Julio Ernesto Estrada Rincón, más conocido como Fruko, es una de las figuras más emblemáticas de la salsa colombiana.
Su nombre está ligado a la creación y consolidación de un sonido propio que puso a Colombia en el mapa mundial de este género musical.
Sin embargo, detrás del éxito y la fama, la vida de Fruko estuvo marcada por conflictos personales y profesionales, luchas con las adicciones y decisiones difíciles que dejaron huellas profundas en su trayectoria y en su vida familiar.
Este artículo explora la historia humana detrás del ícono musical, revelando los episodios menos conocidos que moldearon su carácter y su carrera.
Desde sus inicios, Fruko tuvo que enfrentar desafíos que marcaron su manera de manejar la música y las relaciones profesionales.
Uno de los primeros conflictos serios ocurrió con Edulfami Tías, conocido como Piper Pimienta, vocalista que interpretó el primer gran éxito de “Fruko y sus Tesos”, la canción “A la memoria del muerto”.
Este tema se convirtió rápidamente en un fenómeno nacional, catapultando a la orquesta a la fama y consolidándola como una referencia inmediata dentro de la salsa colombiana.
Sin embargo, el éxito también trajo problemas.
Piper Pimienta comenzó a aceptar presentaciones fuera del país, especialmente en Ecuador, usando el nombre y la marca de “Fruko y sus Tesos” sin autorización, lo que generó un quiebre definitivo entre ambos.
Fruko defendió con firmeza el control sobre su proyecto, entendiendo que el talento no da derecho a apropiarse indebidamente del trabajo colectivo.
Este episodio fue una lección que marcaría su carrera: la importancia del control sobre el nombre, las presentaciones y los contratos para evitar malos manejos y usurpaciones.

En una época conservadora, Fruko también se atrevió a desafiar los códigos morales vigentes.
Una de las decisiones más polémicas fue posar casi desnudo para la portada del álbum “Fruko el Bueno”.
La imagen, que mostraba su cuerpo cubierto únicamente por una botella de bebida alcohólica, causó escándalo y rechazo en algunos sectores, pero también admiración y sorpresa en otros.
Fruko defendió esta elección como una expresión artística y una forma de demostrar que la música tropical podía romper esquemas visuales.
Años después, esta portada sería recordada como uno de los primeros desnudos masculinos en la música colombiana, abriendo camino para que otros artistas jugaran con su imagen y desafiaran las normas sociales.
Uno de los golpes más duros en la vida de Fruko fue el conflicto con su propio hijo, Julio Ernesto Estrada López, quien durante varios años fue su representante, manager y asesor legal.
Aunque compartían nombre y esto facilitaba las gestiones, también abrió la puerta a problemas graves relacionados con contratos, regalías y uso indebido de la identidad de Fruko.
La relación se fue deteriorando con el tiempo hasta que Fruko decidió cortar la relación profesional, pero el daño económico y emocional ya estaba hecho.
En entrevistas, Fruko ha expresado que, aunque como padre no desea el mal a su hijo, esta traición fue uno de los golpes más dolorosos de su vida.
Desde entonces, separó estrictamente la familia de los negocios y redujo el acceso de terceros a sus asuntos personales y profesionales, aprendiendo a no otorgar confianza automáticamente.
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El éxito de Fruko y sus Tesos llegó rápido y con él, un ambiente de fama, dinero y excesos que se reflejaba en el llamado “Palacio de los Tesos”, un apartamento en Medellín donde los músicos jóvenes se reunían para ensayar, grabar y celebrar.
Sin embargo, este lugar también fue escenario de fiestas interminables, consumo desmedido de alcohol y sustancias, y decisiones que más tarde pasarían factura.
Fruko reconoció que durante esa etapa bebía con frecuencia y que bajo los efectos del alcohol se metía en peleas innecesarias, incluso con consecuencias graves.
Un episodio violento, que según rumores pudo haber terminado en la muerte de una persona, marcó un antes y un después en su vida.
Fue entonces cuando decidió dejar la bebida por completo, un compromiso que ha mantenido por más de cuatro décadas.
Para reorganizar su vida y controlar sus impulsos, Fruko se acercó a la cienciología, una doctrina que practicó activamente durante años, no solo para su beneficio personal sino también ayudando a otros músicos con problemas similares.
Con el tiempo, integró lo aprendido con su formación católica, buscando un equilibrio espiritual que le permitiera mantenerse enfocado y saludable.
Mientras tanto, muchos de sus contemporáneos no lograron superar los excesos y enfrentaron graves problemas de salud y adicciones, algunos muriendo jóvenes.
Fruko observó estas tragedias desde una posición distinta, la de alguien que supo parar a tiempo y cambiar su estilo de vida.

El golpe definitivo para Fruko fue un infarto provocado por el exceso de trabajo, mala alimentación y falta de descanso.
Durante el traslado al hospital, sintió que iba a morir, una experiencia límite que lo llevó a replantear su vida.
Cumplió la promesa de cambiar sus hábitos, reduciendo el ritmo frenético de trabajo, cuidando su alimentación y adoptando prácticas de disciplina mental y física.
Este cambio le permitió estabilizar su salud y continuar su carrera sin volver a caer en los excesos del pasado, demostrando que la resiliencia y la voluntad pueden transformar incluso las situaciones más difíciles.
Para entender el carácter estricto y obsesivo con el control de Fruko, es necesario remontarse a su infancia en el barrio Naranjal de Medellín.
La separación de sus padres cuando era adolescente y la figura fuerte de su madre trabajadora fueron determinantes en su formación.
Desde pequeño mostró un temperamento fuerte, enfrentando maltratos en el colegio con peleas y sanciones, lo que llevó a que fuera expulsado.
Su contacto temprano con la música no fue romántico sino más bien una convivencia forzada, influenciada por la tradición familiar y el entorno en el que creció.
Desde niño trabajó en estudios de grabación, aprendiendo de manera autodidacta los secretos técnicos y musicales que más tarde aplicaría en su carrera.

Fruko no solo fue un músico, sino un arquitecto de la salsa colombiana.
Con su orquesta “Fruko y sus Tesos” y otros proyectos paralelos, logró crear un sonido propio que rompió con la imitación y estableció una identidad clara para la salsa en Colombia.
Descubrió y potenció talentos como Joe Arroyo, consolidando un equipo disciplinado y técnicamente sólido.
Su orquesta fue la primera colombiana en presentarse en el Madison Square Garden de Nueva York, un hito histórico que confirmó la calidad y el nivel de la salsa colombiana en el escenario internacional.
La historia de Fruko es la de un hombre que, a pesar de los conflictos, las traiciones y las adicciones, supo reinventarse y dejar un legado imborrable en la música tropical.
Su vida refleja la complejidad de ser un artista popular que debe equilibrar el talento con la disciplina, la fama con la humildad, y el éxito con la responsabilidad personal.
Hoy, Fruko sigue activo, manteniendo viva la salsa colombiana y recordándonos que detrás de cada leyenda hay una historia humana llena de luchas y aprendizajes.