Alma Muriel fue una actriz consagrada que brilló en el cine, la televisión y el teatro mexicano, pero cuya vida personal estuvo marcada por la soledad, el rechazo y un final inesperado que aún genera dudas y rumores.

Su muerte, ocurrida en 2014, fue un duro golpe para el mundo artístico y para quienes admiraban su talento, pero también dejó al descubierto la fragilidad humana detrás del glamour y la fama.
Desde niña, Alma mostró una pasión inquebrantable por la actuación.
A los siete años, tras acompañar a su padre a un estudio de grabación, quedó fascinada por el mundo del cine y el teatro.
Su tío, el director Emilio Gómez Muriel, y las grandes figuras que conoció en esos primeros años, como María Félix y Rita Macedo, fueron inspiración para ella.
A los 16 años, su talento comenzó a brillar cuando participó en una obra escolar que tuvo gran éxito.
Esto convenció a sus padres de permitirle audicionar para la película **Lío de faldas**, con la que debutó un año después.
Su carrera despegó con un papel destacado en la película **Mecánica nacional**, y posteriormente se consolidó en la televisión, donde se destacó interpretando a villanas memorables, además de participar en teatro.
En su juventud, Alma se casó con el empresario Sergio Romo, con quien tuvo un hijo.
Sin embargo, el matrimonio no duró y terminó tras cuatro años debido a las exigencias de Romo, quien le pidió que abandonara su carrera y la acusaba de ser mala madre.
Alma decidió separarse y obtuvo la custodia de su hijo, demostrando su fortaleza y determinación.

Durante los años 70, inició una relación con el actor Ricardo Cortés, quien tenía dos hijas de un matrimonio anterior, entre ellas la joven Lolita Cortés.
Alma fue fundamental en el descubrimiento y apoyo del talento de Lolita en el canto desde muy pequeña.
Curiosamente, años después, su hijo Sergio Romo contrajo matrimonio con Lolita Cortés, lo cual añadió un giro inesperado a las relaciones familiares.
Compartían una hermana en común, Lisa Cortés Muriel, hija de Alma y Ricardo antes de su separación.
Más adelante, Alma tuvo un romance con el cantante José María Napoleón.
Durante esta relación quedó embarazada, pero sufrió la pérdida del bebé, un golpe que la sumió en una profunda depresión y la alejó de sus seres queridos por varios meses.
Buscando un escape, aceptó un proyecto en España que le permitió distanciarse de su entorno y enfrentar su dolor en soledad.
A su regreso a México, comenzó un noviazgo con el actor Alejandro Camacho, que terminó en desilusión tras descubrir su infidelidad con la actriz Rebeca Jones.
Esta experiencia la llevó a apartarse de la vida sentimental y enfocarse en su carrera.
Alma Muriel mantuvo una carrera artística prolífica, participando en más de 36 películas y destacándose en televisión y teatro.
Fue nominada a varios premios por su trabajo en películas como **Amor libre**, **Retrato de una mujer casada** y **Luna de sangre**.

Sin embargo, al llegar a los 40 años, Alma enfrentó la dura realidad de la exclusión laboral por edad.
Reconoció vivir en agonía porque ya no encontraba papeles con la facilidad de antes.
A pesar de ello, se reinventó y se desarrolló como directora teatral, trabajando en musicales como **El show de terror de Rocky** y **La tiendita de los horrores**.
En 2013, cansada del ritmo agitado y el caos de la Ciudad de México, decidió mudarse a Playa del Carmen, en Quintana Roo, buscando un ambiente más tranquilo y saludable junto al mar.
Allí, según su hija Lisa Cortés, Alma comenzó a vivir uno de sus sueños.
Aunque se alejó de la vida pública, Alma continuó trabajando en proyectos artísticos, preparando un monólogo titulado **Para ti, Sorjuana**, y colaborando con autoridades municipales para impulsar el desarrollo cultural en Playa del Carmen.
Incluso tenía programado impartir talleres de teatro para acercar el arte a la comunidad local.
Sin embargo, a pesar del entorno idílico y sus planes, Alma vivió en total soledad.
Su compañía habitual era su empleada doméstica, Estela Saldaña, quien fue la primera en notar que algo andaba mal en sus últimos días.

El 5 de enero de 2014, Alma sufrió un desmayo mientras pedía ayuda para ir al baño.
Aunque inicialmente no se le dio mucha importancia, horas después volvió a desmayarse y esta vez no reaccionó.
Había sufrido un infarto masivo al miocardio y falleció a los 62 años.
Tras su fallecimiento, comenzaron a circular rumores que involucraban a Estela, la trabajadora doméstica, en supuestos vínculos personales más allá de lo laboral, incluso insinuaciones de celos románticos.
Estela, quien estuvo presente en los momentos finales de Alma, fue vista por algunos como una figura que podría haber generado tensiones ocultas.
Sin embargo, familiares y amigos cercanos desmintieron estas teorías, afirmando que Estela fue quien informó a las autoridades y que no había indicios que justificaran sospechas.
La Procuraduría General de Justicia del Estado confirmó la causa de muerte y notificó a los familiares, quienes fueron tomados por sorpresa.
El hijo de Alma, Sergio Romo, declaró que su madre estaba bien de salud y con ganas de seguir trabajando y creando, y que se fue tranquila y feliz, cerca del mar.
Otros familiares compartieron sentimientos similares, reconociendo que, pese al dolor, Alma murió haciendo lo que amaba y en el lugar que deseaba.

Alma Muriel fue despedida en una ceremonia privada a la orilla del mar, con la presencia solo de sus hermanos y sus hijos, tal como ella lo quiso.
Posteriormente, sus cenizas fueron llevadas a la Ciudad de México para rendirle homenaje junto a colegas y familiares.
Su historia es un reflejo de los altibajos de la fama, la lucha contra la soledad y la búsqueda de paz en los últimos años.
Aunque su vida personal estuvo marcada por la tristeza y la exclusión, su talento y legado artístico permanecen como un testimonio de su grandeza.