FUI ENFERMERA DE MARÍA FÉLIX Y SU ÚLTIMA NOCHE NO FUE COMO DIJERON

Dolores Fuentes Medina, enfermera titulada con casi 40 años de experiencia en cuidados geriátricos y paliativos, fue la encargada de cuidar a María Félix durante los últimos cuatro meses de su vida.

A sus 78 años, Dolores decidió revelar el secreto que la leyenda del cine mexicano le confesó en su lecho de muerte, una verdad que ha guardado durante más de dos décadas y que ha marcado profundamente su vida.

María Félix, la cara más bella de la Época de Oro del cine mexicano |  Cultura | EL PAÍS

En diciembre de 2001, Dolores fue contactada por Guadalupe Martínez, asistente personal de una paciente muy especial que requería cuidados domiciliarios extremadamente confidenciales.

Sin saber aún quién era la paciente, Dolores aceptó el trabajo, que incluía vivir en la residencia, administrar medicamentos y ofrecer compañía profesional las 24 horas.

Dos días después, fue recogida en su casa y llevada a la mansión de María Félix, en la colonia Hamburgo, Ciudad de México.

 

La casa era un palacio digno de una diva: pisos de mármol, obras de arte, muebles europeos y una atmósfera imponente.

Dolores fue presentada al equipo médico y administrativo, incluyendo al doctor Alberto Montiel y a la señora Martínez, quienes le explicaron que María sufría insuficiencia cardíaca avanzada y había rechazado la hospitalización, prefiriendo morir en casa.

 

A pesar de sus 88 años y su delicado estado, María Félix mantenía su carácter fuerte y su porte majestuoso.

Dolores recuerda la primera impresión: una mujer en bata de seda negra, con ojos verdes penetrantes y una voz ronca pero llena de autoridad.

María dejó claro desde el principio que ella ponía las reglas en su casa y que nadie impediría su decisión de partir cuando llegara el momento.

 

Durante las semanas siguientes, Dolores estableció una rutina discreta, administrando medicamentos y monitoreando signos vitales, mientras María recibía visitas de amigos y figuras del arte y la sociedad mexicana.

Sin embargo, Dolores pronto fue testigo de episodios inquietantes.

File:María Félix 1947 (cropped).jpg - Wikimedia Commons

María comenzó a tener episodios de miedo y delirios, hablando de fantasmas y deudas pendientes con personas del pasado.

Dolores presenció cómo la diva lloraba sola y cómo le confesaba que había destruido sistemáticamente la carrera de una joven actriz llamada Marcela Fuentes Montenegro, sobrina de Dolores.

 

Según María, en 1954, cuando ella tenía 40 años, percibió en Marcela una amenaza para su reinado en el cine mexicano.

Usó su poder para sabotear la carrera de Marcela, difamarla, manipular a productores y hasta humillarla públicamente para asegurarse de que no prosperara.

Esta persecución llevó a Marcela a la desesperación, terminando en un accidente automovilístico fatal, que María insinuó pudo no haber sido un accidente.

 

Dolores, conmocionada por la confesión, decidió investigar discretamente.

Encontró documentos, testimonios y evidencias que confirmaban el patrón de destrucción profesional y personal que María Félix había orquestado contra Marcela.

Sin embargo, el contrato de confidencialidad que firmó con la familia Félix le impedía revelar esta información públicamente.

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A pesar de las amenazas y el miedo, Dolores y su hija Marcela decidieron denunciar la verdad.

Tras una batalla legal, lograron que se reconociera la validez de sus denuncias, cambiando la percepción pública sobre María Félix y visibilizando el abuso de poder en la industria del cine mexicano.

 

La historia de Dolores y Marcela no solo expone la crueldad detrás del glamour, sino que también resalta el valor de enfrentar la verdad y luchar por la justicia, incluso cuando los perpetradores son figuras poderosas.

La memoria de Marcela Fuentes ha sido reivindicada, y la historia de María Félix se presenta ahora con todas sus complejidades y sombras.

 

Dolores, tras años de lucha y sanación, encontró paz al saber que la verdad finalmente salió a la luz y que su familia pudo cerrar un capítulo doloroso.

Su testimonio es un recordatorio de que detrás de la fama y el poder hay historias humanas que merecen ser contadas y entendidas en toda su dimensión.

 

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