El Piloto que Confundió el MAR con la Pista | Vuelo 2 de Japan Airlines

En una mañana envuelta en niebla espesa sobre la bahía de San Francisco, un moderno Douglas DC8 de Japan Airlines se aproximaba para aterrizar tras un largo vuelo transoceánico.

El Piloto que Confundió el MAR con la Pista | Vuelo 2 de Japan Airlines
Sin embargo, lo que parecía una aproximación rutinaria se convirtió en uno de los incidentes más sorprendentes y peligrosos de la historia de la aviación civil.

El vuelo 2 de Japan Airlines, con matrícula Juliet Alpa 8032 y nombre “Shiga”, protagonizó un amerizaje en el agua, tras confundir la superficie de la bahía con la pista de aterrizaje.

 

El 22 de noviembre de 1968, el vuelo 2 de Japan Airlines partió desde el aeropuerto de Anokio, Japón, con destino a San Francisco, Estados Unidos.

La aerolínea japonesa, en plena etapa de expansión internacional, operaba con aviones de última generación, entre ellos el Douglas DC8-62 de largo alcance que transportaba a 96 pasajeros y 11 tripulantes.

 

La tripulación estaba formada por profesionales experimentados: el capitán Kogeas, con más de 10,000 horas de vuelo, el primer oficial Joseph Haen, piloto estadounidense con amplia experiencia, el ingeniero de vuelo Richard Fanning y el navegante Ichiro Suzuki.

El avión despegó sin incidentes y mantuvo un vuelo tranquilo durante las primeras ocho horas sobre el Pacífico.

 

Al acercarse a la costa oeste de América, la bahía de San Francisco estaba cubierta por un denso banco de niebla que reducía la visibilidad a menos de una milla.

Por ello, la tripulación debía realizar la aproximación utilizando exclusivamente los instrumentos de a bordo, confiando en el sistema ILS (Instrument Landing System) para guiar el avión hacia la pista 28 izquierda.

Hoy aprendí que en 1968, el piloto de un vuelo de Japan Airlines de Tokio a  San Francisco aterrizó accidentalmente el avión en el océano, a poco más de  2 millas de

La maniobra era compleja y exigía precisión absoluta.

Los pilotos calibraban altímetros, verificaban frecuencias y ajustaban el piloto automático para seguir la senda de planeo.

Sin embargo, una ligera discrepancia en la lectura de altitud comenzó a generar incertidumbre.

 

A medida que descendían, los pilotos no podían ver el horizonte ni las luces del aeropuerto, solo una masa gris uniforme.

A pocos cientos de pies de altura, el primer oficial notó un reflejo brillante bajo el avión y advirtió que se trataba del agua.

El capitán intentó abortar el aterrizaje, pero era demasiado tarde: el tren de aterrizaje impactó la superficie de la bahía.

 

El avión deslizó su fuselaje sobre el agua, quedando parcialmente sumergido en aguas poco profundas.

Gracias a que la marea estaba alta y la profundidad era menor a 3 metros, las puertas delanteras quedaron por encima del agua, facilitando una evacuación ordenada y sin heridos graves.

 

La investigación posterior reveló que el sistema de piloto automático Sperry del DC8, que debía seguir la senda de planeo del ILS, no estaba configurado correctamente.

Si el avión no entraba en el punto exacto, el sistema no corregía el perfil de descenso, sino que mantenía una caída constante, alejándose peligrosamente de la trayectoria ideal.

Un día como hoy en 1983, el vuelo 007 de Korean Air Lines (HL7442), un  Boeing 747-200, se estrella en el mar cerca de la isla Moneron después de  ser derribado por

Además, la tripulación no estaba completamente familiarizada con este sistema y hubo problemas de comunicación debido a la barrera idiomática entre el capitán japonés y el primer oficial estadounidense.

Estos factores retrasaron la detección del error y permitieron que el avión descendiera por debajo de la pista.

 

Tras el incidente, el capitán Asó asumió toda la responsabilidad sin buscar excusas.

Su honestidad y profesionalismo fueron reconocidos y su defensa directa pasó a la historia como un ejemplo de integridad en la aviación.

 

Gracias a su rápida reacción, el amerizaje en el agua fue controlado y evitó una tragedia mayor.

Este episodio se convirtió en una lección sobre la importancia del entrenamiento, la comunicación y el conocimiento profundo de los sistemas automáticos en la cabina.

 

El vuelo 2 de Japan Airlines es un recordatorio de que incluso con la tecnología más avanzada, el factor humano sigue siendo crucial en la seguridad aérea.

La confusión entre el mar y la pista, provocada por un error en la configuración del piloto automático y las condiciones meteorológicas adversas, pudo haber terminado en desastre, pero la pericia y la integridad de la tripulación salvaron vidas.

 

Este incidente también marcó un antes y un después en la formación de pilotos y en el desarrollo de sistemas automáticos más seguros y con alertas más claras.

La aviación continúa aprendiendo de estos episodios para mejorar la seguridad y proteger a los pasajeros en cada vuelo.

 

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