Libertad Lamarque: De la Cachetada a Evita a su “INFIERNO” Matrimonial.

Libertad Lamarque, conocida como la “Novia de América” y reina del tango, es una de las figuras más emblemáticas del cine y la música latinoamericana.

Libertad Lamarque - vaya al teatro
Sin embargo, detrás del brillo y la fama, su vida estuvo marcada por un sufrimiento profundo y prolongado, un infierno personal que comenzó mucho antes del episodio famoso con Eva Duarte (Evita) y que moldeó su destino para siempre.

 

Nacida en Rosario en 1908, Libertad Lamarque creció en un ambiente familiar complicado, con un padre militante anarquista y una madre que aprendió a resistir en medio de la precariedad.

Desde joven, Libertad mostró una disciplina férrea y un talento innato para el canto, especialmente para el tango, género que interpretaba con una voz limpia y digna, sin dramatismos exagerados.

 

Al llegar a Buenos Aires siendo adolescente, Libertad no contaba con padrinos ni contactos, pero su voz la llevó a la radio y luego al teatro, donde comenzó a construir su leyenda.

En 1933 protagonizó “Tango”, la primera película sonora del cine argentino, que la catapultó a la fama nacional e internacional.

 

En 1926, a los 17 años, Libertad se casó con Emilio Romero, un hombre mayor que pronto se vio amenazado por el éxito de su esposa.

Lo que para el público era una estrella en ascenso, para Emilio era motivo de celos y control.

El matrimonio se convirtió en un espacio de violencia silenciosa, donde el alcohol y el juego de Romero agravaban la situación.

 

Libertad vivía una doble vida: mientras brillaba en el escenario y conquistaba corazones en América Latina, en casa soportaba un ambiente de vigilancia, reproches y miedo.

Su sonrisa se convirtió en un trabajo constante para mantener la imagen impecable que la industria y el público esperaban de ella.

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El punto más oscuro llegó en 1935, en Santiago de Chile, cuando Libertad, agotada por años de violencia doméstica y presión, intentó quitarse la vida lanzándose desde la ventana de un hotel.

La caída fue detenida por un toldo que le salvó la vida, pero ese acto desesperado fue silenciado en los medios y reducido a una “crisis nerviosa”.

La verdad era mucho más dura: su infierno no era político ni público, sino íntimo y doméstico.

 

Tras separarse de Emilio Romero, Libertad enfrentó una nueva forma de violencia: el secuestro de su hija Libertad Romina, quien fue llevada a Uruguay por su padre sin consentimiento.

Este episodio fue un golpe devastador que la obligó a actuar con determinación y valentía para recuperar a su hija, enfrentando sistemas legales y sociales que no la protegían.

 

Desde entonces, la vida de Libertad fue una huida constante, no solo de un marido violento, sino de un país y un sistema que no le ofrecían refugio ni justicia.

Su fama no le protegía en lo personal, y sus decisiones estuvieron marcadas por el miedo y la necesidad de supervivencia.

 

En 1945, Libertad Lamarque se encontró con Eva Duarte en el set de filmación de “La cabalgata del circo”.

La tensión entre ambas mujeres, con trayectorias y ambiciones opuestas, derivó en un episodio que la historia oficial simplificó como una “cachetada”.

Sin embargo, Libertad negó haber golpeado a Eva; lo que sí existió fue un desprecio y una distancia que marcaron el inicio de su exclusión del mundo artístico en la Argentina peronista.

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El silencio impuesto fue una forma de castigo aún más cruel que la expulsión oficial.

Libertad fue desplazada lentamente, sus contratos se enfriaron y su carrera en Argentina se volvió inviable.

Ante esta realidad, tomó la difícil decisión de exiliarse en México, donde pudo reconstruir su carrera y ser reconocida como la “Novia de América”.

 

El exilio no fue solo un cambio de país, sino una nueva forma de huida.

Libertad y su hija Mirta vivieron siempre en movimiento, sin un hogar fijo, con un vínculo intenso marcado por el miedo a la pérdida.

Mirta creció bajo la sombra del apellido y el trauma compartido, intentando construir su propia identidad en un contexto difícil.

 

Libertad se volvió una mujer dura y controladora, no por capricho sino por supervivencia.

Su segundo matrimonio fue estable, pero siempre estuvo marcado por la desconfianza y el miedo a repetir el pasado.

Madre e hija formaron un sistema cerrado, una alianza de protección mutua que también fue una carga emocional.

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Hasta sus últimos años, Libertad Lamarque siguió trabajando con disciplina y pasión.

Murió en 2000 en Ciudad de México a los 92 años, lejos de su tierra natal, sin grandes homenajes ni despedidas públicas, cumpliendo su deseo de ser cremada y que sus cenizas fueran esparcidas en el mar frente a su casa en Miami, símbolo final de su libertad.

 

La historia de Libertad Lamarque va más allá de la fama y los mitos.

Es la historia de una mujer que sobrevivió a la violencia doméstica en una época que no hablaba de ello, que enfrentó la pérdida y el secuestro de su hija, que desafió el poder político y el sistema cultural que la silenció.

 

Su vida es un testimonio de que la supervivencia puede ser el acto de valentía más grande, y que detrás de cada estrella hay heridas invisibles que siguen hablando en silencio.

Libertad Lamarque no solo dejó un legado artístico imborrable, sino también una enseñanza humana profunda sobre la resistencia, el coraje y la lucha por la dignidad.

 

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