En la madrugada del 15 de enero de 2026, Omar García Harfuch, jefe de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, autorizó un operativo discreto en la que fuera la residencia privada de Mario Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas.
Esta acción no respondió a denuncias públicas ni escándalos mediáticos, sino a una orden judicial precisa para revisar y catalogar espacios históricos originales en un inmueble que hoy funciona como hotel boutique en Acapulco, Guerrero.
El inmueble, conocido actualmente como Hotel Villa Moreno, fue originalmente la residencia de Mario Moreno desde 1962 hasta su muerte en 1993.
Construida en la exclusiva zona de Las Brisas, Acapulco, esta mansión era un refugio personal donde el comediante podía alejarse del ojo público y ser simplemente Mario, sin el personaje de Cantinflas que lo había hecho famoso.
Diseñada por el arquitecto Rafael Mijares, la casa se caracterizaba por su discreción y privacidad.
Desde la calle, solo se veía una pared alta de piedra y una puerta de hierro forjado, ocultando un complejo de tres niveles con vistas privilegiadas a la bahía.
El nivel inferior incluía un estudio personal completamente sellado y sin ventanas al exterior, un espacio que Mario usaba para sus momentos más íntimos y privados.
Durante el operativo, un equipo especializado con guantes de conservación archivística y equipo fotográfico profesional accedió al estudio sellado, un espacio que permanecía intacto desde principios de los años 90.
Allí encontraron muebles, objetos personales, libros y documentos tal como Mario los había dejado.
Entre los hallazgos más sorprendentes estuvieron un diario personal donde Mario reflexionaba sobre su identidad y la carga psicológica de mantener su personaje público, así como fotografías inéditas que mostraban un lado íntimo y desconocido del actor.
Pero lo que más llamó la atención fue la presencia de ropa femenina —un vestido usado, zapatos de tacón, peluca y joyería— guardados cuidadosamente en el armario del estudio.

Estos objetos revelan que Mario Moreno exploraba en privado una expresión de género no conforme, algo imposible de mostrar públicamente en la época en que vivió, debido a los prejuicios y la estigmatización social.
En sus escritos, Mario explicaba que el vestirse con ropa femenina le permitía acceder a una parte de sí mismo que no podía expresar como figura pública.
Expertos en género y psicología interpretaron estos hallazgos como una manifestación de fluidez de género, una experiencia que Mario vivió en secreto, manteniendo una separación estricta entre su vida pública y privada.
Esta revelación añade una nueva dimensión a la figura de Cantinflas, mostrando a un hombre complejo que luchó por mantener su identidad auténtica en un contexto social restrictivo.
Tras la catalogación de los objetos y documentos, se decidió sellar nuevamente el estudio y restringir el acceso a estos materiales durante 50 años, hasta que el contexto social sea más comprensivo y respetuoso.
La familia Moreno y las autoridades culturales acordaron que esta medida honra la privacidad de Mario y evita un escándalo mediático que podría dañar su memoria y a quienes lo conocieron.
Este caso se suma a otro hallazgo en la Ciudad de México relacionado con la vida privada de Mario Moreno, lo que ha generado un debate sobre la complejidad de las figuras públicas y la importancia de preservar su historia completa, incluyendo sus aspectos más íntimos y humanos.
La noticia del cateo y los hallazgos ha generado diversas reacciones en la sociedad y la comunidad LGBTQ+.
Mientras algunos celebran la validación de la diversidad y la visibilidad de figuras históricas con identidades complejas, otros piden cautela para evitar interpretaciones erróneas o sensacionalismo.
Este episodio invita a reflexionar sobre la presión que enfrentan las personas públicas para ocultar partes esenciales de su identidad, y cómo la historia cultural debe ser abordada con respeto, ética y sensibilidad.
El operativo en la mansión Villa Moreno no solo permitió descubrir objetos y documentos valiosos, sino que también abrió una ventana única hacia la vida privada de Mario Moreno, un ícono del cine mexicano.
Más allá del humor y la fama, se revela a un hombre que vivió con valentía sus verdades más profundas en secreto, construyendo refugios donde podía ser auténtico.
Este hallazgo enriquece la memoria histórica de México y nos recuerda que detrás de las figuras públicas hay vidas complejas que merecen ser entendidas en toda su dimensión, con respeto y humanidad.