Las últimas 48 horas en la vida de Yeison Jiménez, uno de los artistas más destacados de la música popular colombiana, se convirtieron en un relato lleno de presagios, decisiones inesperadas y eventos que marcaron un destino irreversible.

Más allá de los informes técnicos y las noticias oficiales, esta cronología prohibida nos sumerge en los detalles que los medios tradicionales pasaron por alto, revelando la complejidad detrás de la tragedia que terminó con su vida.
Todo comenzó el jueves 8 de enero de 2026, cuando Yeison Jiménez parecía estar en la cima de su carrera y vida personal.
Dividía su tiempo entre sus múltiples empresas y su familia, disfrutando de la rutina calculada que había construido con esfuerzo.
Sin embargo, esa mañana mostró señales de una jornada distinta: un cambio repentino en la planificación y una tensión creciente dentro de su equipo.
Aquel día, aunque todo parecía normal, ya se tejían los hilos invisibles del destino.
El viernes 9 de enero, la atmósfera empezó a cambiar.
Yeison canceló una reunión importante y centró toda su atención en el viaje que debía realizar.
Un cambio atípico en la base de operaciones llevó a que el vuelo se realizara desde el aeropuerto Juan José Rondón en Paipa, un lugar con condiciones técnicas complejas por su altitud y relieve montañoso.
Esta decisión, junto con la presión de cumplir una agenda estricta, marcó el inicio de una cuenta regresiva frenética.
Además, un miembro veterano del equipo fue asignado para viajar por tierra con parte del equipo técnico, un movimiento que parecía un simple ajuste logístico, pero que terminó siendo un punto crucial en la tragedia.
Yeison mostró un semblante distante y reflexivo, como si estuviera consciente de una amenaza invisible.

En la madrugada del sábado 10 de enero, Yeison envió mensajes cargados de reflexión sobre la vida y la brevedad del tiempo, que hoy se interpretan como una despedida velada.
Pasó horas despierto, revisando recuerdos y pensando en su familia, mostrando un lado humano y vulnerable que pocos conocían.
Esa última noche de sueño tranquila fue el preludio de una jornada llena de urgencia y tensión.
El sábado amaneció con un ambiente cargado de presión.
Yeison, conocido por su carisma y energía, estaba más callado y concentrado en los preparativos para su show en Marinilla.
La operación logística funcionaba al límite, y las condiciones climáticas en Paipa eran inestables, con vientos que complicaban el despegue.
Durante el trayecto hacia el aeropuerto, Yeison tuvo momentos de interacción con su equipo y fans, mostrando generosidad y cercanía, pero también una prisa silenciosa que contrastaba con la calma aparente.
En el aeropuerto, se detectaron irregularidades técnicas en el motor derecho de la avioneta Piper Navajo, señales que habrían requerido una inspección profunda, pero que fueron ignoradas por la urgencia de cumplir compromisos.
A las 13:12, Yeison abordó la aeronave.
La tensión era palpable, y la aeronave operaba al límite de su capacidad para la altitud de Paipa.
El motor derecho mostró vacilaciones y se apagó pocos minutos después del despegue, provocando un accidente fatal sin tiempo para pedir auxilio.
La radio permaneció muda, y la caída total de energía en la cabina sugiere una falla sistémica que no fue explicada en los informes oficiales.

Tras la tragedia, surgieron tres contradicciones que cuestionan la versión oficial: el peso real de la aeronave superaba lo declarado, la falta de comunicación de emergencia y la fatiga prematura de una pieza crítica del sistema de combustible.
Estas inconsistencias apuntan a posibles negligencias técnicas y presiones externas que pusieron en riesgo la vida de Yeison.
La muerte de Yeison Jiménez dejó un vacío profundo en la música popular colombiana y abrió un debate sobre las circunstancias que rodearon su fallecimiento.
Su historia es un llamado a la reflexión sobre la importancia de la seguridad, la transparencia y la responsabilidad en todos los ámbitos.
Mientras sus seguidores lloran la pérdida de un ídolo, la verdad detrás de esas últimas 48 horas sigue esperando ser revelada, y la memoria de Yeison se mantiene viva en cada nota y en cada corazón que lo admiró.