En 1977, un momento histórico se grabó en la memoria colectiva cuando Janelle Commissiong se convirtió en la primera mujer negra en ganar el certamen de Miss Universo.
Esta victoria no solo fue un triunfo personal, sino que también marcó un hito en la representación de la belleza en el mundo, desafiando los estándares tradicionales que habían dominado durante décadas.
Hoy, a sus 72 años, Janelle sigue siendo un ícono de belleza y empoderamiento, y su historia es un testimonio de resiliencia y cambio.
Janelle Commissiong nació en Trinidad y Tobago, donde desde pequeña mostró interés por la moda.
A los 13 años, sus padres decidieron mudarse a Estados Unidos para brindarle mejores oportunidades educativas.
En este nuevo entorno, Janelle se enamoró del mundo de la moda y, tras graduarse de la secundaria, se inscribió en el Fashion Institute of Technology en Nueva York.
Sin embargo, su camino hacia el estrellato no fue inmediato.
Después de completar sus estudios, Janelle regresó a Trinidad con la esperanza de establecerse como diseñadora de moda.
Fue en este contexto que decidió participar en un certamen local, sin expectativas de ganar.
Sorprendentemente, se alzó con el título de Miss Trinidad y Tobago, lo que la llevó a competir en Miss Universo.
En ese momento, Janelle nunca imaginó que su vida cambiaría para siempre.
La noche de la final de Miss Universo en 1977 fue un evento que alteró el panorama de los concursos de belleza.
Janelle, con su impresionante vestido dorado, se presentó ante el mundo y, a pesar de sus dudas, fue coronada como Miss Universo.
Este triunfo fue un momento de gran significado, no solo para ella, sino para muchas mujeres de color que se sintieron representadas por su victoria.
Sin embargo, el camino hacia el reconocimiento no fue fácil. Janelle enfrentó el racismo y la discriminación en un mundo donde las ganadoras de concursos de belleza eran predominantemente blancas.
En una entrevista, recordó cómo ella y otras concursantes negras sentían que estaban allí solo para “llenar los números”.
A pesar de esto, su inteligencia y respuestas reflexivas durante las entrevistas la hicieron destacar.
Janelle se centró en causas como los derechos de las personas negras y la paz mundial, lo que resonó profundamente con el público.
La victoria de Janelle Commissiong en Miss Universo no solo fue un triunfo personal, sino que también provocó un cambio significativo en la industria de la belleza.
Su éxito abrió las puertas para que mujeres de diversas etnias y apariencias fueran vistas y celebradas.
Las revistas comenzaron a mostrar a mujeres de diferentes nacionalidades y características, desafiando los estándares de belleza eurocéntricos que habían prevalecido durante tanto tiempo.
Janelle se convirtió en un símbolo de empoderamiento para las mujeres de ascendencia africana.
Su triunfo inspiró a muchas a seguir sus sueños y a luchar por la igualdad en todos los ámbitos de la vida.
A través de su trabajo en eventos benéficos, Janelle utilizó su plataforma para abogar por los derechos de las mujeres y la comunidad negra, convirtiéndose en una voz influyente en su país y más allá.
Después de su reinado como Miss Universo, Janelle decidió no seguir una carrera en Hollywood, a pesar de recibir un contrato con Paramount Pictures.
En cambio, eligió el premio en efectivo y volvió a Trinidad para dedicarse a la moda y contribuir a su comunidad.
Su decisión de regresar a su país natal refleja su deseo de utilizar su influencia para hacer un cambio positivo.
En Trinidad, Janelle se convirtió en un ícono nacional.
Recibió numerosos honores, incluyendo la Cruz de la Trinidad en 1977, y su imagen fue utilizada en estampillas postales.
Además, su legado se consolidó cuando una calle principal en Puerto España fue renombrada en su honor, un reconocimiento a su impacto en la sociedad trinitense.
La vida de Janelle no estuvo exenta de desafíos. En 1989, su esposo, Brian Bowen, falleció trágicamente en un accidente automovilístico, lo que la obligó a asumir el control de su empresa de construcción de embarcaciones, Bowen Marine.
A pesar de enfrentar un entorno predominantemente masculino y hostil, Janelle demostró su valía y rompió estereotipos, convirtiéndose en una empresaria exitosa.
Más tarde, Janelle se casó con Alwin Chow, un empresario y magnate de los medios.
Juntos adoptaron a una niña llamada Sasha, y Janelle continuó utilizando su influencia para abogar por los derechos de las mujeres.
A pesar de las dificultades personales, Janelle ha mantenido una actitud positiva y sigue siendo un modelo a seguir para muchas.
Hoy en día, Janelle Commissiong sigue siendo una figura admirada en Trinidad y Tobago y en el mundo.
A sus 72 años, continúa abogando por la igualdad y la diversidad en la industria de la belleza.
Aunque no sigue un régimen estricto de belleza, su belleza interior sigue brillando, y muchos la consideran tan hermosa como cuando ganó el título de Miss Universo.
Su historia es un recordatorio de que la belleza no se limita a un estándar físico, sino que también incluye la fuerza, la inteligencia y la capacidad de inspirar a otros.
Janelle ha demostrado que las mujeres pueden desempeñarse en el mundo empresarial en igualdad de condiciones con los hombres, y su legado perdura en las nuevas generaciones que buscan romper barreras.
La victoria de Janelle Commissiong en Miss Universo fue un momento decisivo que cambió la narrativa sobre la belleza y la representación en el mundo.
Su vida y su carrera son un testimonio de la resiliencia y el empoderamiento, y su influencia continúa resonando hoy en día.
A través de su trabajo y su ejemplo, Janelle ha dejado una huella imborrable en la historia, inspirando a mujeres de todas las edades a abrazar su autenticidad y a luchar por sus sueños.
La historia de Janelle es un llamado a la acción para que todos sigamos trabajando hacia un mundo más inclusivo y equitativo, donde la belleza se celebre en todas sus formas y donde cada persona tenga la oportunidad de brillar.
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