En un video que rápidamente generó impacto y debate en redes sociales, el periodista y comunicador Javier Ceriani afirma haber llegado a conclusiones inquietantes sobre la muerte de Jason Jiménez, un caso que durante años fue presentado públicamente como un trágico accidente.
Bajo el título de una investigación personal, Ceriani sostiene que su trabajo no responde a intereses mediáticos ni a la búsqueda de polémica, sino a una acumulación de coincidencias, testimonios indirectos y silencios que, según él, no pueden seguir siendo ignorados.

Desde el inicio del material, Ceriani aclara que no se apoya en una única fuente ni en una prueba definitiva, sino en un patrón de información fragmentada que, al unirse, plantea más preguntas que respuestas.
Habla de reuniones privadas nunca aclaradas, de llamadas telefónicas previas a un vuelo clave y de discusiones tensas que habrían ocurrido días antes del desenlace.
Ninguno de estos elementos es presentado como prueba concluyente, pero el periodista insiste en que su repetición en distintos relatos resulta, como mínimo, perturbadora.
Uno de los ejes centrales del relato son los mensajes anónimos que Ceriani dice haber recibido a lo largo del tiempo.
Según explica, estas comunicaciones provienen de personas que no se conocen entre sí y que describen escenas similares, horarios coincidentes y nombres que aparecen de forma reiterada.
Aunque reconoce que no puede verificar la identidad de quienes escribieron, subraya que la coincidencia de detalles específicos le impidió descartar la información de plano.
El entorno profesional y musical de Jason aparece de manera constante en la investigación.
Ceriani menciona desacuerdos relacionados con decisiones económicas, movimientos logísticos y cambios repentinos de planes que habrían generado desconfianza en el artista.
No se habla abiertamente de delitos, pero sí de situaciones irregulares, vuelos poco claros y conversaciones que se interrumpían cuando aparecían terceros.
Para el periodista, estos comportamientos reflejan un clima de tensión previo que no fue abordado públicamente tras la tragedia.

Otro aspecto que Ceriani considera relevante es la reacción posterior al hecho.
Según su análisis, varias personas del círculo cercano optaron por el silencio absoluto, mientras otras ofrecieron declaraciones breves y cuidadosamente medidas.
Algunas figuras, incluso, desaparecieron del foco mediático.
Este comportamiento, sostiene, contrasta con la reacción emocional y espontánea que suele acompañar pérdidas de esta magnitud, lo que alimenta la sensación de que algo quedó sin decir.
La investigación también se detiene en una supuesta discusión previa entre Jason y alguien de su entorno íntimo.
Testigos aseguran que no se trató de un simple desacuerdo, sino de un enfrentamiento fuerte, cargado de reproches.
Ceriani es cuidadoso al no establecer una relación directa entre ese episodio y el desenlace, pero señala que marca un punto de quiebre evidente en las relaciones personales del artista.
En su relato, el periodista aborda además cuestiones relacionadas con rutas aéreas y desplazamientos.
No formula acusaciones formales, pero plantea interrogantes sobre la falta de registros claros y el uso recurrente de ciertas aeronaves por personas vinculadas al mismo grupo.
A su juicio, la falta de transparencia en estos movimientos contribuye a la sensación de que la versión oficial dejó demasiados cabos sueltos.
Un punto especialmente sensible es el análisis del silencio y el miedo.
Ceriani afirma que muchas fuentes solicitaron anonimato por temor a represalias, a quedar marcadas o a perder oportunidades laborales.
Para él, este temor generalizado no surge de la nada, sino que indica la existencia de intereses poderosos que prefieren que determinadas preguntas no se formulen en voz alta.

A lo largo del video, el comunicador también reflexiona sobre los cambios en la narrativa pública.
Según expone, en pocos días se consolidó una versión única y cerrada de los hechos, sin el habitual período de versiones cruzadas y debate que suele acompañar tragedias complejas.
Esa rapidez para dar por concluida la historia le resulta llamativa y refuerza su decisión de seguir investigando.
Ceriani introduce además el tema de los intereses económicos, no como acusación directa, sino como contexto.
Jason se encontraba en un momento decisivo de su carrera, con contratos y decisiones que podían alterar equilibrios de poder dentro de su entorno.
Algunas fuentes, asegura, indicaron que esos cambios no beneficiaban a todos por igual, lo que habría generado fricciones difíciles de resolver.
En la parte final de su exposición, el periodista insiste en que no busca reemplazar a la justicia ni imponer una verdad absoluta.
Su objetivo, afirma, es mostrar que la explicación oficial no alcanza para comprender todo lo ocurrido.
Demasiadas coincidencias, silencios prolongados y movimientos apresurados se acumulan alrededor del caso como para aceptar una versión simple sin cuestionamientos.

El mensaje de cierre es claro: cuestionar no es acusar, y preguntar no equivale a faltar el respeto.
Para Ceriani, mantener viva la conversación es una forma de honrar la memoria de quien ya no puede contar su versión.
Mientras existan dudas razonables y preguntas sin respuesta, sostiene, la historia no puede darse por cerrada.
El verdadero riesgo, concluye, no está en investigar, sino en aceptar el silencio cuando ese silencio protege intereses y no la verdad.