, un relato de amor, silencio y sacrificio que recién ha salido a la luz.
Corría agosto de 1969 cuando María Elena Velasco recibió una llamada que marcaría un antes y un después en su vida.
Al otro lado, la voz ronca y familiar de Mario Moreno la citaba en un café discreto de la colonia Condesa, Ciudad de México.
Cantinflas, el comediante más famoso del país, le confesó algo que jamás habría esperado: tenía un hijo secreto, fruto de una relación que debía mantenerse oculta.
Esta revelación no solo sorprendió a María Elena, sino que la colocó en una encrucijada moral que la acompañaría por más de tres décadas.
Mario le pidió que cuidara de ese niño, Arturo, y que guardara el secreto a toda costa, pues la verdad podría destruir carreras, matrimonios y reputaciones.
La historia comienza en 1967, en la cúspide de la fama de Cantinflas.
Mario Moreno era un hombre casado con Valentina Ivanova, una mujer rusa de carácter fuerte, y juntos proyectaban la imagen de una pareja sólida y respetada.
Sin embargo, en medio de su apretada agenda, Mario conoció a Dolores, una joven asistente de vestuario en los estudios Churubusco.
Dolores, originaria de Puebla, era una mujer sencilla, inteligente y con un sentido del humor que rivalizaba con el de Cantinflas.
Su relación con Mario comenzó como una amistad, pero pronto se transformó en algo más profundo.
En marzo de 1968, Dolores descubrió que estaba embarazada.
El embarazo fue un golpe para Mario, quien temía por su carrera y su imagen pública.
En la México conservadora de finales de los años 60, un escándalo de esta magnitud podía destruir a cualquier figura pública.
Mario propuso varias soluciones, desde pagarle para que se fuera del país hasta sugerirle que interrumpiera el embarazo, pero Dolores se negó firmemente.
Para ella, el niño tenía derecho a existir y a ser criado con dignidad.
Finalmente, llegaron a un acuerdo: Dolores renunciaría a su trabajo y se mudaría a otra ciudad, mientras Mario le proporcionaría apoyo económico, pero el nombre del padre jamás sería revelado, ni siquiera al niño.
Dolores dio a luz a Arturo en diciembre de 1968 en Guadalajara, registrándolo con su apellido Ramírez y dejando el espacio del padre en blanco en el acta de nacimiento.
Mario cumplió con su parte enviando dinero a través de intermediarios, manteniendo así el pacto de silencio.
Cuando Dolores enfermó gravemente en 1969, decidió confiar en María Elena Velasco, su prima lejana, para que cuidara de Arturo cuando ella ya no estuviera.
María Elena aceptó esa responsabilidad con un compromiso que iba más allá de lo profesional; era un acto de familia y humanidad.
Tras la muerte de Dolores, Arturo quedó al cuidado de su tía Guadalupe, mientras María Elena supervisaba su educación y bienestar, visitándolo regularmente y apoyándolo como una madrina amorosa.
Paralelamente, la carrera de María Elena despegaba gracias también al respaldo discreto de Cantinflas, quien le abrió puertas en la industria.
Arturo creció con preguntas sobre su padre, pero siempre recibió respuestas evasivas.
En la adolescencia, mostró talento para la actuación y decidió estudiar en la Ciudad de México, con el apoyo de María Elena.
En 1988, tras su primera actuación profesional, Arturo recibió una tarjeta de presentación de Mario Moreno, lo que lo llevó a sospechar que había algo más en su historia.
Cuando confrontó a María Elena, ella finalmente le reveló toda la verdad: Mario Moreno era su padre.
Esta revelación fue un shock para Arturo, quien tuvo que reordenar su vida y su identidad.
A partir de ese momento, se estableció una relación privada y discreta entre padre e hijo, llena de respeto y cariño, aunque nunca pública.

Mario Moreno falleció en 1993, sin que Arturo pudiera asistir al funeral público.
María Elena continuó siendo el puente entre ellos y siguió apoyando a Arturo en su carrera y vida personal.
Años después, María Elena decidió dejar un testimonio completo de esta historia para que algún día, cuando todos los involucrados hubieran partido, la verdad pudiera ser conocida.
María Elena murió en 2016, dejando grabaciones y cartas que Arturo guarda con respeto, esperando el momento adecuado para compartir esta historia con el mundo.
La historia del hijo oculto de Cantinflas y la India María es un relato de secretos, sacrificios y amor en las sombras.
Nos recuerda la complejidad de las relaciones humanas y cómo, a veces, el amor más profundo es el que se vive en silencio.
Arturo, hoy retirado de la actuación, honra la memoria de su padre y de María Elena visitando sus tumbas cada año, llevando consigo la gratitud y el amor que les tenía.
Este relato no solo revela un secreto del cine mexicano, sino que también nos invita a reflexionar sobre la importancia de la verdad, la familia y la humanidad detrás de las leyendas.