Basilio Antonio Fergus Alexander, conocido simplemente como Basilio, fue una voz inolvidable que una vez dominó los escenarios más importantes de España y América Latina.

Nacido en Panamá en 1947, su carrera musical lo llevó a grabar en Londres, ser aclamado en Madrid y convertirse en un ícono de la balada romántica.
Sin embargo, a pesar de su talento excepcional y éxitos memorables como “Cisne Cuello Negro” y “Tanto, Tanto Amor”, su historia terminó en un silencio casi absoluto, marcado por la soledad, el rechazo y un trágico final que pocos recuerdan.
Basilio creció en la ciudad de Panamá, un país dividido por un canal y lleno de contradicciones sociales, donde ser afropanameño implicaba enfrentar barreras invisibles.
La tragedia tocó su vida muy temprano: perdió a ambos padres siendo aún joven, quedando huérfano y solo.
Con una sensibilidad única, tuvo que madurar rápidamente y su objetivo inicial no fue la música, sino simplemente sobrevivir.
Su búsqueda de un futuro mejor lo llevó a Europa, primero a Francia, donde estudió medicina en Montpellier, y luego a Madrid, España.
Fue en la capital española donde se sumergió en la vibrante escena artística y musical, rodeado de poetas y bohemios, y donde comenzó a descubrir su voz única.
A pesar de su formación médica y dominio de varios idiomas, su pasión por la música fue creciendo hasta convertirse en su verdadera vocación.
En 1969, Basilio grabó su primer sencillo en Londres, “No Digas Adiós, el Primer Amor”.
Aunque no fue un éxito inmediato, abrió puertas en la industria musical española.
En 1970 ganó un concurso de canción televisiva en España, pero fue apartado silenciosamente para no representar al país en Eurovisión, en favor de Julio Iglesias.
Esta decisión, influenciada por prejuicios raciales y políticos, marcó un momento crucial en su carrera.

A pesar de este rechazo, Basilio continuó trabajando con dedicación.
En 1971 ganó otro concurso televisivo con “Tierras Lejanas”, una canción que reflejaba su sentimiento de exilio y pertenencia dividida.
En 1972 representó a Panamá en el primer Festival OTI con “Oh, Señor”, logrando un emotivo segundo lugar y ganándose el respeto del público.
Su éxito más grande llegó con “Ve con Él”, una balada que se convirtió en su sello personal, destacada por la sinceridad y emoción con la que la interpretaba.
Basilio no buscaba la fama por sí misma, sino expresar sentimientos universales de amor y desamor, creando canciones que parecían vivir fuera del tiempo.
Detrás del escenario, Basilio enfrentó tormentas personales.
Su vida amorosa estuvo marcada por relaciones complicadas y desequilibrios emocionales.
Una de sus primeras relaciones fue con Diana María, una cantante argentina, cuya madre tenía un fuerte control sobre las finanzas y la vida de Basilio, quien terminó explotado emocional y económicamente.
Posteriormente se casó con Jennifer, una mujer canadiense con una personalidad dominante, lo que generó tensiones en su hogar y afectó su entorno profesional.
A lo largo de su vida tuvo varias relaciones y fue padre de cuatro hijos, pero nunca logró estabilidad emocional ni paz en su vida sentimental.

Aunque Basilio era reconocido por su talento y elegancia, su presencia en la industria musical española estuvo marcada por un racismo implícito.
Era descrito como “el elegante cantante de color” o “el príncipe panameño”, términos que resaltaban más su apariencia que su arte.
Su imagen fue mercantilizada, y aunque atraía público por su exotismo, también fue marginado socialmente.
Musicalmente, Basilio se mantuvo fiel a la balada romántica clásica, evitando modas pasajeras y fórmulas comerciales.
Esta integridad artística lo hizo menos viable en un mercado que comenzaba a favorecer sonidos más modernos y espectaculares, lo que llevó a una disminución gradual de sus contratos y apariciones.
A finales de los años 70, Basilio comenzó a desaparecer de los grandes escenarios.
La saturación de su presencia, la falta de nuevos éxitos y su negativa a adaptarse a las nuevas tendencias musicales redujeron su popularidad.
Además, su discreción y rechazo a la prensa del corazón fueron interpretados erróneamente como frialdad.
En los años 80, Basilio se alejó del foco mediático en España y regresó a América Latina, donde su música seguía siendo apreciada.
Sin embargo, sus presentaciones fueron menos frecuentes y más íntimas, y su carrera tomó un rumbo más introspectivo y espiritual.
En sus últimos años, Basilio abrazó profundamente el cristianismo, componiendo e interpretando canciones religiosas que expresaban su búsqueda de paz y redención.
Cantaba en iglesias y grupos de oración, alejándose de la industria comercial.
En 2008, durante una gira en Colombia, sufrió un derrame cerebral masivo que afectó gravemente su movilidad y salud.
Aunque sobrevivió, nunca recuperó completamente su fuerza ni su voz.
Enfrentó problemas renales e infecciones que deterioraron su estado físico.
El 11 de octubre de 2009, Basilio falleció en Miami a causa de una bronconeumonía, agravada por su delicado estado de salud.
Su muerte pasó casi desapercibida en los medios, sin grandes homenajes ni funerales públicos, cumpliendo su deseo de un adiós sencillo y privado.
Dejó cuatro hijos y un legado musical que sigue vivo en viejos discos y en el corazón de quienes alguna vez disfrutaron de sus baladas.
Su historia es la de un artista que brilló con luz propia, pero que fue olvidado por la industria y el público, víctima del tiempo y de prejuicios invisibles.

Basilio fue un cantante que cantó con el corazón, con elegancia y honestidad.
Su voz y sus canciones siguen siendo un testimonio de amor, lucha y dignidad.
Aunque su final fue silencioso y triste, su música permanece como un eco eterno para quienes valoran el arte auténtico y la emoción verdadera.