Juan Gabriel, uno de los cantautores más icónicos y queridos de México y América Latina, siempre fue un hombre rodeado de misterio en su vida personal.
Mientras millones coreaban sus canciones en conciertos y radios, existió una historia de amor profunda, silenciosa y oculta que pocos conocían: la relación con Laura Salas, una mujer que fue su amor verdadero durante casi cuatro décadas, pero que el mundo nunca llegó a conocer.

Corría el año 1976 cuando Juan Gabriel, ya famoso y reconocido, regresó a su pueblo natal, Parácuaro, Michoacán, para reconectar con sus raíces.
Fue en una tienda de telas donde conoció a Laura Salas, una joven de 23 años que trabajaba ayudando a su madre viuda.
Laura no tenía dinero, pero sí un corazón lleno de sueños y amor.
Juan Gabriel, con su característico suéter blanco y lentes oscuros, preguntó por telas para manteles y entabló conversación con Laura, quien quedó impactada al ver al ídolo tan cercano y humano.
Él le dejó un billete de 500 pesos para sus estudios de enfermería, gesto que marcó el inicio de una relación que cambiaría la vida de ambos, aunque en secreto.
Desde ese primer encuentro, Juan Gabriel comenzó a visitar a Laura con discreción.
Siempre en secreto, sin que la prensa ni el público supieran de esta relación.
Le llevaba regalos, dinero, flores, y le prometía sacarla de la pobreza y darle una vida mejor.
Sin embargo, nunca hablaba de presentarla públicamente ni de un futuro juntos frente al mundo.

Laura, enamorada y esperanzada, aceptaba esa realidad.
A sus 23 años, la idea de estar con Juan Gabriel, aunque fuera en secreto, era suficiente para ella.
Pero la realidad fue dura: Juan Gabriel estaba atrapado en la imagen pública que debía mantener, un hombre que no podía mostrar libremente quién era ni a quién amaba.
La fama, la presión social y los rumores sobre su orientación sexual lo mantenían en una cárcel invisible.
Durante años, Laura esperó la promesa de Juan Gabriel de que algún día la presentaría y vivirían su amor a la luz del día.
Pero ese día nunca llegó.
La relación se mantuvo oculta, con visitas esporádicas y llamadas telefónicas que poco a poco fueron disminuyendo.
En 1984, después de ocho años de relación, Juan Gabriel le anunció que adoptaría unos niños de una amiga fallecida para mejorar su imagen pública, algo que Laura entendió como una prioridad para él, pero que la dejó dolida y relegada a un segundo plano.
Laura vio cómo sus amigas formaban familias y vivían vidas normales, mientras ella seguía esperando en una casa sencilla en Parácuaro, sin poder compartir su amor con nadie.
Su salud comenzó a deteriorarse debido al estrés y la tristeza acumulada.

Cuando su madre enfermó gravemente y falleció en 1990, Juan Gabriel no pudo estar presente en el funeral por estar de gira.
Laura quedó sola, cuidando de su salud y su vida que parecía detenida en el tiempo.
En 2014, Laura fue diagnosticada con cáncer de hígado avanzado.
Decidió no contarle a Juan Gabriel para no pedirle que viniera a verla morir.
En su lugar, escribió una carta profunda y emotiva dirigida a él, donde expresó su amor, sus heridas, sus perdones y sus reclamos.
En esa carta, Laura le pedía que no escondiera el amor y que viviera con la verdad.
Laura murió en octubre de 2014, sola en su casa, sin que Juan Gabriel supiera de su enfermedad ni de su partida hasta meses después.
La carta que ella le había dejado no fue entregada a tiempo y permaneció olvidada en la disquera, hasta que finalmente llegó a sus manos cuatro meses después.
Juan Gabriel, devastado por la noticia y la carta, visitó Parácuaro y la tumba de Laura, llorando por el amor que nunca pudo mostrar ni honrar como ella merecía.

La historia de Laura Salas y Juan Gabriel es una historia de amor marcada por el miedo, la fama y las circunstancias sociales que impidieron que dos personas vivieran su amor plenamente.
Laura fue el amor secreto, la mujer que existió solo en las sombras, mientras Juan Gabriel brillaba en los escenarios del mundo.
Aunque fue un amor real y profundo, quedó enterrado en el silencio y el olvido hasta que años después se dio a conocer gracias a testimonios, documentos y la valentía de quienes quisieron contarla.
Juan Gabriel continuó su carrera y su legado musical, pero la sombra de Laura siempre estuvo presente en su vida y en su música, especialmente en canciones como “Amor Eterno”, que ahora se entienden con una nueva profundidad.
La historia de Laura Salas nos recuerda que detrás de las luces y la fama, existen vidas y amores que muchas veces quedan invisibles, pero que merecen ser reconocidos y respetados.