El 10 de enero de 2026 marcó una fecha dolorosa para el mundo de la música popular colombiana y para todos aquellos que admiraban a Yeison Jiménez.

A sus 34 años, el cantante falleció trágicamente junto con cuatro integrantes de su equipo en un accidente que conmocionó al país.
La noticia fue un golpe seco para familiares, amigos, colegas y seguidores que no estaban preparados para una pérdida tan prematura.
Desde el momento en que se confirmó la muerte de Yeison, el país entero se unió en un sentimiento de tristeza profunda.
Su funeral fue una muestra clara del amor y respeto que generaba.
En la funeraria, en el Movistar Arena por donde pasó el carro fúnebre y en la puerta del cementerio en la autopista norte, cientos de personas acudieron para rendir homenaje a un artista que, más allá de su música, era un amigo, un hijo y un hermano para muchos.
El vacío que dejó Yeison Jiménez fue inmenso, pero también quedó el recuerdo imborrable de su alegría, su risa y su bondad.
La imagen de su hermana, con el rostro desencajado y la voz quebrada, fue una de las escenas más conmovedoras.
Había ido a reconocer el cuerpo y, en un momento de vulnerabilidad humana, expresó con sinceridad el amor profundo que sentía por su hermano.
La hermana de Yeison habló sin guion, con la voz entrecortada, describiendo a Yeison como un ángel, un buen hijo, un novio ejemplar, su mejor amigo y el amor de su vida.
Contó cómo le pidió perdón por todas las veces que no pudieron expresar su amor mutuamente, un gesto que reflejaba la crudeza de la despedida y el dolor que sentía.
:max_bytes(150000):strip_icc():focal(1056x603:1058x605)/Yeison-Jimenez-plane-crash-011125-02-cfe5d34ff2aa46f5b0ae70ce2677ed31.jpg)
Luego fue la madre quien tomó la palabra, mostrando una fortaleza admirable.
Con la voz temblorosa pero firme, prometió cuidar de los hijos y la esposa de Yeison, asegurando que su nombre y legado vivirían para siempre.
Su discurso fue un acto de amor y compromiso que emocionó a todos los presentes.
La hija menor de Yeison también hizo un emotivo pronunciamiento.
Con la inocencia y sinceridad propias de una niña, pidió a todos que valoraran a sus padres, que lucharon y dieron todo por sus hijos.
Recordó las promesas de su papá de estar presente en cada momento importante y su deseo de que todos oraran por él.
El homenaje a Yeison Jiménez no fue solo un acto familiar o artístico, sino un evento que unió a toda una nación.
Artistas, amigos y seguidores cantaron sus canciones como una oración, un abrazo colectivo que honraba su vida y su obra.
La música de Yeison se convirtió en el vehículo para expresar el dolor, pero también la esperanza y la gratitud.
Se recordó a Yeison no solo como un cantante exitoso, sino como un hombre humilde que nunca olvidó sus raíces ni a su gente.
Su historia de lucha y perseverancia inspiró a muchos.
Desde niño, enfrentó dificultades económicas, pero siempre mantuvo la esperanza y el sueño de sacar adelante a su familia con su música.

Yeison Jiménez no fue un artista fabricado por la industria, sino un hombre que se formó en la vida real, con esfuerzo y sacrificio.
Trabajó en diferentes empleos, enfrentó rechazos y críticas, pero nunca desistió.
Su música popular hablaba de amor, desamor, traición y lucha diaria, temas que resonaban con su público porque los vivía en carne propia.
A pesar del éxito, Yeison mantuvo su humildad y cercanía con su gente.
Siempre decía que su música era para el pueblo, para quienes sufren, aman intensamente y se levantan después de caer.
Esa conexión genuina fue clave para su legado.
Durante el homenaje, se destacaron aspectos menos visibles de Yeison, como su rol de padre presente y cariñoso.
Sus amigos y compañeros recordaron su sentido del humor, su disciplina y su pasión por la música.
Músicos que compartieron escenario con él resaltaron su energía contagiosa y su profesionalismo.
El público pudo ver que la pérdida no era solo la de un artista, sino la de un ser humano amado profundamente, un padre que soñaba con ver crecer a sus hijos y un hijo que nunca olvidó a su madre.

La música de Yeison Jiménez sigue sonando en hogares, carros y auriculares.
Su nombre se ha convertido en símbolo de perseverancia y superación.
El homenaje se transformó en un acto colectivo de memoria y respeto, con seguidores encendiendo velas, compartiendo recuerdos y cantando sus canciones.
Las redes sociales se llenaron de mensajes de gratitud y testimonios de personas que encontraron en sus letras consuelo y compañía.
La figura pública de Yeison se humanizó, mostrando a un hombre real con miedos, inseguridades y una gran responsabilidad desde joven.
El homenaje a Yeison Jiménez fue más que un adiós; fue una invitación a recordar desde el amor y la esperanza.
La familia, aunque rota por el dolor, mostró fortaleza y unidad.
La madre, la hermana y la hija expresaron con sinceridad el amor eterno que sienten y la promesa de mantener vivo su legado.
El micrófono iluminado al final del acto simbolizó que la voz de Yeison no se apaga, que su historia continúa en cada persona que alguna vez encontró consuelo en sus canciones.
Su música es un testimonio de vida, lucha y amor que seguirá acompañando a muchas generaciones.