Aldo Monges, conocido como el trovador romántico de América, fue una voz que marcó a generaciones con sus canciones llenas de amor, nostalgia y melancolía.

Su música hizo enamorar, llorar y soñar a millones de personas, especialmente en Argentina y México, donde su legado permanece vivo.
Sin embargo, detrás de esa voz dulce y esas melodías eternas, se escondía una vida llena de sacrificios, luchas silenciosas y un final triste que conmocionó al mundo de la música.
Aldo Amado Monges nació el 17 de enero de 1942 en Córdoba, Argentina.
Desde muy pequeño mostró un talento excepcional para la música.
A los cinco años ya cantaba en reuniones familiares y actos escolares, cautivando con su sensibilidad y voz privilegiada.
A los doce años comenzó a componer sus propias canciones, revelando no solo un gran intérprete sino también un compositor con alma y pasión.
Su carrera tomó un giro decisivo cuando el legendario folclorista Horacio Guaraní lo animó a confiar en su voz y a interpretar sus propias composiciones.
Este consejo fue crucial para que Aldo Monges lanzara en 1971 su álbum debut, *Olvídame muchacha*, cuyo tema principal se convirtió en un himno romántico que lo catapultó a la fama.
Durante la década de los setenta, Aldo Monges se consolidó como una de las voces más reconocibles del folklore y la música melódica argentina.
Canciones como *Canción para una mentira*, *Brindo por tu cumpleaños* y *¿Qué voy a hacer con este amor?* se convirtieron en clásicos que trascendieron generaciones, siendo parte de la banda sonora de la vida cotidiana de muchas personas.

Su música no solo triunfó en Argentina, sino que también cruzó fronteras.
Aldo realizó extensas giras por México y Estados Unidos, donde fue especialmente querido.
En México, forjó una estrecha amistad con el legendario compositor Cuco Sánchez, con quien colaboró musicalmente, fusionando la sensibilidad argentina con la tradición ranchera mexicana.
Además de la música, Aldo incursionó en el cine, participando en películas románticas que reforzaron su imagen como el trovador romántico, llevando su arte a un público aún más amplio.
A pesar de su éxito, la vida de Aldo Monges estuvo marcada por desafíos personales y de salud.
En 2022 sufrió una grave hemorragia cerebral que afectó profundamente su calidad de vida.
Su esposa Zulma fue su principal sostén y cuidadora durante esos años difíciles, acompañándolo con amor y dedicación hasta el final.
La noticia de su fallecimiento el 19 de julio de 2025, a los 83 años, fue confirmada por Zulma, quien compartió el dolor y el cansancio que acompañaron la larga lucha de Aldo contra la enfermedad.
Su partida dejó un vacío profundo en la música argentina y latinoamericana, y su legado fue honrado con un velatorio en Buenos Aires y su posterior descanso en el panteón de autores y compositores del cementerio de la Chacarita, un lugar reservado para las grandes figuras de la cultura argentina.
A lo largo de su carrera, Aldo Monges grabó más de 30 álbumes, consolidando su reputación como un artista sensible y romántico.
Su música, cargada de emociones genuinas, conectó con el público de manera profunda, convirtiéndose en un símbolo del folklore romántico argentino.
Sus canciones siguen siendo escuchadas y cantadas, transmitidas de generación en generación, reflejando historias de amor, desamor, nostalgia y esperanza.
La influencia de Aldo se mantiene viva no solo en la música, sino también en la cultura popular y en el corazón de quienes crecieron con su voz.
Aldo Monges siempre fue reservado con su vida privada, prefiriendo que su música hablara por él.
Su esposa Zulma fue una figura clave en su vida, especialmente en sus últimos años, cuando asumió la responsabilidad de cuidar de su salud y proteger su privacidad.
Durante su retiro, Aldo se dedicó a actividades tranquilas como la lectura, la escritura y pasar tiempo con su familia.
Encontró en la sencillez y la reflexión un refugio, alejándose del bullicio del escenario para vivir con dignidad y serenidad.

La historia de Aldo Monges es la de un hombre que entregó su vida a la música, dejando un legado que trasciende el tiempo y las fronteras.
Su voz y sus canciones siguen siendo un refugio para quienes buscan consuelo y belleza en la música romántica y folklórica.
Aunque su vida terminó con una larga batalla contra la enfermedad, el espíritu de Aldo Monges permanece vivo en cada nota que cantó y en cada corazón que tocó.
Su historia nos recuerda el poder eterno de la música para conectar, sanar y perdurar.